La pequeña Laura

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Tan solo Flora entraba por la ventana era recibida por una linda personita muy cariñosa. Ella era la más joven de sus ahijados y se llamaba Laura.

Debido a su edad, casi todos la consentían, aunque no solo por eso, sino por su dulce y fuerte carácter al mismo tiempo.

Una de esas noches, tan solo llego la hechicera, ella se le acercó y sin más ni más, le pidió a su hada madrina que para su cumpleaños, la convirtiera en un hada de verdad.
- ¿Un hada de verdad? ¿Pero qué dices mi niña?
- Por favor, aunque sea por una noche.
- Está bien, por una noche. Ya sabes cómo es, a las 12:00pm termina el encantamiento.
- Lo sé. Gracias.
- Jajajaja- se reía por las ocurrencias de su pequeña ahijada.

Finalmente llegó el cumpleaños de Laura, así que cuando se levantó, se percató que estaban todos los niños a su alrededor mirándola y curioseando.
- ¿Qué? ¿Qué sucede?- dijo Laura medio asustada-¡ Jaaaaa!- Reaccionó al ver que tenía unas alas transparentes, como si fueran de un hada. Pero no solo eso, vestía como si llevara una flor y era del mismo color que sus alas.
- ¿Qué le pediste exactamente al hada madrina?- le preguntó Esteban.
- Le pedí ser un hada, aunque fuera por una noche.
- Bueno, al parecer lo serás por todo un día.
- ¡Siiiiiii!- gritó Laura.

Entonces comenzó a correr por la habitación, se paró en el centro e intentó mover sus alas. Las miró, cerró los puños y sus alas comenzaron a moverse muy veloz.
- ¿Vieron eso?- les decía a sus hermanos adoptivos. Los cuales la miraban  boca abierta.
- Intenta más despacio.
- Salta para que te eleves.
- No, muévelas más rápido- era algunas de las exclamaciones de los niños. Finalmente, Laura logró moverlas y volar.

Entonces, ante el revuelo de los niños llegó una nodriza. Laura estaba en el techo y allí se quedó en silencio para no llamar la atención, pero ante la mirada de la niña y el sonido de las alas, la nodriza miró lentamente hacia el techo y como si viera algo terrible se desmalló. Los niños se reían y la incitaba a que saliera. Aunque las jóvenes no estaban muy de acuerdo en que la niña se fuera sola por ahí. En eso, llego Flora.
- ¡Buenos días niños!
- ¡Buenos días hada madrina!
- Felicidades Laura. Ya veo que te gustó tu regalo.
- Ajá.... Gracias.
- ¿Listos para dar un paseo?
- ¿Hablaste con las nodrizas?- Preguntó Lorena.
- Si, por supuesto. Prepárense, nos vamos al bosque mágico.
- ¡Siiiiiii!- gritaban todos y corrían a vestirse.

Ya en el bosque, Flora llevaba a Laura de la mano, que intentaba revolotear todo el tiempo. Aún no tenía el control de sus alas, así que iba practicando. A su alrededor habían hadas de verdad, dándole directrices, ella las imitaba y así mejoraba.

Mientras caminaba un pequeño pajarito amarillo se cayó, y Laura bajó a recogerlo, y con mucha ternura se lo entregó a su madrina, para que esta lo sanara. Y así lo hizo, sin mucho esfuerzo este se levantó y continuó su vuelo.

Llevo a los niños a un lugar diferente, de hecho siempre lo hacía. Se trataba de una pradera donde aparentemente había miles de flores de todo tipo, también tres arcoíris, unos más grandes que otros y a lo lejos se veía un pequeño riachuelo seguido por una simple catarata.

Los niños se sentaron a merendar entre la campiña. Isabella fue a coger una de las flores extrañas que había en el lugar, y cuando fue a arrancarla, esta se movió. Entonces ella gritó por el susto, miró a Flora y esta sonrió. Ella la volvió a tocar y la flor se volvió a mover, hasta que hizo un gesto y comenzó a volar, revelándose su verdadera naturaleza, era un hada en forma de flor.

Laura logró dominar sus alas y comenzó a volar entre la pradera de flores. Enseguida todas las flores comenzaron a moverse, y como si fueran girasoles, se movían siguiendo a Laura. Esta se dio cuenta y comenzó a volar para varios lados, hasta que voló más alto y las flores comenzaron a hacerlo también siguiéndola como si era un enjambre de abejas.
La niña comenzó a alejarse cada vez más y las chicas más jóvenes se preocuparon.
- ¿No será imprudente volar tan alto?- preguntó Lorena.
- Descuida, las hadas la protegen.

Cuentos del Hada MadrinaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora