Momentos de paz
Violett
—Que no estabas a la venta ni por todo el oro del mundo...
Termina de hablar, y no puedo verle el rostro porque las sombras del lugar lo cubren.
El corazón me va a mil por hora otra vez. Trago fuerte y vuelvo la cabeza en su dirección, luego regreso a ver a Kaya, que continúa plácidamente dormida. Su pechito sube y baja en respiraciones continuas y tranquilas. Me asombra la manera en la que demuestra paz, a pesar de que toda su vida la ha pasado en medio de una guerra.
Después de un largo silencio que ambos mantenemos, soy la primera en abrir la boca.
—¿Y qué esperas? ¿Que te agradezca por no venderme? ¿Que te diga "ay, gracias, Killiam, por no ser un maldito infeliz todo el tiempo y no venderme por oro"? —pregunto con irritación, porque me fastidia que crea que puede borrar tan fácil lo que me dijo.
—No te estoy pidiendo que me agradezcas —se acerca al extremo de la cama dando solo un par de pasos, y no puedo evitar ver mejor su rostro; también se le nota cansado. Me imagino que llevar todo el peso del ejército no ha de ser fácil— ¿Crees que es fácil para mí? ¿Que voy por ahí salvando niños de incendios y haciendo que me carguen como princesa? —se pasa la mano por el rostro, estirando sus facciones.
Y en ese momento, uno los puntos dentro de mi cabeza y entiendo el motivo inicial de su irritación.
—¿Todo lo que me dijiste fue porque O'Brien me levantó? —pregunto con incredulidad e impotencia— Pues te recuerdo, genio, que mientras a mí me cargaban "como princesa", porque evidentemente no podía caminar, tú te estabas besando con tu ex. ¿Y te traté como la mierda por eso? Pues no.
Empiezo a respirar con dificultad porque de verdad me estoy enojando por su reclamo, cuando yo soy la que tiene más derecho a reclamarle y sin embargo, no lo hago. Así que me levanto de la cama, y mis piernas desnudas quedan a la vista porque solo llevo puesta la camisa, que no me llega ni a la mitad del glúteo.
—Baja la voz, que no podemos hacer una escena aquí —intenta silenciarme, y trago fuerte, pero no lo dejo quedarse con la última palabra.
—¿Ahora me dices eso? Es que eres imposible, de verdad. Me reclamas porque me cargaron, pero tú vas por la vida con tu ex pegada como una sanguijuela. Luego está la loca que está enamorada de tí amenazándome, le pega a una niña que ni siquiera tiene la culpa de nada y tú la defendiste, ¿cómo me debía sentir con eso, eh? —me acerco a él y en un impulso por la ira, coloco mis dos manos en su pecho y lo empujo— Y ahora me dices "No te vendo por todo el oro del mundo" —imito su voz gruesa, burlándome de sus palabras.
Cierra los ojos tratando de calmarse, y yo lo único que quiero es golpearlo, porque la paz que demuestra ahora es algo pasajero. Ya me demostró que, al mínimo contratiempo que tenga, se va a desquitar conmigo.
—Vinimos alrededor de sesenta personas —suelta una respiración forzada para luego continuar hablando—. Quedamos veintiséis. Perdimos a más de la mitad de los soldados y del equipo médico, ¿qué crees que dirán las personas cuando regresemos a Londres? ¿A quién crees que le echarán la culpa? Es más, ¿de quién crees que es la culpa?
—Bueno, entonces estabas celoso, frustrado, enojado contigo mismo, y te desquitaste conmigo. Es que ya me queda clarísimo el panorama —respondo. No sé qué esperaba de mi parte, pero comprensión y perdón no tendrá en estos momentos—. Es más, con lo que me explicaste creo que ya hasta se me pasó todo lo que tenía, ¿quieres coger? —digo con sarcasmo.
Me mira un largo rato, como si no supiera qué responder a mi pregunta, y eso provoca en mí una risa sin ganas.
Me pongo ambas manos en la parte de atrás de la nuca y tiro la cabeza hacia atrás, caminando por toda la habitación antes de continuar hablando, porque él se ha quedado mudo.
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ARRITMIA (N)
RomanceTodos conocen su propio infierno, pero no todos logran salir de él. Violett Williams es una residente de cirugía brillante, ambiciosa y rota. Llega a Londres con una sola meta: convertirse en una de las mejores cardiocirujanas del país, pero el des...
