Capítulo 21

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28/10/2016

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28/10/2016

—El océano es hermoso ¿Cierto? —murmuró su madre con los pies sumergidos en las olas que llegaban a la costa.

—Sí, lo es —contestó Ivelisse viéndola mientras la sostenía fuertemente porque ella casi no podía mantenerse en pie.

Aguantó las lágrimas viendo a la mujer más bella del planeta llorar mirando el irrefrenable páramo marino color azul, casi se había puesto el sol; una refulgente esfera naranja sobresalía en el horizonte. Eran ellas dos. Madre e hija en la playa gris perla azotadas por la sutil brisa fría que traía aroma a salado. Podías oír el océano, cerrabas los ojos y podías imaginarte el trueno de las olas chocando la corta hilera de acantilados metros a la izquierda.

La plenitud de ese momento eterno causaba escalofríos.

Ivelisse abrió los ojos cuando sintió que le tocaban el hombro, encaró a Skye con los labios apretados y vio que la mujer traía una silla de plástico con una manta doblada. Se lo agradeció con palabras mudas, solo moviendo los labios y orando que entendiera.

—Mamá —llamó.

—Un momento más... dame un poco más, Lissy —pidió la anciana mujer con angustia.

—Está bien, solo siéntate para estar más cómoda.

La hizo retroceder un par de pasos, lo suficiente como para que los rastros más ínfimos de las olas pudieran tocarle los pies y la ayudó a acomodarse en el asiento, la cubrió lo más que pudo con la manta tratando de que el aire frío no le hiciera más daño de lo que el agua helada del océano ya hacía. Cuando terminó, Moira le tomó la mano para llamar su atención y ella subió la mirada al arrugado, pero luminoso rostro añejo.

—¿Me darías un minuto a solas, cielo?

Asintió y la dejó, regresó sobre las huellas de sus pies marcados en la arena hasta donde Skye estaba sentada —en un pequeño montículo de vegetación—, y se acomodó a su lado, su amiga se limitó a abrazarla sin hacer preguntas que claramente no podía responder ahora. Ivelisse no despegó los ojos de su madre, la admiró como un ser etéreo delante del atardecer, su salud se había deteriorado bastante durante los últimos meses y se vio obligada a permanecer en el hospital un par de semanas; con aquella advertencia se había visto obligada a actuar de manera precipitada y estúpida. Llamó a Skye para pedir ayuda. Renunció a su trabajo para cobrar la liquidación y su último cheque, cargó el tanque de gasolina y condujo con miedo de que el reloj de su madre frenara de un segundo a otro. Manejó enloquecida durante nueve horas directo a la casa de su amiga en Malibú, California.

Ver el océano por última vez, necesitaba cumplir ese deseo y quitarse un peso de los hombros porque ella no era un genio, carecía de magia y lámpara encantada. Simplemente era una hija con un dolor en el pecho donde estaba grabado el nombre de su madre.

Tú + Yo= YellowDonde viven las historias. Descúbrelo ahora