Lo primero que observo al despabilarse fue la sonrisa que le devolvía el reflejo del espejo, la cual estaba formada por sus dientes de color pardusco producto de toda una década consumiente diferentes tipos de estupefacientes que habían terminado por arruinar su dentadura. La que era una de las razones por las que decidió tomar conciencia y abandonar estas actitudes tan dañinas. Si bien no se sentía completamente bien al ver su imagen, lentamente comenzaba a hacerlo. Aprendiendo a ver lo positivo sobre todo lo demás. Ese cambio lo llevo a cabo cuando se dio cuenta que ella sería la única que estaría allí en sus peores momentos, sin importar lo que sucediera. Por lo que debía apoyarse y evitar la brusquedad para consigo misma.
Bajo esta postura no necesitaba a nadie más para ser querida y nunca más tendría que sentirse débil por los errores de su tumultuoso pasado. Lo que le hacía pensar en que las cosas comenzarían a estar mejor, solo era cuestión de esperar y confiar en el proceso.
Salió del baño después de finalizar su rutina de higiene personal matutina y después de cerrar la puerta de su actual habitación camino hacia las escaleras mientras se preguntaba que había pasado con Adina, llevaba casi una semana sin saber nada de ella y su abogado quien estaba comprometido con el caso no le había avisado nada desde ese momento. Seguramente su liberación seguía en tramite pero la ponía demasiado nerviosa el hecho de tener que esperar demasiada.
Aun asi debia disfrutar el presente y el hecho de que la mañana estaba fresca y sus hombros seguían sintiéndose solos aun cubiertos por la tela de su remera, por lo que se puso una campera por encima y una vez que se encontró completamente cómoda y segura con el conjunto de ropa elegido se dirigió hacia la cocina en busca de algo para desayunar.
Era sábado por la mañana y como de costumbre no tenía la menor idea del paradero de alguna de sus hermanas. Aunque estaba acostumbrada a estar sola y a pesar de que ahora vivía en una nueva casa la rutina no era tan diferente. Solo que esta nueva realidad la hacía sonreír mucho más de lo que lloraba, lo que era inevitable de demostrar.
Una vez que estuvo en la cocina puso agua a hervir para hacerse un café y comenzar bien la mañana. El ruido de la tetera la mantenía ocupada por lo que cuando el timbre sonó le costó descubrir que alguien estaba fuera y llamando a la puerta. Al segundo intento se acercó a la puerta bufando por no poder comer tranquila, pero al momento de abrirla todo ese episodio se olvidó ya que frente a ella había una rubia chica quien la miraba con los ojos brillantes. Su corazón se detuvo.Finalmente estaba allí, preparada para conversar.
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El suave rugido que emanaba del motor le aportaba gran tranquilidad al ambiente, siendo lo que mas deseaba en ese momento. Domar a las bestias que rugían dentro de su alborotada mente. Trataba de mantener la calma, pero los hechos de su realidad actual la alteraban demasiado.
Una canción ochentera sonaba suavemente a lo largo del bus recorriendo el camino hacia sus canales auditivos y los de las otras personas con las que se encontraba. Tenia un miedo genuino a estar molestando a los demás pasajeros con el ruido que emitía el golpeteo de las suelas de sus zapatos bajos contra el suelo. Era la primera vez que estaba rodeada de tantas personas después de mucho tiempo y por ese motivo sus temores acrecentaban cada vez más.
Dejando eso de lado también estaba demasiado emocionada por estar en libertad y viajando en uno de esos colectivos, los que había soñado volver a ver. Iba tan concentrada en el paisaje que podía ver a través de su ventanilla que se sorprendió gratamente cuando el colectivo giro por la Calamus Avenue en camino hacia su cuarta parada. Su corazón brinco inconscientemente alertando a la intuición de que algo estaba por suceder.
No precisamente porque debía bajar allí, sino porque acababa de abandonar la penitenciaria y la asustaba demasiado encontrar algún policía en alguno de esos lugares públicos abiertos y que la devolviera tras las rejas, alegando que su tiempo allí debía continuación por cualquier excusa que pudiera sonar creíble. Conocía perfectamente los derechos que le otorgaba la libertad condicional pero los pensamientos intrusivos le eran imposibles de evitar y por el momento prefería mantenerse alejada de la autoridad. Por las dudas.
Sentía que en su frente estaba pegado el cartel de "peligrosa" y que todo el mundo podía verlo, por lo que pocas personas se animarían a acercársele. Por mas que la realidad fuera totalmente distinta, lo que estaba sucediendo en verdad es que no había pruebas físicas que demostraran que alguna vez había cometido un crimen. Lo cual era real porque era inocente.
Ahora lo realmente importante es que ahora que debía valerse por si misma tenia muy poco efectivo, guardado en el bolsillo delantero de sus arrugados pantalones. Tampoco podía tener una tarjeta de crédito y por el momento solo contaba con algo más de treinta dólares que el abogado de Alisha le había prestado y una tarjeta para que sus viajes por la ciudad fueran gratis. Era suficiente para comer quizá dos veces o costearse una noche en un hostal, rogando encontrar una solución rápida. Necesitaba más dinero y un lugar donde quedarse.
En ese momento nada era seguro, posible o concreto. Sin embargo, era bueno para intentar planes improvisados y cosas que nunca se hubiera atrevido a hacer. Su situación de vida la había preparado para sobrevivir con poco y arriesgarse intentando conseguir algo que la ayudara, tenía esa opción y debía aprovecharla.
Llevaba apenas una hora en libertad y quedaba poco para tener que bajar. El nerviosismo hacía que le fuera imposible quedarse quieta en el asiento haciendo temblar su piel con cada vez que la velocidad disminuía por uno u otro motivo. Aun así, se mantenía pensando en positivo. Esperando no tener que distraer a su mente por mucho tiempo más. Ya que estaba comenzando a quedarse sin ideas.
Lo bueno fue que unos quince minutos después la suerte comenzó a ponerse de su lado, al darse cuenta que la última estación estaba frente a ella y por ende ese era el lugar donde debía bajarse. Se encontró realmente bendecida de estar allí en la calle, en el mundo real y a tan solo siete cuadras del sitio donde quizá su visita fuera esperada. Se movió delicadamente hacia la puerta y pagando su pasaje bajo, deslizándose con gracia por las escaleras con destino a un nuevo lugar muy cerca de allí. Ahora solamente debía caminar.
.LadyTerca.
