Capítulo 17

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Explosión

Killiam

Desde los ocho años no soy más que un ser sin alma, una aberración para la humanidad. Soy lo que muchos odian y la otra mitad teme. Me convertí en una bestia insaciable que se alimenta del dolor ajeno.

«¿Por qué soy así?» Esa es la pregunta que mucha gente se ha hecho, la que los psicólogos a los que Chris me sometió no han podido responder. Lo que nadie logró curar.

Me alteran los recuerdos, me mortifican los sueños y me tortura la felicidad. No soy feliz y creo que nunca lo seré. He vivido en un infierno toda mi vida, calmándome solo con momentos de distracción.

Hay pocas cosas que me gustan en esta vida; poner mis manos sobre la garganta de alguien hasta ver como se pone azul, observar como se retuerce en busca de aire y suplica que lo libere, es una de ellas.

En muchos momentos me he perdido y ahora es uno de esos.

Su simple pregunta sobre mis cicatrices encendió mi cerebro, me torturó con la necesidad de saber y con aquello que no puedo decir. Las marcas me arden como el primer día; siento las púas golpear mi espalda y desgarrar mi piel.

Vuelvo a tener ocho años y revivo la desesperación, la tristeza y la agonía. Camino sin rumbo, buscando algo, lo que sea que me quite esta sensación.

—Killiam. ¿Estás bien? —la voz de Angie me trae de vuelta al mundo real y me saca de la pesadilla.

No digo nada, solo la miro. Esos ojos azules que a veces han sabido llevar mis demonios, la única que conoce mi pasado y no me juzgaría pese a lo que haga.

Muevo la cabeza en negativa porque no puedo mentirle en este estado, ella sabe que no estoy bien y que posiblemente nunca lo estaré.

Se acerca y rodea mi cuerpo con sus brazos. Es increíblemente pequeña, como un bastoncito, intentando ayudarme.

—Respira conmigo —murmura contra mi pecho—. No estás en ese lugar, ya saliste, todo se acabó, estás bien —dice cada frase despacio, mientras coordino mi respiración con la suya.

Odio a Angie Salvatore. Odio no poder odiarla por lo que me hizo, porque yo también la hice sufrir. Angie siempre fue mi ancla, mi salvavidas y la única que me entendía, y por eso no la puedo perdonar.

Los recuerdos dolorosos me invaden y tiemblo con la necesidad de sentir sangre en mis manos.

—Eres más que esto, Killiam, eres más que un asesino psicótico vengativo —murmura, provocando una risa baja en mí.

Si. Soy más que un asesino psicótico vengativo. Soy una bestia, traída del infierno al mundo terrenal.

—Ya estoy bien, suéltame.

Noto que no quiere hacerlo por cómo se aferra a mi camisa, sabe que miento, que unas palabras no me calman, y por eso se aferra, asustada de lo que podría hacer.

—Killiam, perdóname y volvamos a intentarlo —suplica.

—Suéltame, Salvatore.

—Angie —corrige, porque odia que la llame por su apellido. Siempre me ha dicho que así siente un abismo que no le permite alcanzarme.

—Salvatore, suéltame —ordeno, y a regañadientes lo hace.

La miro por última vez antes de ir con los demás a ultimar los preparativos antes de partir.

Alex, Oleg y José están en el segundo día de vigilancia a la amante de Bahir, así que no participarán en esta fase de la misión, sobre todo porque voy a cortarle la garganta a Abel Hassam.

ARRITMIA (N)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora