Cap. 32: Solución requerida

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La primera noche de soltería lo encontró hecho trizas, había pasado casi todo el dia intentando negar su dolor estando con sus amigos y al salir la luna no encontró maneras de seguir escondiéndose y el dolor salió a la luz en forma de lagrimas saladas mientras se quejaba ser estar preso de una mala decisión que partió su corazón en dos.Su boca se ahogaba lentamente entre lamentos, lamentos que nunca pudo decir y promesas que ahora ya no valían nada. Sus ojos apenas veían cubiertos por tanta mentira, nada estaba bien para él.

Estaba en la ciudad de los sueños donde vivió gran parte de su vida y que le había dado grandes ilusiones en momentos del pasado. Ahora se sentía completamente infeliz y vacío, recriminándose una y otra vez aquellas palabras tan hirientes que lo pusieron en ese lugar. Se había comportado de manera infantil e impaciente, por ende, se merecía lo que estaba sucediéndole. Mas, claramente deseaba tener una máquina y poder volver el tiempo hacia atrás. Llegar justo a ese minuto antes de hablar y abofetearse en la cara, autoobligándose a repensar lo que en realidad quería decir.

Bajo la mirada hacia su teléfono con la ilusión de recibir un mensaje de esa persona, que, aunque le doliera profundamente, seguía siendo a quien más quería en el mundo. Casi por encima de el mismo. La realidad parecía una efímera ilusión frente a sus azules ojos, por lo que era incapaz de separar lo real de lo ficticio.

Cayó de nuevo dentro de la triste realidad cuando encontró su buzón vacante y ninguna notificación nueva que no fuera de los chicos de la oficina. Pensó en llamarla y confesarle que había cometido uno de los peores errores, que la quería de nuevo a su lado y que nunca más la dejaría sola. Pero le pareció injusto. Ya la había hecho sufrir antes y ahora que cada uno estaba por su cuenta tenía la oportunidad de dejarla libre para que ella pudiera conocer a alguien que pudiera darle lo que él nunca le pudo dar.

Anhelaba dejar de pensar pronto, arrancarse el corazón con las manos y poder dormir para siempre. Evitando así que algo pudiera seguir haciéndole daño. Era sábado por la noche y parecía incapaz de hacer otra cosa que no fuera pensar en su terrible realidad. Una parte de él sabía perfectamente que lo mejor era pasar más tiempo consigo mismo y conocer que era lo que realmente le justaba, en que era bueno. Alejarse de una vez por todas de su pasado y, quién sabe, quizá conocer una persona que lo llevara a conocer la otra parte del mundo.

Una ruptura no era el fin del mundo. Era una gran oportunidad para probar nuevas cosas, aprovechar la vida para viajar alrededor del mundo y recordar que estamos de paso en este mundo. Como si fuera a ayudarle, reconoció que su cuerpo alguna vez le fallaría, por lo que debía comenzar a disfrutar de las pequeñas cosas y ser agradecido. Aunque esto, lejos de causarle un buen efecto, lo deprimió todavía más. Su cabeza no conocía nada más que no fuera esa tristeza.

Con los ojos mojados pensó en que era completamente normal sentirse así porque eso significaba que estaba vivo y que había sido lo suficientemente valiente para querer con el alma. Lo apostó todo en el juego del amor y aunque siempre vista parecía que perdió, en verdad ganó experiencia que le serviría para el resto de su vida.

La cara de Ashton estaba hinchada y le dolía todo el cuerpo.Dejando atrás sus sentimientos, esbozó una gran sonrisa y cerró los ojos esperando que el fin de semana terminara para poder volver a trabajar, olvidándose de todo por un par de horas. Esperaba que un día pudiera volver a encontrarse bien, ahora le lastimaba el solo hecho de respirar. Estaba mal y lamentablemente era el único culpable de su estado de ánimo.

...

Sonreí sin pensarlo cuando aprecié el tacto de sus labios sobre mi frente, la luz escaseaba a nuestro alrededor, pero sus brazos abrazando mi pecho me transmitían demasiada calma. Seguíamos en la misma habitación donde había podido tocar el cielo con las manos un par de horas antes, apenas cubiertos por sábanas de blanco satín. Rememorando el calor del verano en cada uno de nuestros besos. Conociéndonos a través del tacto y ardiendo en el acto.

Los detalles prefiero guardármelos para mí, pero vale la pena reconocer que por más que mi corazón ya no quería sentir, ya que si fuera por él hubiera vuelto a las viejas estructuras a las que estaba ya acostumbrada, mi cuerpo estaba realmente satisfecho y feliz. Por ahora era todo lo que necesitaba, lo que esperaba era simplemente estar bien por momentos. Ya que por la situación que estaba viviendo, una felicidad completa era casi imposible de imaginar. Esta era la forma que tenía de navegar el dolor.

-Eres excelente en esto - le comenté rompiendo el silencio.

Él se rió y solo agradeció dándome un corto beso en los labios.

-¿Y tu que?, quiero mas de esto- hablo mirándome lascivamente

-Yo estoy disponible para cuando quierasle contesté.

- ¡Más vale que sea así! - golpeo mi hombro amistosamente mientras una sonrisa se dibujaba en su rosto.

- Pues claro, imite su expresión. Quiero tomarme las cosas en calma contigo, eres una gran persona y quiero conocerte de a poco-confesión.

-Sin problema, vas a tener el tiempo que necesites. ¿Comenzamos siendo amigos? -pregunto.

- ¡Claro! -conteste volviendo a abrazarlo.

Con él pasaba algo diferente, era una excelente persona y pensaba que sin duda podía tener un buen futuro con él. No obstante, no me conocía. Tampoco sabía cómo sería su reacción cuando lograra contarle que tenía una hermana gemela, que era a la vez mi paciente y una chica tras nuestro cuyas intenciones eran probablemente malas. Que había estado secuestrada dos veces y que mi primer amor había sido el hijo de un gran delincuente.

Nuestras vidas eran muy diferentes y aun así me animaba a pensar que si llegaba a aceptarme tal cual era, con mi pasado incluido, podíamos tener una buena relación de amistad o algo más.

Cerré los ojos y me preparé para lo que fuera a pasar a continuación.

.LadyTerca.

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