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En la entrada de la casa se había establecido una montaña de papel de regalo del tamaño de JiMin, cajas de cartón vacías yacían a un lado y el pequeño BeomGyu corría al rededor de ésta diciendo que era una fortaleza de hierro que debía saltar para llegar al otro lado, donde para su sorpresa le esperaba con ansias YeonJun, alias el rey de papel, quien tomaba trozos grandes de envoltorio haciéndolos bolitas para municiones y poder acabar así con Beom.

Mientras los niños se enfrentaban a una ardua guerra llena de gritos y sonidos típicos de las mismas como el choque de las municiones y demás, evadían tocar el tema del que los mayores hablaban ahora. Pasada la noche de navidad, ambos entendían que era hora de despedirse de las vacaciones y por ende, despedirse hasta una fecha indefinida del otro cachorro y de su otro padre.

De hecho los pequeños no estaban preocupados por aquello tanto como lo estaban sus padres, entendían mucho mejor la separación al llegar el fin de sus vacaciones que los mayores, quienes empacaban en las habitaciones con una mueca en común.

Con desgana palpable, TaeHyung doblaba la ropa de su cachorro lo más pequeñita posible para que toda entrase en su maleta correspondiente, alzando sus orbes curiosos al otro lado de la habitación.
El Alfa estaba en la misma labor que él, tomando las prendas con nostalgia y separando lo que era de YeonJun y lo que era de BeomGyu.

Aceptan con el corazón alzado que aquellas vacaciones de navidad un pedazo de su alma se completó perfectamente con el reencuentro, pero deben conceder a soltar sus manos y volver a sus vidas por separado, lo mismo que habían hecho hasta hace unos meses atrás.

Ayer en la noche como las anteriores a esta, sus cuerpos se mantuvieron tan juntos y cómodos, que ninguno quería pensar en cómo serían las posteriores noches, en si de verdad podrían conciliar el sueño con el otro lado de la cama vacío y esa persona que querían se encontrara ausente.

Y añadiendo el peso de sus pequeños cachorritos es solo matarlos de tristeza, mismo sentimiento que les persigue y va de la mano de cada uno.

JungKook no quiere despertar y pensar que en la habitación siguiente le falta un pequeño azabache de grandes ojitos, hacerse a la idea que solo será YeonJun quien con él desayune, cuando lleva dos semanas despertando con el cachorro abrazado a su brazo y compartiendo tortitas en el comedor a primera hora.

TaeHyung no es de menos, YeonJun se ha ceñido a su vida como esa parte que le faltaba para soltar a la tristeza que caminaba a su lado desde que le dejó, la imagen del niño pidiéndole mimos por su dolor en el pecho es la que sin duda alguna, más le perfora el corazón.

Y puesto que no han tocado ese tema hasta el final, TaeHyung y JungKook se están preparando para una vida alejada del otro, para una rutina en la cual nunca verían a su media Luna. Solo TaeHyung sabe las noches que su lobo se ha quedado aullando en busca de consuelo, solo el Alfa conoce los días de soledad que su parte lobuna ha contado para volver a ver a su lobito marrón.

—Supongo que aquello que dijiste solo fue por impulso, ¿cierto? -Le oyó inquirir despacio, ambos estaban de espaldas y sus aromas eran los célebres en aquella habitación, detallando sus emociones.

JungKook bajó la mirada al suelo un par de segundos, aliviando la tensión en sus músculos se dejó caer en el borde de la cama con ambas maletas ya hechas a un lado.

—Fue un impulso que quiero cumplir... -Murmuró con pesadez, alzando sus luceros a la ventana y observando con anhelo los copos pequeños y apenas numerosos de la nieve en el exterior, dejando notar el frío por los extremos empañados del cristal.

TaeHyung hizo presión en sus puños a una chaqueta azul de su hijo, aquellas palabras dándole ilusiones a su corazón y lobo, pero siendo sincero unas ilusiones que tendría que apagar en algún punto del tiempo.

—¿En años? -Volvió a inquirir de nuevo, su pecho cálido por el Alfa mimoso que se acercaba a su lobo a jugar con él, pero la parte humana de éste era incapaz de hacer algo similar en aquella charla tan sofocante para ambos.

Al unísono dejaron un suspiro pausado en el aire, el Omega terminó de dar dobleces a la prenda, girándose con unos ojitos brillosos por las hileras de lágrimas deseosas de descender por sus mejillas.

Pero él no quería llorar, podía soportar una despedida más, podía aguantar la lejanía...

—Espero que no -Respondió el azabache sin verle, crispó sus labios antes de cerrar sus párpados- Lo que me tarde en hacer papeles de traslado, en dejar mi trabajo, en buscar uno nuevo, en empacar todo... no sé, tal vez en unos meses esté tocando tu puerta...

Tan bonito sonaba lo que se planeaba en su cabeza, pero tan distorsionado llegaba a sus tímpanos. No era tan fácil una mudanza de una ciudad a otra y menos con un cachorro a cuestas, minimizando en acciones no sería más sencillo, debía aceptar que trámites como esos durarían mucho más que meses.

—Sé que es triste volver a decir adiós, TaeTae, pero esta vez es seguro que volveremos a vernos, no es algo indefinido...

—Lo es... -Murmuró- Tendríamos que adaptar mi departamento para dos personas más, YeonJun y BeomGyu tendrían que aceptar compartir habitación y no es tan fácil encontrar trabajo en Daegu...

Jeon amortiguó el golpe de sus palabras en una bocanada de aire.

—Yo solo quiero volver a estar contigo, me da igual si tengo que esperar un poco más, no me importa trabajar de lo que sea con tal de tener a mi familia otra vez, TaeHyung...

—No me hables así... -Se quejó por el tono demandante y de reproche con el que JungKook le habló, él mismo Alfa mordió su lengua al darse cuenta de ello- Yo también quiero a mi familia unida... yo... yo quiero a mis dos cachorritos conmigo, a nuestro cuidado... solo...

—Solo tienes que esperar un poquito -Susurró.

—He esperado demasiado...

El castaño avanzó hasta rodear la cama desordenada en la que habían dormido, viéndole con un puchero molesto por su ceñito fruncido, siendo aquello imposible para no sonreírle con ternura.

Extendió sus brazos y el Omega le buscó en desespero, sentándose sobre su regazo murmuró algo inaudible para el contrario, le dedicó besitos en sus dos mejillitas húmedas por las saladas gotitas que por sus bellos luceros salieron, el amor salía por cada uno de sus poros y cuando sus labios hicieron contacto con los contrarios no hubo vuelta atrás.

Degustando el manjar que tenía por Omega, JungKook toqueteó todo aquello que podía, alzando las prendas que le cubrían su febril y morenita piel, pero sintió aquellas mordidas para nada sutiles en sus belfos.

—No -Sentenció en cuanto una de las manos del Alfa apretujó zona prohibida, molesto.

—Será rápido-

—No.

feeling blue | KookVDonde viven las historias. Descúbrelo ahora