Obsesiones
Brott
Abro la botella que tenía reservada para la boda: un whisky Macallan 1926. Me sirvo un vaso y tomo asiento detrás de mi escritorio. Saboreo los 75.000 dólares que gasté en él "para celebrar mi gran día", pero la muy perra me dejó cuatro meses antes.
Absorbo el licor y asimilo el ligero ardor que me produce al pasar por mi garganta. Violett lleva dos semanas en la guerra desde la última vez que la ví, cuando le di una de sus últimas oportunidades para recapacitar su elección, y aun así decidió no venir conmigo. El simple recuerdo hace que la rabia me carcoma.
Ay, mi linda flor, siempre creyendo que puede escapar de mí. Donde quiera que vaya, yo estaré. Si ella respira, yo lo sabré, y si no lo hace, también.
Me reclino en mi asiento, absorto en la oscuridad en la que está sumido mi despacho.
Tener que recurrir al chantaje para que se case conmigo es lo que nunca esperé de nuestro matrimonio. Hace tres años todo estaba bien, ella se mostró tan servicial, pero los últimos meses han sido una miseria.
Piensa que puede salir vestida como le da la gana para que los demás hombres la vean, pues no. Ella es mía, mi mujer. Debe ser recatada y de hogar. ¿Qué ejemplo les daría a nuestros hijos si la dejo salir como quiere?
Empezó a quejarse de que la asfixio, cuando yo lo único que hago es cuidarla. Siempre la he cuidado. Solo está confundida, eso es todo. Nadie puede culparme por ver una oportunidad y tomarla. Nadie puede decir que no hubiera hecho lo mismo que yo, porque la amo, y ella me ama. Me lo dijo muchas veces, nadie cambia de la noche a la mañana sus sentimientos.
Espero que después de este break que se está dando, regrese y se dé cuenta de que soy el único, que soy el hombre de su vida.
Cierro los ojos y aprieto el puño, sintiendo el ardor en la mano vendada. El puto soldado. Ese perro uniformado que se creyó con derecho a dispararme en la mano, como si yo fuera cualquier cosa. ¿Quién se cree? ¿Quién carajos se cree para hacerme eso?
Todavía hago terapia para recuperar la movilidad de la muñeca y los dedos. Cada sesión me lo recuerda: la humillación. Ella huyendo como una cualquiera, dejándome tirado, desangrándome, sin siquiera mirarme. Como si yo no fuera nada. Como si yo no fuera su futuro esposo.
Me desperté en esa casa sucia con una mano ensangrentada y vendada, además de sin un solo hombre mío cerca. Caminé y caminé con dolor, buscando dónde habían dejado el auto escondido. Nadie, no había absolutamente nadie. Tuve que llegar al aeropuerto de Siria como un maldito mendigo. Llamar a mi padre. Suplicar que me sacara de allí.
Nunca voy a olvidar esa humillación. Nunca. Ella me va a pagar cada paso que di, cada gota de sangre, cada mirada de lástima cuando me levanté tambaleando. Me la va a pagar despacio. El teniente coronel también. Voy a arrancarle la mano con la que se atrevió a tocarme. Lo voy a hacer cenizas. Y voy a poner a Violett a ver cómo lo hago.
Si ella no vuelve a mí por amor, va a volver por miedo. Ella es mía. Y lo va a entender. Aunque tenga que empezar una guerra yo mismo.
—Señor, le llegó un correo —mi secretaria entra, y la luz se filtra por medio de la puerta abierta—. Viene desde Siria.
—¿Violett? —pregunto, esperanzado de que se haya dado cuenta de que no está hecha para eso y me haya escrito para pedirme que la saque, para que nos casemos lo antes posible.
—No, señor. Dice otro nombre —antes de que lo lea, le arranco la carta de la mano y le pido que se vaya.
Cuando ha cerrado la puerta, enciendo la lámpara que posa sobre mi escritorio y rompo el sello. La letra se me hace conocida, y me tomo mi tiempo para leer todo lo que dice.
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ARRITMIA (N)
RomanceTodos conocen su propio infierno, pero no todos logran salir de él. Violett Williams es una residente de cirugía brillante, ambiciosa y rota. Llega a Londres con una sola meta: convertirse en una de las mejores cardiocirujanas del país, pero el des...
