El departamento de TaeHyung era pequeño y acogedor, cálido y carismático, en cada rincón había un pedacito de TaeHyung y en las paredes se reflejaba cuán minimalista era. El aroma característico de una casa hogareña se respiraba ahí, por más que se le buscase pegas, aquella casita era una ilustración del Omega.
Un salón mediano con dos sillones de color negro y de terciopelo, detalles mínimos de madera en los brazos de éstos y obviando los cojines blancos y grises haciendo contraste con el resto del salón, uno con colores apagados pero ordenados de manera homogénea y limpia. TaeHyung había vivido allí por cinco años y fue impregnando su personalidad y sentimientos en lo que sería su refugio de la sociedad.
Tenía un niño y algunos detalles desembocaban en la presencia del mismo, como las pintadas con crayones en la pared blanca y los cochecitos debajo de la alfombra haciéndose notar por la elevación, también en la cocina; los dibujos envolviendo la nevera. Beom era un cachorro artista.
Y cuando JungKook llegó a lo que era su espacio personal y más íntimo, se sintió cohibido, como si estuviera invadiendo una zona muy privada y suya, ajena a lo que él tenía como hogar, esas cuatro paredes que estaban llenas de cajas de cartón por su mudanza inesperada y el poco tiempo que le dedicó al embalaje de sus pertenencias.
Entrando a la habitación de su cachorro más chico se le derritió el corazón al instante, Beom abrazaba un peluche y estaba arropado con una manta azul Marino muy oscura, combinada con las decoraciones de su cuarto. Haciendo pucheros acostó al restante en su recámara, viéndoles a ambos suspirar entre sueños y paz.
Se arrodilló a un lado de la cama de baja estatura, los extremos de sus labios se alzaron en una tímida y nostálgica sonrisa apenas apreciable, puesto que se deformó a lo segundos. Cuando salió de Busan pensó en las reacciones de su hijo al verles llegar, en su emoción y en la sonrisa cuadrara que les dedicaría, sus resplandecientes luceros miel...
Había extrañado tanto verle en persona, tomarle entre sus brazos y estrujarle suavemente para hacerle saber que su papá le amaba. El vivo recuerdo de su delicada voz llamándole "papá" le era suficiente para hacer que su pecho se inflara de orgullo y amor.
Supo que había pedido noción del tiempo cuando a su lado se sentó TaeHyung, tocando su hombro y llamándole en susurros, pero el castaño no esperaba encontrarle con sus ojos cristalinos y una expresión de incertidumbre plasmada en su rostro.
—JungKook... -Acariciando el aire con su llamado recibió a cambio un jadeo de dolor del contrario, negando rápidamente y deshaciéndose de las lágrimas avergonzando.
No esperó una respuesta o que repitiese aquella acción que estalló en su subconsciente, sin timidez y muy decidido se abalanzó sobre él, sus brazos rodeando su cuello y obligándole a permanecer en silencio por sus belfos presionando suavemente los suyos, robando sus palabras y suspiros, guardando aquello para más tarde.
Fue castamente correspondido, pues sintió el toqueteo en su cintura y el leve movimiento contra sus labios, sin embargo palpó con sus manitas el dolor representado en gotitas saladas bajando en cascadas por sus mofletes.
Y entonces no pudo contradecir más sus indirectas, con el carmín predominando sus mejillas se separó apenas, lo suficiente para verle directamente a los ojos y descartar opciones solo con conectar sus sinceras miradas.
JungKook frunció sus labios, vio la rotura en los orbes avellanos del Omega, esa sensación de estar roto por dentro y no ser capaz de demostrarlo o decirlo, y la culpa la tenía él. El estado deplorable del castaño en las últimas semanas por su incomunicación le dejaba claro que había afectado de forma u otra.
Y no entendía, TaeHyung debería estarle reclamando y ardiendo en furia por llegar de esa manera tan poco apropiada por la hora de llegada y la caminata infernal a la que sometió a su pequeño -tal vez luego le comentase eso- pero estaba frente a él pacíficamente, buscando un hilo del que tirar para dar con la respuesta a sus lágrimas y al rechazo de ser consolado.
—Kook... -Musitó suave.
—Quiero acabar con tu tristeza, aniquilar el vacío que tienes dentro y hacerte sentir feliz otra vez... -Brillosos luceros fueron expectantes en sus palabras tan llenas de significado para el Omega- El culpable de todo siempre fui yo, maté poco a poco nuestra relación y tú lo asociaste a tu condición...
—E-Eso no es así, JungKook-
—Un buen Alfa no te grita en gestación, no busca callar tus pedidos y reducir la atención que mereces. Te adjudiqué la responsabilidad de YeonJun por mi trabajo muchas veces y tú no dabas a más y debí entenderlo, debí suponer que no estabas bien, pero lo omití...
TaeHyung fue testigo de sus palabras por segundos interminables, únicamente viendo cómo la culpa se disipaba en su pecho, la sensación de agobio y ahogo que sentía por su pasada relación, todas esas críticas a su persona por tomar decisiones que únicamente sonaban bien para ellos dos.
Pero no era bonito. Darle el relevo a su media luna no era la solución a nada, por el contrario nacía la negación a aceptar aquellas palabras, esa espina dolorosa que en su corazón se clavaba no aflojaba su situación, empeoraba todo.
—TaeHyung -Jadeó con su labio inferior temblando, buscando consuelo en su Omega.
—Sea la culpa del que sea, ¿qué más da? -Vaciló en continuar, su lengua pasando por sus labios para humedecerlos- N-No quiero vivir pensando en el pasado, echándote la culpa a ti de errores que nos pertenecen a ambos...
El azabache no satisfecho negó efusivamente tomando sus manitas pequeñas entre las suyas, sintió esas chispas dándole ánimos, la sensación de sostener a alguien tan importante.
—V-Vamos a dormir, acompáñame esta noche a guardar silencio y pensar con calma, los niños duermen y mañana querrán ponerse al día...
—Pero Tae-
—Pero nada, vienes de un viaje en tren cargando pesadas maletas y con YeonJun a cuestas, ¿no piensas descansar? Vamos, quiero dormir calentito con mi Alfa hoy...
Jeon le vio sintiéndose pequeño al ser mimado con suaves toquecitos en su cabeza, como si le estuviera riñendo por algo, esa sonrisa cuadrada le transmitía todo aquello que necesitaba proyectar en su corazón y sus palabras le convencieron a seguirlo por el pasillo, acabando en una bonita recámara llena de blancos y marrones.
Anhelaba abrazarse a él, mantenerlo quieto entre sus brazos mientras brinda besitos discretos en sus rizados cabellos castaños, escuchar tal vez su risita tímida por ser consentido. De solo imaginar a su Omega siendo feliz otra vez, su mundo se coloreaba de ese vivo color que antes iluminaba su forma de ver el mundo, podía rozar la felicidad si él dejaba atrás la tristeza.
Oh maldita tristeza.
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feeling blue | KookV
FanfictionTaeHyung y JungKook habían sido una linda pareja en sus primeros años. Después de la ruptura, jungkook y taehyung nunca se habían cruzado, hasta esas importantes fechas de navidad. Ambos topan en el aeropuerto de Incheon, sintiendo que todo lo qu...
