Una vez más, Flora entraba por la ventana con el brillo de la luna observando esperaba a que sus ahijados se acomodaran para dormir. En su caminata notó que una niña estaba sentada muy triste en su cama.
- Buenas noches Dulce- le dijo el Flora.
- Hola- contentó la niña.
- ¿Puedo sentarme a tu lado?- la niña alzó los hombros como si no le importara.- ¿Qué sucede? ¿Por qué estás tan triste?
- Es qué....... No puedo decírtelo. ... te enojarás conmigo.
- ¿Enojarme? Dímelo, quizás no será así.Diciendo esto una pequeña cabecita salió de los hombros de Flora.
- Lucesitaaaaaa- la niña reaccionó al ver al hada.
- ¿La conoces?- preguntó Flora.
- Sí, es mi...... hada. - contentó la niña dudosa.
- No sabía que las hadas tienen dueños.
- Lo sé. Lo siento.- dijo la niña sintiendo su equivocación.
- Por eso estás triste, porque regresé a las hadas.
- ¿Puedo quedármela?
- Dulce, ella no me pertenece. Si ella quiere quedarse o no, ella lo decidirá. Pero ¿Dónde vivirá contigo? ¿Sabes qué necesita? ¿Cómo alimentarla, cuidarla, y todo eso?
- Se que le gustan los dulces.
- Jajajajaja, no me digas. ¿Dulce como qué?
- Como los panquees de Clara.
- Nooooooo, jajajajaja..... las hadas comen frutas, que son dulces pero no por eso necesitan pasteles. Mira pequeña, el bosque encantado es su hogar.
- !No!- dijo la niña enojada dándole la espalda a la hechicera, y cruzando los brazos.
- Bueno...... ya sé que historia hacerles.Los demás ahijados que estaban escuchando la conversación de chismosos, se acomodaron y se dedicaron a escuchar a su madrina. Y esta comenzó como todas las historias de hadas:
Había una vez una hechicera que durante la noche expandió su magia blanca por el bosque y el resultado fueron desde diamantes en los árboles hasta criaturas mágicas, como hadas, unicornios, duendes y demás criaturas mágicas.
Como a las personas les encantan tanto la riqueza, enloquecieron al ver los diamantes, pero eso no les fue suficiente, al ver a las criaturas mágicas se frotaban los ojos sin poder creer lo que veían, y por eso pensaron que si ellos estaban enloquecidos por estos seres, otros también lo estarían.
Por lo que no sólo tomaron los diamantes del bosque, sino que toda criatura mágica que pudieran ver.
Algunos los tomaron y los metieron en sacos, otros en botellas de cristal, otros como los unicornios los amarraron como a los caballos salvajes y así sucesivamente.
- ¡Pobrecitos!- decía Laura- pero tú los salvaste verdad hada madrina.
- Si mi amor, claro.Y no sólo eso, comenzaron a comercializar con ellos, a venderlos como pan caliente. Eso fue de un día para otro, y de esta manera, los pequeños seres mágicos, comenzaban a navegar por los mares hiendo a otras partes del mundo, aunque no por mucho tiempo, pues cuando yo me enteré invoqué un hechizo:
De la magia ha nacido
De la magia vivirá,
No es tuyo, es sabido,
Y por eso volverá.Cuando dije estas palabras, todos los seres mágicos robados fueron devueltos al mismo lugar de donde habían sido raptados. Como podrán imaginar, esto hizo que muchas personas se molestaran, incluso aquellos que habían gastado su dinero en los seres, fueron a recriminarles a sus dueños, comenzando muchas peleas en el reino, teniendo que intervenir la guardia y todo.
- Y así todos los seres mágicos fueron liberados- dijo Laura. Quien miró a Dulce y le sacó la lengua.
- Laura- la regañó Flora- esa es tu hermana.
- Ella tenía un hada.... Esa- dijo la niña señalando al hada que jugaba alrededor de Flora, como una niña traviesa.
- Oh, bueno... y cómo la conseguiste Dulce....... ¿Dulce?
- Lo siento hada madrina.
- Sí, mi niña, está bien, pero dime, cómo la tomaste para ti.
- Yo estaba jugando en el jardín y me senté a comerme mi merienda. Fue cuando vi que algo revoloteó hasta mi pastel, y comenzó a comérselo. Enseguida supe lo que era, cogí un vaso de cristal y quedó atrapada.
- ¿Y la mantuviste en el vaso de cristal?
- Si
- Oh por Dios, no sé cómo está viva. - el hada le dijo algo al oído.- ah claro, bueno..... te salvó la campana, o mejor dicho, el conjuro. En fin... si las hadas no quieren estar contigo, no las puedes tener pequeña.Al decir esto, Dulce comenzó a llorar, el hada sintió pena por ella y se acercó a la niña. Entonces, comenzó a hacer cosas graciosas: se metió bajo la sábana, a bailar, no sabía que monería hacer, y la pequeña comenzó a reírse y secarse las lágrimas.
A veces, hay que dejar ir lo que más amamos, por la sencilla razón que dejándolos ir, le haremos un gran bien. No puedes tener a esta pequeña hada contigo, moriría de tristeza lejos de su hogar.
El hada se le acercó, le dio un besito y con su magia, le hizo una corona de flores. Retirándose junto con Flora del lugar. La pequeña se conformó un poco, y se acostó a dormir, dejando caer una pequeña lágrima de su rosada mejilla.
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Cuentos del Hada Madrina
FantasyFlora es un joven hechicera que salva a unos niños de una bruja de magia de negra, convirtiéndose en su Hada Madrina. Y es así, noche tras noche, ella los visita y les cuenta historias para dormir. Cuentos de hadas, dragones, brujas, princesas y ca...