Capítulo 12

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¿Puedes ver la oscuridad?

Killiam

Sí, me acuerdo.

Me acuerdo de todo, pero ¿Cómo aceptar que después de un polvo había perdido la consciencia? Jamás voy a reconocer que me desmayé. Primero me corto los huevos, el simple hecho de pensarlo me da rabia.

Fragmentos de la escena se cuelan en mi mente y asimilo que no hubiera podido controlarme por mucho tiempo, no después de la manera en la que ella me trata. Es como si mi autoridad no le importara una mierda, como si, a pesar de haberme visto asesinar, no la intimido en lo absoluto.

Sigo sin entender la razón, pero aparte de que siento que está completamente loca, es porque es latina, esas mujeres suelen tener el carácter más fuerte. Me he topado con algunas mujeres de ahí y comparten esa característica, pero eso no explica la tolerancia que demuestra. ¿Será que la doctora es más de lo que aparenta?

Nunca he visto a nadie capaz de hacerme frente de esa manera, a excepción de Chris y del hijo de puta del Coronel General Enric Anderson.

—Eres un maldito hijo de puta —escucho a Chris hablar detrás de mí.

—Siempre lo he sido —contestó sin detener mi marcha.

—Sí, pero nunca te he visto negando que te acostaste con alguien.

—Yo no estoy negando nada.

—A cualquiera puedes engañar, estúpido, menos a mí.

—No te metas en lo que no te interesa, Chris —advierto, endureciendo la voz.

—¿Por qué? —insiste, ignorando por completo mi advertencia.

Durante todo el viaje no he hecho más que caer en sus provocaciones como un idiota.

—Ya te dije que eso no te interesa.

Chris suelta una carcajada con sorna.

—Ella te gusta —vuelve a decir.

—No me gusta y ya deja de decir estupideces—intento zanjar el tema.

—Es obvio que sí. Ella tiene marcado todo el cuerpo y tú pareces como si hubieran querido arrancarte la piel con las uñas... —su mirada baja hacia mi boca y sonríe con malicia —... Y ese labio partido no lo tenías antes de entrar a esa habitación. No me digas que fué en la emboscada.

Aprieto la mandíbula con fuerza. Ese detalle me expone demasiado, y lo sabe.

—Explícame de nuevo, ¿Qué parte de todo eso te incumbe a tí? —le espeto.

—Que te gusta y no lo aceptas. Pero llegar al punto de fingir amnesia... eso es patético, incluso para tí —responde, disfrutando cada palabra como si me arrancara pedazos de piel.

Me detengo en seco y me volteo a encararlo.

—Primero, no me gusta. Nada de ella me gusta —aclaro con firmeza —. Segundo, no estoy fingiendo nada. Si dices que algo pasó entre ella y yo, no puedo afirmarlo porque no lo sé. Y en caso de que así haya sido, no debería importarte —miento con descaro, manteniendo la mirada fija en la suya.

—¿Entonces la odias? —pregunta, arqueando una ceja con un escepticismo que me revienta los nervios.

—El odio y el amor son sentimientos. Si te digo que la odio, te estaría mintiendo, porque por ella no siento absolutamente nada —respondo con toda la seguridad que puedo reunir, ignorando la mueca burlona que me lanza mientras hablo —. Además, ¿Qué fue eso de las velas? Las encendiste tú, ¿Verdad?

ARRITMIA (N)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora