TaeHyung y JungKook habían sido una linda pareja en sus primeros años.
Después de la ruptura, jungkook y taehyung nunca se habían cruzado, hasta esas importantes fechas de navidad.
Ambos topan en el aeropuerto de Incheon, sintiendo que todo lo qu...
Su mano presionaba los barandales de la cuna con fuerza e impotencia, aquel corazón suyo tan delicado bajo unas manos tan torpes cayó al suelo y se deshizo en millones de pedazos. En su garganta se fueron tropezando los sollozos que quería dejar salir pero aquello despertaría a su bello bebito pelinegro.
Sus gorditas manitas escondían las sábanas blancas que vestían su cuna, su sueño se hizo pesado después de un día tan movido para él y al ser tan pequeñito no entendía nada.
TaeHyung lo abrazó desde que despertó y él le sonrió con aquellos tres dientitos blancos y sus encías rosadas, sus bonitos ojuelos oscuros se escondían tras sus pomposas mejillas y su papá no podía verle sin sentir su alma apretarse en su pecho, tan bonito ángel no sabía lo que él haría unas horas después.
Con lágrimas descendiendo se sentó al borde de la cama con sus manos aún en la cuna, se negaba a sollozar pero sentía tanto dolor que no era capaz de poner un pie fuera de aquella habitación, no podía siquiera pensar que dentro de unas horas no podría cargar a su bebé y darle pecho, jugar con él y pasar tiempo junto a su pequeño. Era irreal para él separarse de su bollito de amor y verle dormir tan pacifico no era un avance.
"—No abandones a tu hijo, TaeHyung"
¿Qué podría hacer él? Si sus razones para ser feliz suponían un cargo emocional más grande que su poca salud mental, no podía medir sus palabras, no sabía si gritar asustaría a sus cachorros, no tomaba en cuenta los horarios ni fechas, estaba volviéndose loco dentro de un hogar tan pulcro y suyo. Sus cachorros eran pequeños, inocentes criaturas que lloraban sin cesar cuando ellos dos discutían como lobos rabiosos.
Solo que aquel pensamiento se cruzara en su mente era suficiente para hacerle llorar, ¿qué había pasado con ellos? ¿Dónde quedó el amor que se respiraba en aquella casa?
Esos planes llenos de esperanzas que hicieron antes de mudarse y que con orgullo iban cumpliendo, las lágrimas de felicidad que soltaron al saber que serían padres de un bonito cachorro. Habían machacado todo lo bonito de su relación, TaeHyung se dio cuenta de ello cuando se vio solo en la habitación, a su costado estaba su Yeonnie de no más de siete meses, en su vientre un cachorro más de seis meses y medio, él lloraba por los dolores y estaba absolutamente solo. No podía simplemente cargar al otro cachorro y dejarlo en su cuna mientras buscaba ayuda, porque no podía levantarse de la cama.
Ese día fue de los peores en su vida, de los más detestables y en donde se vio más vacío que nunca.
Pensó entonces que JungKook no era feliz con él, que había dejado su amor enterrado cuando las peleas empezaron a surgir, cuando un bebé más se añadió a sus prioridades. Pensó, e ideó, la manera de separarse de él para no hacerlo más infeliz.
Pero no podía con dos cachorros, era imposible lidiar con ambos a la vez siendo tan pequeños y él tan inestable.
De igual manera estaba arrancando su corazón con sus propias manos esa tarde frente a su bebé, un ser tan puro como su hijo no merecía una crianza dada por dos personas irracionales, no merecía crecer entre gritos y sin atención. Cuando cerró la puerta de su habitación se desvaneció. Aquello dolía tantísimo.
Alrededor de diez minutos estuvo contra la pared llorando y repitiéndose a sí mismo que esa era única decisión válida, lo único que él podía hacer por su hijo, le costó un infierno alejarse de la puerta, mordió con tanta fuerza sus labios que ya había roto su piel, aquello era insignificante, no dolía, era superficial.
El daño en su corazón no era comparable.
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Dos semanitas, el pequeño cuerpecito que sostenía con cuidado y amor apenas tenía dos semanas de haber llegado al mundo, sus ojos le apreciaban con determinación y amor, aquella sensación que tenía en el pecho de ser arrebatado de sus manos era inevitable no sentirla. Las yemas de sus dedos se deslizaban con parsimonia sobre su blanca tez, relamiendo sus labios dejó un casto beso en su cabecita.
No podía creer que aquella bella criatura de su vida sería borrada, su pequeño angelito BeomGyu ya no estaría en su día a día y aquello dolía.
El primer día en el que lo vio su mundo se detuvo, en el pecho de TaeHyung fue dejado y no supo si las lágrimas que el castaño derramaba eran de dolor o amor, le abrazaba con tanta destreza, acariciaba su pequeño cuerpo como si se lo fuesen a quitar y tan pronto estuvo en una habitación pidió ver a su más grande bebé.
YeonJun no pasaba del año, de hecho no lo había cumplido, y su papá TaeHyung no estaría en su primer cumpleaños.
JungKook tampoco estaría para el cumpleaños número uno de BeomGyu, ni vería sus primeros pasitos temblorosos, tampoco sus dientes crecer, o su primera palabra, simplemente debía convencerse de que no le vería más. Y era tan doloroso.
En la sala de un hospital TaeHyung sentenció su decisión sobre su rumbo, marcó su vida cuando le mostró un reluciente anillo de plata en una cajita de terciopelo, destrozó su corazón cuando le dijo que ya no le quería.
"—N-No intentes remediar esto... yo ya no te amo..."
JungKook tardó en afirmar que aquello fuera cierto, su cuerpo entero se negó a moverse, aún mostraba la pieza cara y sus ojos pronto comenzaron a cristalizarse, su corazón crujiendo en su interior por el peso de aquellas palabras. Eso no podía ser cierto, ellos se amaban, acababan de tener a su segundo cachorro, tenían una historia que sostenía todo su amor y con sencillez, aquello no encajaba.
No respondió nada, porque no lo comprendía.
Pero llegaron palabras que terminaron por acabar con él, diciéndole que no podía vivir con él por la falta de amor y lo poco que se entendían, y que se marcharía tan pronto pudiera junto a BeomGyu porque YeonJun se quedaría con él.
"—No seas cobarde... —Le contestó— No puedes abandonar a tu hijo, TaeHyung"
"—Contigo estará bien, yo no puedo cuidar de él, aumentarán mi medicación y en un futuro estaré mejor... -Respondió calmado- Pero no puedo vivir contigo, acabaré conmigo mismo si sigo enfrentándome a peleas y terminar llorando solo en la habitación..."
Y cuando le vio llegar al salón con una maleta a rastras, supo que aquello de verdad había llegado a su fin.
Supo que debía cerrar un libro y guardarlo porque la historia que habían escrito había ardido en llamas y era mejor no presionar las hojas incendiadas, estas se romperían.
Le dio al bebé, pero no pudo con aquella imagen.
Su Omega se estaba marchando y tal y como se lo dijo, no volteó hacia él, se marchó sin verle, como si todos estos años no significaron nada.
Se sintieron tristes, heridos y rotos.
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