Mild experimentaba los fuertes efectos del craving.
Su piel estaba muy pálida, fría y sudorosa, sus sentidos se habían agudizado a tal punto, que podía escuchar las pisadas de la gente que pasaba fuera de su habitación, los oía hablando, sollozando, susurrando o simplemente masticando chicle de forma ruidosa. Sin contar con el horrible chirrido de las camillas o sillas de ruedas.
Los mareos y náuseas eran tan fuertes, que en varias ocasiones tuvo que poner ambas manos en su boca para no vomitar sobre su bata azul, o en el blanco piso de cerámica.
Sentía mucho dolor muscular, los dedos de sus manos y pies se doblaban al sentir los espasmos repentinos en su abdomen.
Los dientes le castañeaban al chocar entre sí, cálidas gotas de sudor humedecían su cuerpo mientras tiritaba de frío.
Las interminables sacudidas en su cuerpo pararon al momento de tomar el teléfono que Ciize le había dejado.
Al tenerlo en sus manos casi podía saborear la alegría que esa llamada podría causarle.
Llamaría a la única persona que podría darle algunas "pirulas o chutes" y hacerla sentir mejor.
Sus latidos eran más rápidos y profundamente dolorosos, se mordió los labios aguantando una repentina contracción mientras escuchaba el sonido de espera.
A la segunda llamada por fin tuvo respuesta.
-¿Ciize? -Preguntó una voz somnolienta al otro lado del teléfono.
-No. So-soy yo. -Respondió Mild con dificultad. Su garganta seca dolía horrores y respirar por sí misma era casi imposible de hacer, eso sin contar el terrible dolor en sus partes íntimas. Parecía que querían partirla en dos. -Tía Aliss, soy yo...Mild. -Terminó diciendo con un ataque de tos.
-Caramelito -Contestó Aliss bastante animada -¿No me digas que te has acabado todas las dosis que te dí hace unos días? -Bromeó, pues era imposible que una persona como Mild pueda soportar esa cantidad y tipo de droga en la sangre, menos en su estado.
Un suspiro cansado salió de los labios de Mild, esas dosis eran suficientes para un mes completo, ella lo sabía. Pero se había vuelto tan adicta a ellas, que no podía controlarse y terminó esfinando, inyectando y "cazando al dragón" un sinfín de veces al día, por tres días seguidos, ni siquiera sabía como es que seguía con vida. Poco le importaba el hecho de estar embarazada y que su situación sea de alto riesgo, ella había perdido el deseo de vivir desde hace mucho tiempo atrás, solo se mantenía en pie para ver con satisfacción desde arriba como todos recibían su castigo. Incluso había uno para ella misma.
-Si ya sabes la respuesta, para que me preguntas. -Gruñó Mild.
Todo rastro de mofa se borró del rostro de Aliss.
-¿¡Acaso te has vuelto loca!? -Gritó Aliss despertando completamente -Acaso quieres morirte maldita estúpida. -Aliss se levantó de la cama despertando también a la chiquilla de no mas de quince años que tenía al lado. Presionó el teléfono más fuerte en su oreja y le hizo señas con las manos para que salga de la habitación, sin importarle su deznudez. -Esas drogas debían durarte como mínimo dos semanas más... ¿cómo es que te las has terminado ya?
De un fuerte portazo Aliss se encerró en el baño. Y aunque todos los empleados de su casa sabían lo que hacía con las jovencitas cuando su marido no estaba en casa, nadie podía enterarse que vendería a dos recién nacidos
-¡Sabes bien que no te puede pasar nada sin que me entregues a los bastados, no te puedes morir ¡sin darme lo que es mío!...lo sabes ¿verdad Mild? -Decía con los dientes apretados para recordarle quién tenía el control absoluto sobre ella -Ellos son míos, tu me los regalaste, tenemos un trato, caramelito ¡no lo olvides!
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Puedo Tenerlo?
Narrativa generaleEl amor no está en donde creemos. Muchas veces frente a nuestros ojos existe una persona maravillosa que está dispuesta ha hacerte feliz sin importar que tan roto/a estés, solo dale una oportunidad, solo date una oportunidad. ʚïɞ.•*¨*•.¸¸♬ʚïɞ.•*¨*•...
