Atardecer

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Flora aparece de repente en el cuarto del orfanato y sorprende a los niños.

- ¡!Hada madrina!!!- la recibieron sus ahijados.
- Hola niños.
- No te vi llegar- dijo Laura mientras iba a abrazarla.
- Bueno, la brisa suele ser muy sigilosa………. ¿Ya están acomodados?- dijo Flora.
- ¡!!Siiiiii!!

Había una vez un joven pescador que siempre iba a pescar al atardecer, solo para ver la puesta de sol mientras ponía la red  en el mar. Y cuando oscurecía regresaba a su casa.
Una tarde, el pescador salió como todos los demás a tirar su red en el agua y ver el atardecer, solo que no llegó hasta la orilla, pues cuando se estaba acercando, vio una inmensa ola llegar. Creyó que lo alcanzaría pero en vez de eso, notó que en medio del agua levantada salía una hermosa mujer, semi desnuda.

- ¡Desnuda!- dijo un jovencito asombrado, mientras se enrojecía por las burlas de sus compañeros.
- Semi desnuda en realidad, pues la cubría su cabello rojo y algas marinas.

La joven salió del agua como si se tratara de una cortina, y la ola se desvaneció en espuma un poco más lejos de lo habitual.

El pescador se quedó entre los árboles mirando a la joven, pero luego se dio cuenta que no debía hacerlo, y se fue del lugar.

Al día siguiente ocurrió lo mismo, y al otro día también. Así que el pescador prefirió llegar más temprano de lo acostumbrado, pensando que quizás ella al verlo no se atrevería a llegar, pero no.

Llego la ola inmensa y ella volvió a aparecer como si nada. Solo que esta vez estaba un poco más cubierta entre flores y algas marinas.
El pescador la miraba boca abierta mientras ella se acercaba sin dejar de mirarlo:

_ Pensé que no aparecerías,  ¿Dónde estabas?- le dijo la joven exigente.
_Yo, yo…. Yo….. Hum, hum! Yo te vi venir y …… bueno……. Ah……me fui.
_¿Por qué?
_Pensé que te estabas bañando o algo así. Quiero decir….. estas desnuda.

La joven se miró, para volver a mirarlo a él y quedarse los dos mirándose mutuamente. Ella era de cabello rojo sangre, sus ojos azules acua, una piel blanca pero  con un tono azul o verde, y no dejaba de mirar al pescador, quien más rojo no podía estar por la impresión de la muchacha, que no solo era hermosa sino que aparentemente se había fijado en él.
- ¿Quién eres?- preguntó el pescador
- Me llamo Atardecer…….. ¿Y tú?
- ¿Ah…. yo? Me llamo Esteban…….. ¿Por qué estás así?
- ¿Así como?
- Sin ropa
- Bueno…… es que me gusta nadar ¿A ti no?
- Sí, me encanta.
- ¿Damos un paseo?

Y diciendo esto ambos se fueron a nadar a los arrecifes que estaban cerca, nadaron y nadaron, hasta que oscureció y el mar era tan oscuro que no se veían ni sus manos. Esteban comenzó a ponerse nervioso pues no veía nada, y por lo tanto, no sabía cómo volver. Pero ella lo cogió por las dos manos y unió sus palmas con las de ella, las cuales comenzaron a brillar con colores fosforescentes entre azul y verde. Empezó por sus manos, su pecho y cara, el tronco y por último sus piernas. 

Y de esa forma lo llevó hasta la orilla. Esteban estaba sin palabras, ella solo sonreía y así mismo se metió al agua de nuevo.

Al día siguiente, el pescador  volvió a la orilla del mar, y sentado en la orilla esperó a Atardecer que como siempre lo hacía, salía de una ola gigante. Solo que esta vez ella no llegó hasta donde él estaba, sino que lo invitó a entrar al mar junto con ella. Y volvieron a nadar por los arrecifes de coral. Él tuvo que salir para coger aire, y después regresó directo a un barco tan antiguo, que los peces lo habían adoptado como su hogar, entre ellos un tiburón que salió por una ventana justo cuando Esteban iba a entrar, así que el susto fue muy grande. Ella puso su mano en su pecho, y él se calmó, pero necesito subir otra vez.

_ ¿Pero y el tiburón?¿ No se lo comió? _ preguntó Ricardo.
_Bueno, el tiburón siguió las burbujas y el pataleo de Esteban.
_¡Y se lo comió!- siguió una jovencita traviesa
_Nooooo, ¿Puedo contar el cuento?
_Si, si, continúa.

El tiburón siguió el pataleo que hacía Esteban que salía para la superficie buscando aire, y justo cuando se acercaba a sus pies, Atardecer lo atacó con sus uñas, que parecían navajas, aferrándose al animal y derramando su sangre por todas partes, manchando el agua a su alrededor.

Esteban asustado bajó de nuevo buscando a la joven, pero jamás la encontró, ni a ella ni al tiburón, y justo antes de que oscureciera, regresó a la orilla del mar, donde se quedó sentado esperando a que milagrosamente ella apareciera.

_ Se la comió el tiburón _decía tristemente  Leticia _no me gusta esta historia.
_ No sabrás que ocurre hasta escuchar el final.
_Pero si no apareció la muchacha.

Así fue como pasó un tiempo  y Esteban regresaba tristemente buscando a la joven, con la esperanza de que hubiera sobrevivido al ataque. Pero pasó una semana y nada. Él soñaba con ella, lloraba, y vivía angustiado por la idea de haberla perdido para siempre. Su familia se preguntaba qué había pasado que el joven se encontrara tan triste, cabizbajo y suspirando de tristeza por todas partes.

Hasta un día, que justo al atardecer cuando se iba a marchar para su casa, sintió el sonido de la ola gigante que se acercaba. Se viró sonriendo con la esperanza de que fuera ella  y vio iluminarse toda la ola levantada como una gran pared.

Atardecer estaba en medio de la ola, mirándolo, levantó su mano y lo llamó, y él feliz de la vida se acercó al mar, le cogió la mano y entró a la ola como quien pasa por una cortina de agua. Esta se desvaneció, y el joven jamás regresó.

_¿Qué le pasó?
_ No lo sé. Es un misterio.
_ ¿Y ella era una mujer, o una sirena?
_ Aaahhhh, depende como lo veas. Las sirenas son mujeres hermosas que viven en el mar, pero bueno, creo que era un espíritu realmente….. bueno, a dormir.
_Hasta mañana hada madrina.
_ Hasta el próximo cuento.

Cuentos del Hada MadrinaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora