Capítulo 24

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Nota del Autor: Por favor a las releyendo (#R) se les pide encarecidamente que no pongan ningún spoiler y nada que los insinúe porque sus comentarios serán borrados. Dejen que las nuevas (#N) disfruten su lectura.

Nueve días

Brott

—Necesito que, apenas regrese Violett, el primer examen que le hagan sea una prueba de embarazo, sin que ella se entere de absolutamente nada. Los resultados serán enviados directamente a mi correo —ordeno, tratando de contener un poco mi rabia, pero fallo indudablemente.

El infeliz no solo me disparó y casi destruye mi carrera, sino que se cogió a mi mujer. Me humilló cuando fui a buscarla y eso ya había activado todas mis dudas, pero confirmarlo me ha hecho enojar más de lo que alguna vez en la vida lo he hecho.

—Sí, señor —me contesta la ginecóloga de Violett desde el otro lado de la línea.

Sé que no se atreve a contradecir mis órdenes por mis influencias. Eso mismo fue lo que utilicé para cambiar el anticonceptivo de Violett por una inyección que aumenta la fertilidad hace más de tres meses, para poder embarazarla y decirle que el anticonceptivo había fallado.

Con lo que no conté fue con que se iría a una jodida guerra durante tanto tiempo y se acostaría con otro hombre, y con nadie menos que el teniente coronel del ejército.

Yo tenía que embarazarla, ¡Yo! No otro hombre. Le conviene no haberse quedado embarazada de ese infeliz, porque sobre mi cadáver va a tener un hijo suyo.

—Y en el caso de que la prueba salga positiva, no duden en aplicarle la inyección de la que hemos hablado, pero de manera controlada. Nada que le haga daño a ella. Solo maten la escoria que lleva dentro.

Una inyección bastaría para detenerlo todo. Nada podría crecer más, nada iba a avanzar. Lo que estaría formándose simplemente iba dejar de recibir lo que necesita para seguir existiendo, se quedaría suspendido, incompleto, hasta que el propio cuerpo entendiera que ahí dentro ya no hay futuro y lo expulse. Sin ruido, sin urgencia, sin dramatismo. El hijo de ese infeliz no moriría de golpe: se moriría lentamente hasta que, sin darse cuenta, simplemente saliera.

—Está bien, haré lo que me indica —responde apenas audible, como si tuviera miedo de que alguien la escuchara siendo mi perra.

—Y nada de esto lo debe saber ella. Si llega a enterarse de lo que ocurre, será todo culpa tuya. Ten en mente que Violett es muy inteligente y perspicaz. Si ella nota que le pones algo que no entiende, te hará muchas preguntas, y tú necesitas este trabajo —amenazo.

La escucho tragar fuerte, pero sé que hará lo que le pido. La ginecóloga de Violett es madre de más de cinco niños y necesita el empleo para poder mantenerlos a todos. Aparte, le doy mucho dinero por los servicios extras que me brinda.

Ella simplemente es un peón para conseguir que Violett recuerde que yo soy el indicado.

Sin esperar su respuesta, cuelgo y trato de calmarme, aunque no puedo. Su jodido jueguito de salvar al mundo y acostarse con otros hombres me está hartando demasiado. Necesito que regrese lo antes posible a Londres o me volveré loco de la ira.

Agarro el celular con tanta fuerza que mis nudillos se tornan blancos y, sin pensarlo, lo estampo contra la pared. Ya es el tercer celular del día que estrello.

El estruendo hace que mi secretaria dé un brinco en su lugar, pero luego permanece firme junto a mi escritorio mientras termina de configurar un nuevo celular, que posteriormente deja sobre la mesa, con la misma línea.

Ha trabajado para mí tantos años que conoce mis problemas de ira y todos mis trapos sucios.

Me tomo la libertad de mirarla un segundo. La ira no se ha ido de mi sistema y siento el pecho arder, la respiración caliente.

ARRITMIA (N)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora