Él, es un reconocido escritor.
Yo, una aspirante.
8 años de tiempo nos separaron y mismo número nos vuelve reunir.
Porque, Clarence Montero.
Viene por mí...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
LULÚ
Y el calor que sus manos acunando mis mejillas y que yo sentía, se trasladaron no solo a estas, también a mi rostro por completo al escuchar sus palabras.
Sus dos pedidos.
No terminaba de comprender o si se quiere, asimilar su frase.
Porque yo sabía que ese sentimiento que nos unió desde que nos conocimos, siendo yo una niña y Clarence ese chico ya adulto años atrás y por más alejamiento que hubo, seguía intacto.
Enojada o lastimada, era así.
Y en mi caso, haya conocido hombres y aceptado algunas citas procurando intentar en estos y no solo probar.
Cual, fallé estrepitosamente.
Conseguir algún tipo de sentimiento por alguno.
A su vez.
Terminar de confirmar este creciente amor por la persona que tengo arrodillado frente mío y tras 8 años de no vernos, volver a hacerlo.
Y un suave viento constante, sea por no terminar de deducir lo que me está pidiendo o por culpa de la apenas abertura de uno de los ventanales de la habitación, acarició mis brazos desnudos.
Y con ello, un extraño como nervioso escalofrío de más calor recorrió mi cuerpo, sumándose su proximidad.
Pero con disimulo obligué a mi respiración a calmarla y salir lentamente de su perímetro de que me rodeaba, poniéndome de pie con éxito y cual Clarence no se resistió.
Dejó que lo haga, quedando él en esa posición y yo, mirándolo desde arriba.
- ¿Carta? - Fingí duda y con solo atención en eso, por temor a que termine de iluminarme por su segundo pedido. - ¿Cuál?
Y se sonrió.
No lo vi completo por permanecer en esa postura, porque tanto él como su rostro permanecía mirando a donde estaba sentada momentos antes.
Y hasta su rostro cayó algo, haciéndolo más imposible para poder jodidamente adivinar que pasaba por su mente ahora, ya que ese siempre pelo ondulado y que tanto adoraba, tapó más mi visión.
- La que te devolví, Luz... - Me responde. - ...la quiero.
Negué callada por más que no podía verme, buscando millones de excusas de su contenido.
Muerta, sospeche o no de su contenido, porque no dudé que me iba a preguntar.
Resoplé con aire de poca importancia, encontrando la correcta.
Media pendeja la excusa, pero lo único que se me ocurrió.
- Cuando fue devuelta, la rompí en pedazos. - Eso era verdad. - Y terminó en la basura... - Esto no.