La sirena de agua dulce

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Era luna llena en el reino de la hechicera y los niños se acomodaban para dormir. Una de las pequeñas cantaba con una dulce voz, pues era parte del coro de las niñas del Orfanato y estaba ensayando para su estreno al día siguiente.

La dulce voz de la niña llamó la atención de Flora quien se quedó en silencio escuchando tras la ventana. Cuando ella terminaba de cantar, sus hermanos la aplaudían y eso conmovía a la hechicera quien se apareció como siempre con la luz de la luna.
- Buenas noches niños- dijo Flora
- Buenas noches Hada Madrina- contestaron los pequeños.
- ¿Qué cuento nos harás hoy? – preguntó Lidia.
- Hoy les contaré sobre una Ceasg.
- ¿Una qué?- preguntaron los niños.
- Una sirena de agua dulce.

Una mañana al despertar, me sorprendí muchísimo al ver que a la orilla de mi lago yacía una sirena tendida, estaba como muriendo, como si estuviera en sus últimos momentos de su vida. Me acerqué a ella y pude ver su increíble figura, mitad pez y mitad mujer, su cabello negro era muy largo y caía hacia el lago, mientras que tristemente parecía agonizar.
- ¿Y se murió?- interrumpió Laura con las manos en el pecho. Flora continuó.

La sirena me observaba pero no hacía nada, estaba tranquila, como resignada a su destino.

Entonces fue cuando tomé unos rayos de luz dorados y comencé a crear un polvo, que luego empezaron a dar círculos alrededor de la sirena. Las hadas me acompañaban, una se posó en mi hombro, otras danzaban en círculo con el polvo dorado, dejándose llevar por el remolino que creaba alrededor de la sirena, y esta simplemente respiraba y se dejaba ayudar.

Otros animales curiosos se acercaban a verla, las garzas pavo reales plateados, como siempre, metían el pico de aguafiestas, y yo los hacías retroceder.

Los cabellos de la sirena se alzaban con las luces, ella con sus ojos cerrados disfrutaba de la sensación, y para terminar la sanación, atraje las aguas dulces hacia ella para regresarla a su esencia. Y al parecer nadó y se fue porque después de eso no la vi en todo el día.
- ¡Qué ingrata! ¿No dio ni las gracias verdad?- preguntó Lidia.
- No ese día….. parece que tenía algo urgente que hacer. Pero al día siguiente….

Al despertar vi un rostro sonriente, que con la mitad de su cuerpo en el lago y las manos cruzadas, velaba mi sueño.

Comenzó a hacer unos sonidos con la boca algo raro, yo miré para ambos lados extrañada y luego sonreí. Pero la verdad no entendía nada de lo que me decía. Entonces, bajo al agua y después de un rato mientras yo desayunaba, la vi regresar con tres caracoles diferentes. Uno rosado, uno blanco y otro carmelita.

Tomó el rosado y lo puso delante, y me hizo gestos con la mano como para que hiciera algo. Yo subí los hombros en forma de duda, no sabía que quería decirme, entonces fue cuando deseé que ella hablara, poderla entender, y fue cuando dejó de hacer esos ruidos extraños para hablar como yo.
- Oh, ¿Puedes hablar?- le dije.
- Bueno, si eso fue lo que acabaste de desear, sí, ahora puedo hablar.
- Si, lo acabo de pensar ¿Cómo lo sabes?
- Porque es lo que intentaba decirte, me salvaste ayer, salvaste mi vida, así que te concederé tres deseos.
- Jajajajajaja, ¿A mí? ¿Tu? ¿Tres deseos? Jajajaja.
- ¿Qué es tan gracioso?- dijo la sirena molesta por mi prepotencia.
- Ah bueno, lo siento, es que estoy acostumbrada a ser yo quiero cumple los deseos.
- ¿Quién eres exactamente?
- Soy una bruja, una hechicera de magia blanca, y este es mi bosque mágico.
- Oh….. supongo que vine a parar al lugar indicado ayer.
- Así es.
- Bueno, igual te concederé dos deseos más.
- Jm……. Está bien- sonrió la hechicera- Am……..- no sabía que decir y miraba a todos lados- Bueno, me gustaría que me enseñaras donde vives.
- ¿En serio?.... no quieres riquezas y esas cosas humanas.
- ¿Qué dices? ¿No lo entiendes? Soy una bruja, tengo magia, puedo crear casi cualquier cosa, si quisiera riqueza la haría yo misma.
- Bueno, en ese caso, vamos.

Me sumergí en el agua y mi traje que era en ese momento rosado, se desvaneció, quedándome desnuda por completo. El agua se tiño del mismo color y entonces sentí mis piernas unirse. La sirena me hundió más profundo y mi vista se aclaró aún más bajo el agua. Estaba sin nada para arriba y eso me daba vergüenza así que yo mismo le vestí con la misma tinta rosada. Ella sonrió y me hizo un gesto con la cabeza para que la siguiera.

Eso mismo hice y terminamos cayendo cascadas abajo, una tras otra, eran varias hasta llegar al océano. Allí nadamos entre los arrecifes, y terminamos en una cueva subterránea bastante estrecha e incómoda de pasar, llena de laberintos extraños, incluso estatuas hundidas de algún barco o ciudad. Y nadando terminamos en un río, uno muy simple, sin flores ni nada emocionante.

Ella se sentó y yo hice lo mismo, entonces nos miramos y yo le dije:
- ¿Eso es todo?
- Si- me contestó- ¿Qué esperabas?
- No lo sé, ¿Una ciudad perdida?
- Jajajajaja- nooooo, soy una sirena de río, de agua dulce, me la paso nadando en el fondo de estos riachuelos, pescando, duermo en ese rincón que vez allí, trato que nadie me atrape y eso es todo.

Miré a todo mi alrededor decepcionada y le pregunté- te molesta si transformo algunas cositas.
- Si, este es mi hogar, y me gusta así mismo.
- Está bien, está bien.
- ¿Cuál es tu tercer deseo?
- Mi deseo, mi deseo…….

Yo no sabía que pedir, no tenía idea de la magia que la sirena pudiera tener así que buscaba algo relativamente simple, cuando diciendo “mi deseo” recordé lo mucho que extrañaba a alguien.
- ¿Alguien?- preguntó Laura con risa pícara.
- Si, una persona especial.
- ¡¿Quién?!- dijeron todos a coro.
- Bueno, no griten.
- ¿A quién extrañabas hada madrina?- seguían insistiendo los niños.
- Creo que se los diré otro día.
- Nooooooo- dijeron a coro.
- No se vale- dijo Esteban.
- Termina el cuento bien hada madrina- dijo Lidia.
- Ya terminé el cuento y esa es otra historia.
- El hada está enamorada- decía Laura en jarana.
- Laura…… a dormir.

Y apagando la vela dejó a sus ahijados que se conformaron con que otro día les contara con quién se encontró el hada madrina, tras regalarle la sirena su tercer deseo.

Flora regresó a su lago y se acostó pensando en la sirena de agua dulce, la ceags. Y en el hecho de que por muy poderosa que fuera, no significaría que quizás, no hubiera seres más poderosos que ella.

Cuentos del Hada MadrinaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora