Capítulo 33

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Jon Z, Baby Rasta - Ella te las va a pegar 

Condecoración

Violett

Se me corta la respiración cuando entiendo lo que me intenta decir sin necesidad de escuchar más. Intento tragar saliva, pero el nudo en mi garganta es demasiado grande. Estoy tan perdida en su mirada que ni siquiera recuerdo cómo hacerlo correctamente.

Me pierdo en el mar de sus ojos. Hay una tormenta en su mirada, una que sería capaz de ahogar a cualquiera y me provoca escalofríos imposibles de ocultar.

Él se da cuenta, sabe lo que me hace, siempre lo ha sabido y por eso sus labios me suplican que no abra la puerta, pero su mirada me dice que sí, que lo haga y nos quite este peso de aguantarnos las ganas a ambos.

—¿Cuánto has tomado? —pregunto tras aclararme la garganta porque siento que se me ha secado.

—No lo sé, unas cuatro botellas —murmura sin darle importancia y se queda mirando la botella en su mano unos segundos antes de volver a mí.

Para tener cuatro botellas de whisky encima, está hablando demasiado bien. No parece ebrio, sino embriagado por la necesidad que tiene de que abra la puerta.

Retrocede alejándose del cristal y se tropieza con una mesa que hay en el balcón para cuando me quiero sentar a tomar un poco de aire fresco, pero recupera el control de inmediato. El sonido metálico de la mesa tambaleándose dura unos cuantos segundos más.

Es el único sonido que rompe el silencio que hemos creado, un silencio incómodo cargado de electricidad.

—¿Cómo llegaste a mi balcón? —intento hacer que la incomodidad disminuya.

—Bajé desde el mío —señala hacia arriba como si fuera lo más simple, como si no acabara de jugarse la vida en una caída libre de veinte pisos solo para entrar a mi balcón y, para el colmo, con una botella en la mano.

—¿Bajaste con la botella? —pregunto sin poder creerlo.

¿De dónde la sacó si no bajó con ella?

—¿Estás loco? Te pudiste matar y, tras eso, tenías agarrada una botella a medio beber —regaño enseguida.

Me es imposible no enojarme en sobremanera por su inconsciencia.

—Te escuchas preocupada, doctora Williams. ¿No que desde hoy íbamos a mantener nuestra distancia? —le da otro sorbo a la botella sin despegar su mirada ni un segundo y yo suelto un bufido.

—Pues no estás ayudando mucho porque te acabas de tirar de tu piso al mío —le recuerdo—. ¿Y qué harás para irte? ¿Subir de nuevo por donde bajaste?

Vuelvo a colocar mis manos sobre la cerradura, pero sus ojos me siguen como si me estuviera acechando y parece un gato grande, como un tigre, que intenta darme una advertencia de lo que estoy a punto de hacer.

«Qué lindo gatito, ábrele» —Yin

«Te puede arrancar la cabeza» —Yang

«Que nos arranque las bragas» —Yin

—¿Qué quieres? —termino por alejar mis manos de la cerradura con un poco de cobardía—. ¿Por qué bajaste por el balcón si estás borracho?

—No estoy ebrio —niega y deja la botella sobre la mesa.

Mis ojos siguen cada uno de sus movimientos sin ser capaz de dejar de contemplarlo.

Estoy enojada, pero eso no cambia lo hipnotizante que es todo en él. Sus ojos, nariz, mandíbula, la barba que apenas empieza a crecerle. Y si bajo la mirada, su cuerpo es aún peor.

ARRITMIA (N)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora