Carol bajó de la moto y necesitó apoyarse en el árbol más cercano para intentar tranquilizarse y devolver su respiración y su pulso a la normalidad.
-¿Qué hacen?- Daryl no podía mirar, pero necesitaba saber.
-Vienen- casi se le rompió la voz al contestar.
Habían pasado algo más de dos horas desde que habían abandonado la casa, y ahora ni siquiera sabían dónde estaban.
-Cuidado- se abrazó un poco más a él, pegando su cabeza a su espalda como si eso fuera a protegerlos de uno de sus disparos.
-¡Joder!- gritó y golpeó al aire.
Habían estado a punto de matarles, habían pasado casi una hora persiguiéndoles con el coche, tratando de dispararles, encontrando la forma de acortar la distancia que él trataba de aumentar metiéndose entre los árboles y tomando caminos por los que ellos no podían pasar.
-¿Crees que de verdad les hemos despistado?- cerró los ojos para preguntarle, porque temía que no fuera así, que volvieran a aparecer de un segundo a otro y... acabaran con ellos por el mero gusto de hacerlo.
-Sí- sino no hubiera parado. -Quédate tranquila- se acercó y quiso acariciarla, rozar con sus manos sus mejillas y pedirle que lo mirara y se calmase, pero no se atrevió.
Carol solo asintió y respiró para dejar salir un sollozo.
No sabía si había tenido más miedo a morir o a que le mataran, pero de un modo u otro, ahora hasta tenía que conformarse con que, aparentemente, sus vidas ya no corrieran peligro.
-Pasaremos la noche aquí...- no tenían ni para tumbarse, pero no quería seguir dando vueltas y que el ruido del motor les siguiese atrayendo hacia ellos.
-¿Y si buscamos alguna casa?- ella no quería quedarse allí, a la intemperie, con cuatro armas y una moto. No quería hacer guardia sola mientras él trataba de dormir en el suelo, no quería seguir así de asustada.
-Es peligroso- en realidad, todo lo era.
-¿Más que quedarnos aquí? ¡Estamos en mitad de la nada!-.
-Precisamente por eso- le habló con más firmeza de la que quiso, porque él también estaba asustado, él también había temido que una de las balas les alcanzaran. -Nos quedamos aquí y... mañana temprano nos vamos-.
-Bien- bufó y se cruzó de brazos con cierta rabia. -No me acordaba de que ahora solo contaba tu opinión- le espetó, aunque por un momento estuvo decidida a callarse.
-No es verdad- la miró fijamente y ella le devolvió la mirada a modo de respuesta. -Si vas a enfadarte, no tienes razón- aseguró.
-No voy a enfadarme- quizás ya lo había hecho.
-Ya...- resopló y negó con la cabeza, pues odiaba que se olvidara de que era él con quien hablaba, que la conocía casi mejor que ella a sí misma.
-No estoy enfadada- insistió, -pero...- si lo que había dicho era verdad, que tampoco estaba segura, no lo estaba disimulando bien y eso la hizo respirar profundamente para tratar de calmarse aunque solo fuera un poco. -Han estado apunto de matarnos- lo dijo como si quisiera recordárselo, aunque sabía que él lo tenía más que presente. -Nos han perseguido... Nos han disparado...- le volvió a temblar la voz.
-Lo sé, pero ya ha pasado y estamos aquí: vivos- pretendió animarla, apartarla de algo que ya solo debía quedar atrás.
-Vivos pero sin armas, sin comida, sin mantas, sin ropa... ¡sin agua! Ni siquiera tenemos un mísero cazo donde hervir agua- no podían quedarse allí, definitivamente no podían.
