Perdiendo el control part. 2
Antonía
No mames, ya valí verga.
¿Por qué a mí? ¿Por qué carajos me tiene que pasar esto a mí?
Mis ojos van rápidamente hasta el ascensor y sé que tengo mis horas contadas. Violett se encuentra durmiendo en su habitación junto con Kaya. Después del día horrible que tuvo con los Harvey y todo el espectáculo que realizó José para sacarla de ahí. Ahora me toca a mí, justo a mí, ser la encargada de detener al demonio.
Mi corazón comienza a acelerarse y, con nerviosismo, toco el intercomunicador esperando que José no se haya quedado dormido tan rápido. Por las noches nos turnamos para poder descansar seis horas sin dejar indefensa a Violett.
Verga, verga y más verga.
Mi teniente coronel, hubiera preferido que me ponga a buscar la tumba de Cleopatra como orden fundamental. ¿Cómo me va a decir que lo detenga? ¿A usted? No tengo ni una sola oportunidad de vida.
La primera razón es simple: mido metro sesenta y cinco y él ronda el metro noventa, me saca más de una cabeza. Segundo es porque aunque pelee bien, no estoy a su nivel. Es considerado una bestia, nunca pierde y es capaz de romper cráneos con las manos.
Soy miembro élite. Puedo defenderme de cualquiera, incluso de otros miembros del equipo. Pero si hablamos de él, nadie puede defenderse de él si te quiere matar en serio.
Después de tantos años a su lado, sé muy bien lo peligroso, asesino, letal e imparable que puede llegar a ser Killiam Anderson. No por nada sigue en su puesto a pesar de tener a medio mundo en contra.
—José —llamo por el intercomunicador—. José, ayúdame, es de vida o muerte.
—¿Qué sucede? —me contesta enseguida.
—Anderson me va a matar —le cuento mientras corro hasta las escaleras de emergencia, porque ya tengo menos tiempo a favor—, me dio la orden de no dejarlo bajar a ver a Violett. Me dijo que, si él la veía, me iba a cortar la cabeza.
Casi lloriqueo al hablar y escucho una carcajada del otro lado que me pone de mal humor rápido. ¿Y el compañerismo? Se supone que ambos somos las víctimas de esta situación.
—Mi jefecito está cada vez más loco de amor por Violett y esto nos está costando la cordura a nosotros también. Pero qué gonorrea, no hay manera de ayudarte en esto. Yo tuve que fingir una crisis de ansiedad en la tienda, ahora te toca a ti rezar tres padres nuestros y dos avemarías.
—Eres un hijo de su... —no termino la frase.
—Hey, hey, con mi madrecita santa no. Ya conmigo es otra cosa —se vuelve a reír—. Pero bueno, marica, voy a seguir con mi descanso. Me avisas dentro de cinco horas si conseguiste detener al jefe y sigues respirando.
Al siguiente segundo, ya no está en la línea, el muy hijo de perra me abandonó.
Acelero el paso hasta llegar a la recepción del edificio militar. Apoyo mis manos sobre el mostrador, casi lanzándome sobre Henry, el militar a cargo de las llaves maestras de todo el edificio y también el único que tiene las llaves que bloquean las puertas.
—¿Qué sucede? —Henry se asusta y abre los ojos con sorpresa.
—Dame la llave de bloqueo del penthouse del teniente coronel —ordeno en inglés, porque toda mi conversación con José había sido en español.
—No puedo darte eso sin autorización del teniente coronel —Henry comienza a negar moviendo su cabello rubio y yo lo sostengo más fuerte del chaleco.
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ARRITMIA (N)
RomanceTodos conocen su propio infierno, pero no todos logran salir de él. Violett Williams es una residente de cirugía brillante, ambiciosa y rota. Llega a Londres con una sola meta: convertirse en una de las mejores cardiocirujanas del país, pero el des...
