Capítulo 4

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Hospital Militar

Violett

Apenas llego al Hospital Militar Santiesteban Anderson, me siento como si estuviera en casa, después de pasar encerrada dos semanas con mi ex prometido ya no tan ex prometido, siento que aprecio mucho más el hospital.

—Por fin decidió volver Doctora Williams, y yo que pensaba que se iba a dedicar a su hogar y no la volveríamos a ver por aquí — escucho la voz de O'Brien que proviene desde mi espalda y se encuentra cargada de sarcasmo. —¿No va a decir nada? No se supone que se va a casar y que por eso ya no le interesa aprender, dígame de una vez para no perder mi tiempo con una basura inservible — continúa su discurso lleno de rabia, pero no encuentro fuerzas para justificarme.

—No tengo justificación para mi ausencia de dos semanas, pero le aseguro que repondré todo el tiempo perdido— respondo con cierto grado de vergüenza, pero eso solo hace que suelte una risa sin ganas.

El Doctor O'Brien no es nada paciente, y aunque sus palabras la mayoría de tiempo fueran rudas y sin filtro, no hay nadie mejor en este hospital que él y me llena de orgullo decir que estoy aprendiendo con el mejor, aunque en este momento me esté humillando en la sala de descanso delante de los otros residentes y enfermeras. Las personas a mi alrededor están más que encantadas con el espectáculo que les estoy dando.

—Pues no parece— dice y vuelve a reírse, mientras hace su camino para acortar la distancia entre él y yo —No me gusta la gente mediocre, Williams. Si te estoy enseñando no es porque quiero que más adelante te dediques a criar a los hijos de Harvey, porque si ese es tu futuro soñado, en este mismo momento coge tus cosas y sal de mi presencia— suelta molesto.

Sin pensarlo mucho, le respondo.

—Le aseguro que no es así y en todo este tiempo pienso que se lo he demostrado y mientras siga aquí seguiré demostrándole de lo que soy capaz— digo con el mismo tono que él utilizó conmigo minutos antes y levanto la cabeza para mirarlo directamente a los ojos, sin importarme lo enojado que pueda estar.

—Espero sea así, porque si no te prohibiré la entrada a mi quirófano— susurra más calmado, solo para que yo pueda escuchar, y sus ojos negros enfrentan a los míos.

—Le doy mi palabra— es lo único que le respondo y terminamos la guerra de miradas.

Se da la vuelta y me deja ahí en medio de la sala, inhalo y exhalo con dificultad mientras miro a mi alrededor, lanzando miradas retadoras por si alguien me quiere decir algo, pero todos se dan la vuelta y siguen su camino.

La sala vuelve a quedar semi vacía, con varias mesas y sillas disponibles, busco la más lejana para sentarme y me dejo caer en ella con cansancio. 

Todo me está saliendo mal. 

Las cosas nunca me han sido fácil, pero parece que últimamente se han empeñado en destrozarme. Coloco mis codos sobre la mesa y acuno mi cabeza en medio de mis manos para poder seguir adelante con cada una de estas cosas.

—Así que, ya "el psicópata" te dio la reprimenda de tu vida — su voz me saca de mis pensamientos melancólicos, y sin verla ya sé de quién es.

—Más que eso, y aún sigo tratando de superarla — le confieso a la más pequeña y alegre de mis amigas.

Levanto mi mirada para encontrarme con mi mejor amiga desde que entré a este hospital, Selma Veliz.

—Lo que te dijo O'Brien será nada comparado a lo que te dirá Sophie cuando te encuentre— dice burlona sabiendo como es el carácter de nuestra otra amiga.

—Ni siquiera supe que responderle a O'Brien, peor va a ser con Sophie —murmuro sin ganas.

—Además—vuelve a llamar mi atención con sus palabras —, creo que debes explicarnos el hecho que sigas con ese matrimonio, está bien si no me lo quieres decir ahora, pero me lo tendrás que decir tarde o temprano, porque no planeo ir a una boda que la propia novia no desea ir — dice cortante mientras puntualiza con su dedo índice sobre la mesa, haciendo que me sienta peor porque no sé como explicarles eso tampoco.

ARRITMIA (N)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora