Capítulo 5

85.4K 6.3K 5K
                                        

Cuenta regresiva

Killiam

Me abro paso a través del ascensor por el pasillo hasta llegar a un escritorio de madera ubicado al frente de mi oficina. Detrás está Andrea, mi secretaria, una mujer morena que me observa con detenimiento. Sus ojos negros recorren mi cuerpo, dejando claro lo que busca de mí, algo que no pienso darle.

—Buenos días, mi Teniente Coronel —dice con un tono chillón que seguramente considera seductor. Es morena, de cabello negro lacio y sus ojos brillan de emoción al verme, como si creyera que hoy será su día de suerte. Se mueve de manera exagerada, resaltando sus enormes pechos. No es algo que me importe, pero sus cirugías, tanto de pecho como de trasero, son tan evidentes que resultan casi grotescas. Hace tiempo que le gusto, pero soy selectivo con las mujeres con las que me acuesto. No cualquiera tiene el lujo de decir que estuvo conmigo.

No me considero un hijo de puta. Tampoco busco una distinta cada día. Domar mis demonios es algo que hago bien, pero de vez en cuando, uno necesita liberar tensión, especialmente con el tipo de trabajo que llevo.

—Necesito que busques información sobre Violett Williams. Quiero saber todo sobre ella: dónde vive, con quién, qué hace los fines de semana, sus amigos, su novio, su tipo de sangre... Incluso si tiene un gato y cómo se llama —ordeno mientras avanzo hacia mi oficina. Su voz me detiene antes de entrar.

—Sí, mi Teniente Coronel, pero ¿puede decirme el rango del soldado? —pregunta mientras anota con rapidez en su libreta.

—No tiene rango ni posición —respondo. Su ceño fruncido demuestra confusión ante mis palabras. —No es soldado, es doctora. Para ser exactos, residente de cirugía cardiotorácica en el hospital militar.

Antes de cerrar la puerta, aclaro:

—Necesito esa información hoy mismo, lo antes posible.

Sin esperar su respuesta, cierro la puerta. Rodeo mi escritorio y me dejo caer en la silla con un resoplido. Mis ojos se posan en el gran acuario frente a mí, donde nadan siete peces dorados. Aunque son míos, mi secretaria se encarga de alimentarlos cuando estoy en alguna misión que me mantiene fuera por días.

Ser Teniente Coronel del mejor ejército del mundo no es fácil, pero nadie mejor que yo para este puesto. Soy el terror de las más grandes mafias y no he fallado una sola misión desde que me incorporé. Soy sanguinario y no muestro perdón a mis enemigos, lo que me hace tan certero como letal. Derribé a la gran mafia italiana; Dmitri y Lilya Bianco murieron por mi mano. El único que queda es su hijo, Dante Bianco, quien me está dando ciertos problemas, pero planeo resolverlo pronto.

Mi récord y reconocimiento me convierten en el mejor candidato para el puesto de Coronel General, que actualmente ocupa mi padre, Enric Anderson. Con cincuenta años, planea retirarse en dos años y cederme su cargo. Aunque algunos políticos mundiales no están de acuerdo, saben que derrumbaré sus redes de narcotráfico. Un cuarenta por ciento de esa junta son ratas corruptas, pero no impedirán mi objetivo de quemar el mundo entero.

No lo hago por "salvar al mundo", sino por poder, por mi sed de gloria y sangre. Eliminar mafias con redes de narcotráfico y prostitución es solo un efecto colateral.

Mis pensamientos son interrumpidos por la puerta, que se abre de manera escandalosa. Entra un hombre de un metro ochenta, asiático, de cabello negro que le cae hacia adelante cubriéndole los ojos rasgados. Viste una camiseta blanca sin mangas, dejando ver los tatuajes que recorren su brazo izquierdo hasta el pecho, y unos pantalones negros gastados. Una mochila cuelga de su hombro derecho, como si acabara de llegar de un viaje. Su piel pálida revela nuevas heridas cicatrizando.

ARRITMIA (N)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora