El universo y el amor traman planes impensados los 356 días del año, esta prohibido ignorar sus señales.
Asher Davies es un profesor de física que lleva un año saliendo con su novia, Erin, y es hora de conocer a su familia. Sin embargo, lo que meno...
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29/07/2011
—¡Vamos, mi madre iría más rápido que tú y tiene 68 años! —gritó Ivelisse sobrepasándolo en un parpadeo.
Asher se desvivió en aumentar la velocidad, impulsado por la única razón de hacerla comer sus palabras. Corrían en una carrera montados en sus bicicletas, envueltos en el aire caliente y estático del verano autor de altas temperaturas. Incluso a esa hora de la mañana el sol quemaba la piel, condensaba la acera y evaporaba hasta tus lágrimas.
Quedaba una calle, sino la rebasaba ahora ella ganaría, sonrió con los dientes apretados porque claro era que no lo permitiría. Llevaba pagando los almuerzos desde hacía un mes, sin contar lo presumida que era la alegórica O'Neal y como esta disfrutaba burlándose de su carente habilidad con los pedales.
Imprimió su energía en ello, se acercó peligrosamente por detrás de la bicicleta amarilla de su contrincante y su risa burbujeante lo contagió haciéndolo disfrutar esto, aunque le dolían los músculos de las piernas estaba embelesado en la imagen delante de sus ojos: el sol emergiendo del horizonte con una lenta caricia a la bóveda azul y el cabello castaño de Ivelisse destellando como si fueran hilos luminosos que atrapaban los rayos del amanecer.
La larga falda de la mujer bailaba como una bandera amarilla proclamando libertad.
Inhaló hondo y aceleró a toda máquina, entonces la rebasó ya al final de la calle con un endemoniado sentimiento de victoria.
—¡Come el polvo O' Neal! —exclamó tirando la cabeza hacia atrás, contemplando el cielo joven y claro.
—¡¿No que eras un caballero?! — cuestionó ella eufórica un metro atrás de él.
—¡Comeré el plato especial de la casa el domingo y no me preocuparé porque tú invitas! —aclaró virando a la derecha.
Aquí se separaban.
—¡Ya veremos la próxima, anciano! — contestó Ivelisse, su voz se oía lejana así que asumía que también había tomado el camino contrario.
Fue un impulso y durante unos segundos miró hacia atrás para verla marcharse antes de continuar su viaje, hoy su compañera desbordaba de emoción porque supuestamente tenía una cita con un amigo se Erin. Ojalá pasara una velada agradable y que el tipo fuera decente.
Siguió pensado en ellos hasta que se cruzó con uno de sus estudiantes, el chico lo saludó y Asher le devolvió el saludo con una seña. Las vacaciones habían llegado, ya necesitaba un descanso de dar clases porque lo tenían un poco estresado.
En este momento iba a la casa de Skye porque su hermana necesitaba ayuda con la instalación de un par de muebles nuevos y como orgullosa testaruda no quería esperar a que Clyde regresara del trabajo.
El viaje le llevó alrededor de veinte minutos, la casa se encontraba en el lado suroeste de Tucson en barrio Nopal, se trataba de una edificación de ladrillo en tono rojo con un porche construido con pérgolas de madera y tinte de cedro con un par de sillas de jardín debajo; las ventanas estaban enrejadas y tenía un patio lateral amurallado. Además del alambrado que dividía la acera del patio delantero lleno de plantas y árboles pequeños en masetas gigantes.