El viaje estaba siendo escalofriantemente largo, habíamos perdido altura en un par de ocasiones y máscaras de oxígeno cayeron desde el techo. Eso sin contar las innumerables turbulencias que hacían que mi menudo cuerpo, aun protegido con el cinturón de seguridad, se moviera cual hoja de papel frente a una leve ventisca. Esa definitivamente no fue una buena experiencia para mí, aunque todavía estaba ilusionada con que la situación mejorara pronto. Sin embargo, esta nueva etapa de mi vida recién comenzaba.
Llevaba apenas algo de maquillaje y en el espejo del avión me encontré bastante demacrada. Con solo sonreír ojeras amoratadas se asomaron debajo de mis ojos saludando a mi reflejo. Respire profundo. Deseaba llegar ya, darme un buen baño y dormir. Era todo lo que necesitaba. Por suerte llegamos en algún momento, específicamente a eso de las tres de la tarde cuando deberíamos haber llegado un poco mas de cuarenta y cinco minutos antes. Pense que seguramente Ashton estaria preocupado por lo que rápidamente me baje y volví a encontrarme con ese lujoso aeropuerto. Estaba lleno de locales comerciales, perfumerías y cafés en su mayoría. Dentro el clima era ideal, tibio. Poca gente rondaba por allí a esas horas, por lo que me trasporte con mi valija de mano sin ningún problema.
Al estar allí la nostalgia volvió a atacarme, al escuchar el suave sonido de las ruedas de la valija resbalar sobre el suelo. Moviéndose al mismo ritmo que yo. Continúe caminando. Mis ojos anhelaban ver a Candice entre la multitud, esperándome. Saludándome con su sincera sonrisa y guiándome hacia la salida. Entendi que eso no iba a suceder y mi corazón crujio muy dentro mio, emitiendo un sonido que solamente yo fui capaz de escuchar. Entre suspiros recordé que para encontrarme con Ash debía tomar dos trenes dentro del aeropuerto. Así que llegué a la parada y me dispuse a esperar, mientras me embebía del espíritu neoyorkino. Para el día de muertos faltaba casi un mes pero el ambiente estaba escalofriantemente bien decorado.
Pronto los días fríos llegarían y el clima empezaría a estar perfecto para tener largas charlas frente a la fogata. Por lo que deseaba llegar con mi chico pronto, que me tome entre sus cálidos brazos y quedarnos abrazados combatiendo juntos el invierno. Chocolate caliente con malvaviscos y barbacoas en el salón. Esperaba febril la llegada de ese momento.
Tan profundo fue mi momento de fantasía que cuando menos me di cuenta había dejado pasar el primer transporte y debía esperar al siguiente. Eso me descontento un poco y sentí la ansiedad haciendo mella dentro de mi, estaba perdiendo tiempo pero ya nada podía hacer. Solo suspirar y revisar notificaciones pendientes por los próximos diez a quince minutos. En eso un mensaje me llego avisándose de su existencia a través de una leve vibración. Casi nadie se comunicaba conmigo por ese medio por lo me dio curiosidad conocer el destinario. Era un número desconocido, más, se me imposibilito léelo porque el tren llego.
Entre, encontré un asiento cerca de la puerta y me senté. Este era automático así que después de un aviso de "puertas cerrándose" comenzó su recorrido por un túnel negro, que parecía ser infinito. Llevaba el celular dentro del bolso cuyas manijas estaban apoyadas alrededor de mis hombros. Logre sacarlo de allí cuando el segundo medio de transporte estaba llegando a la estación. Lo desbloque con la intención de ver de quien era la notificación, pero escuche una voz tras de mi llamándome mientras agitaba eufóricamente sus brazos. Era Ashton y se lo veía efusivo.
Un impulso me llevo a correr hacia él. Lo abrace con fuerza y el me hizo girar en el aire por unos segundos. Sentí un vacío en el estómago y pronto me dejo de nuevo en el suelo. Él se veía realmente apuesto. Conservaba el aspecto rozagante de un joven, aunque cumpliría treinta en un par de años. Tenía una barba ligera y sus ojos brillaban más que nunca. Vestía un suéter rojo y un pantalón negro que resaltaba su figura. Y yo estaba perdidamente enamorada de él.
Me beso, de manera dulce pero segura y fue allí cuando pude encontrarme completa después de mucho tiempo. Lo mire directamente a sus profundos ojos y le comunique con solo una mirada todo lo que tenía para decirle. Habíamos adquirido con los años la capacidad de hablar sin necesidad de utilizar palabras. Y aunque no nos veíamos desde hace tiempo esa habilidad aún se conservaba intacta.
Lo primero que hizo fue preguntarme cómo estaba, qué tal me había ido en el vuelo y como había encontrado la ciudad después de tanto tiempo. No obstante estaba demasiado feliz y mis respuestas eran cortas, quería empezar a recorrer.
Caminamos juntos hasta su auto y después de subirnos y acomodar la maleta en su lugar, partimos con destino hacia su departamento Este estaba más o menos a hora y media desde allí. El viaje seria largo pero confortable pues íbamos escuchando algunas canciones de Marron 5, la cual seguía siendo mi banda favorita después de todos estos años.
Todo en esa ciudad era hermoso, comenzando con mi acompañante por supuesto. Las copas de los árboles estaban desnudas, ya que sus hojas iban desprendiéndose poco a poco. Y la ruta era totalmente nuestra. Haberme decidido a venir había sido una idea genial. Aceptar el trabajo y verme obligada a dejar el pasado atrás para construir un presente acorde a mi situación actual. El miedo era un sentimiento que creía haber abandonado en Francia. No podía seguirme hasta aquí y eso me hacía sentir realmente bien.Sin embargo, cuando finalmente me decidí a enfrentarme ante la misiva, la sensación de confianza desapareció y mi corazón empezó a acelerarse. Era de un número desconocido y rezaba que era alguien desconocido que necesitaba hablar conmigo y se comunicaría pronto.
Intente no demostrar incomodidad, pero Ashton se dio cuenta que algo en mi gesto cambió. Aun así, decidió no preguntar nada y yo sinceramente agradecí ese gesto de su parte. El ambiente se tensó repentinamente, nadie hablaba y la música paso al primer plano. Quería dejar de sobrepensar, sin embargo, la catástrofe ya se había disparado alrededor de mi cerebro. Podia simplemente ser un posible paciente quien no se animaba directamente a pedirme un turno y lo hacia en partes, pero era la opción que mas me costaba creer. Sin duda temía que algo malo nos fuera a suceder. Debía evitarlo, ¡eso no podría suceder de nuevo!.
Llegariamos a su casa a las cinco de la tarde por lo que se ofrecio a acompañarme a almorzar algo antes de llegar a destino. Yo acepte tímidamente y apenas paramos en un restaurante de carretera me encontré bastante rígida contra la silla de nuestra mesa, mientras el me miraba tratando de comprender que era lo que realmente me sucedía. Yo evadía la mirada peor en cada silencio incomodo la sentía clavada sobre mi rostro.
Me atreví finalmente, después de un obligarme, a confesarle lo que estaba pasando tras tomarnos la orden. Le enseñe el mensaje que me estaba perturbando. Él se mostró calmado ante la noticia y luego demostró lo bien que me conocía. Con un par de palabras logro que a mi cuerpo volviera la calma. Intento de la mejor manera que pudo que entendiera que la opción más realista era la de una persona tímida que no se atrevía a consultarme una duda o pedirme un turno para la terapia.
Un rato despues termine por creerme eso y logre relajarme. Tal vez debería dejar de ser tan paranoica. Estar allí me ayudaría definitivamente a hacerlo. Aun así, esperaba que el lunes llegara pronto para que comenzara por fin el nuevo trabajo y pudiera dejar este extraño asunto de lado.
Iba a ser fuerte y eso no tenía derecho a desmoronarme. No iba a dejar que esto pudiera suceder.
.LadyTerca.
