Capítulo 25

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Sentimientos

Violett

Nota del autor: Este capítulo está dedicado a Bechampions (Chriss) que se tomó el tiempo de hacerme un hermoso edit de la historia, y se convirtió en mí amiga. (Así es como ella se imagina los personajes)

¿Qué se supone que son los sentimientos?

Durante años pensé que eran reacciones simples. Algo que aparecía y desaparecía sin pedir permiso. Pero ahora no hay nada.

No miedo. No tristeza. No rabia.

Nada.

—¡Traigan el desfibrilador!

Las voces llegan distorsionadas, como si vinieran desde otro lugar. Intento buscarlas, pero mis ojos no obedecen. Todo es confuso, borroso y ajeno.

—¡No! No te puedes morir.

La gente corre. Hay órdenes, pasos apresurados, manos que se mueven demasiado rápido. Yo no me muevo. No puedo. Mi cuerpo está aquí, pero no me pertenece.

Entonces lo veo.

Un charco oscuro extendiéndose por el suelo. Demasiado rojo. Demasiado real, pero no es mi sangre.

El frío me atraviesa de golpe, como si alguien hubiera apagado algo dentro de mí. No siento el corazón, no siento el cuerpo. Solo ese vacío pesado que aplasta el pecho.

—Informen hora de la muerte.

Dejo de respirar.

El grito llega después, desgarrado, animal, y me obliga a enfocar la camilla. A reconocer el rostro. A entender.

Y es ahí, justo ahí, cuando los sentimientos regresan. Tarde. Violentos. Insoportables.

Justo cuando daría cualquier cosa por no sentirlos.

*Siete días antes*

—Eso es trampa —exclamo, haciendo un puchero inconscientemente, porque es la décima vez que me gana jugando cartas.

Y, en lugar de responderme, se comienza a reír como si mi frustración fuera divertida.

—Yo no tengo la culpa de que seas muy mala jugando rummy —se defiende.

Pero, en lugar de hacerme sentir mejor, eso hace que mi frustración aumente. Yo no soy mala jugando, solo que él tiene más experiencia.

—No, eso es trampa. Tú estás haciendo trampa —sigo acusando mientras muevo la cabeza y me acomodo en la cama.

Cruzo las piernas y pongo recta mi espalda, tratando de comprender qué es lo que estoy haciendo mal con las cartas.

Killiam hace como cuatro horas salió a comprar comida y vino, trayendo una baraja de cartas para liberar la tensión, porque ya han pasado dos días desde que estamos encerrados, tratando de controlar nuestros impulsos.

Pero las cartas solo han empeorado mi humor, porque aún no puedo ganarle una sola partida.

—De seguro en alguna misión tuviste que ser un apostador y tenías que ganarles a todos en rummy —reclamo.

Killiam vuelve a sonreír en mi dirección y baja sus cartas, como si ya supiera qué es lo que tiene y se hubiera aprendido su baraja. Lleva haciendo eso toda la tarde, cada vez que ya tiene asegurada su próxima victoria.

—Se apuesta en el póker y sí, tuve que jugarlo en una misión, pero lo de ser el mejor en ese juego también es innato. No tiene nada que ver la preparación —alardea, y yo ruedo los ojos.

ARRITMIA (N)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora