Fiesta de Diamantes

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Había una vez, una hechicera caminaba por el bosque en medio de la noche, este estaba tan oscuro que ella sintió que debía iluminarlo un poco y por eso, con la luz de la luna, se transformó en una brisa plateada que comenzó a vagar por todo el boscaje.

Enseguida aparecieron miles de diamantes que al ser reflejados por la luna, brillaban como estrellas caídas, y así el bosque se iluminó y se embelleció al mismo tiempo. Pero no por mucho, pues al día siguiente, una campesina que acostumbraba a amanecer muy temprano en la madrugada, notó el brillo de los diamantes que ahora brillaban con la luz del sol, y al acercarse y averiguar, enloqueció y comenzó a darle gritos a su esposo de que la ayudara a recogerlos.

Pero al hacerlo, despertó a todos los vecinos también, los cuales comenzaron a hacer lo mismo, y en pocas horas había toda una muchedumbre recogiendo diamantes por todo el bosque hasta que llegó el rey creando un perímetro y prohibiendo la entrada.

No obstante, ya los campesinos habían recolectados suficientes diamantes para enriquecerse, estaban tan felices que desearon hacer una gran fiesta, y así fue como se hicieron trajes lucrosos, adornaron sus casas y calles para celebrar.
- ¿Cómo fue que no me enteré de esa fiesta?- decía Laura
- Jajajaja- los niños se reían
- No lo sé, supongo que los niños no van a las fiestas en el pueblo, - ¿Puedo continuar?
- Si, si, si

El día de la fiesta se preparó mesas en medio de la calle, con abundante comida y bebida, pues los campesinos ya se sentían ricos y poderosos. Y cuando llegó la noche, la música comenzó a sonar, los músicos lucraban sus diamantes, parecía que el público y el artista serían lo mismo.

Y apenas la música comenzó a escucharse, salieron de sus casas las mujeres haciendo gestos de danzas mostrando sus lujosos trajes adornados con diamantes.

Ellas comenzaron a bailar por todo el pueblo, y después aparecieron los hombres, quienes las acompañaron bailando también, y así terminaron las parejas danzando alrededor de una fuente.
Bailaron como nunca, no parecía importarles ni la comida de las mesas, ni el permiso del rey para la fiesta, ni los guardias que observaban cerca pero sin intervenir. La música tocaba, y ellos como si estuvieran encantados, bailaban como si fueran de la realeza, en vez de campesinos.

Pero bueno, tras una larga jornada tan exhaustiva, el hambre comenzó a aparecer, y así se fueron incorporando al banquete, hasta que terminaron comiendo y bebiendo como locos. Los que ya terminaba, se paraban a seguir bailando y así les daban paso a los demás.

Eran las 4:00am de la madrugada y la fiesta no paraba, la gente seguía bailando, comiendo y bebiendo. De pronto, un gran silencio, aparecieron guardias del rey por todas partes creando una hilera y dando paso a la carroza real.

En eso salió el rey, quien comenzó a caminar en medio de todos con las manos detrás, se acercó a la mesa, cogió un trozo de carne de cerdo asado, y se lo comió.
- Mmmmmmm ¡Que rico está esto! ¿Quién lo cocinó?
- Fue en la casa del carnicero majestad. - dijo un hombre medio dudoso.
- Y díganme ¿Quién autorizó esta fiesta?
- La muchedumbre hizo un silencio enorme, solo se escuchaban algunos grillos.

Entonces todos se inclinaron y se escucharon algunos comentarios.
- Lo sentimos majestad
- Solo celebramos nuestra buena fortuna
- Usted es un buen rey.
- Sí que lo soy- dijo el gobernante- los perdono y ¡Que siga la música!!!!!!!- gritó el rey alzando una copa.
- ¡!!Ehhhhhhh!!!!!- gritaba la gente

En eso otro silencio más, salió de la carroza una hermosa joven lustrando un traje rebosado en diamantes, uno encima de otro, combinado con sus joyas en diamantes también, incluyendo una corona.

La muchacha bajó los escalones y ayudada por su padre el rey, fue llevada al centro del salón, haciendo una reverencia y al comenzar la música, siguió bailando hasta que fue sustituida por su hermano. El rey prefirió sentarse en medio de la mesa a comerse su cerda asado.

Luego aparecieron artistas que con sus trucos de magia y sus chistes divertían a la multitud, especialmente al rey que no paraba de reírse con una voz muy alta y gruesa. Además, la música y los dulces atrajeron a los duendes del bosque que inocentemente se subieron a la mesa a comer como si fuera ratones o niños pequeños. Pero eso no duró mucho, pues enseguida los atraparon y los metieron en jaulas, para venderlos o regalárselos a las niñas como juguetes.
- ¿Y jamás pararon?- preguntó Elizabeth
- Claro que sí. ¿Acaso vez una fiesta ahora?- los niños se asomaron a la ventana, y sólo se veían casas encendidas y se escuchaban los grillos.

Ya cuando estaba amaneciendo las parejas se recogían saludando al rey y la princesa, los cuales se quedaron dormidos en la mesa. Y no fue hasta que salió el sol que el rey se despertó y se lo llevaron a dormir a su alcoba.
- ¿Hada madrina?- preguntó Laura
- ¿Puedes regalarme un diamante?
- Quizás otro día.......pero tranquila, mientras yo esté viva, a ustedes nada les faltará..... ahora a dormir.....

Los niños se acurrucaron y se acostaron. Flora apagó la vela, se acercó a donde estaba Laura y le dio un beso. Para luego desaparecer entre las sombras.

Entonces la pequeña al acomodarse en la almohada, sintió algo duro y la levantó, haciendo un gesto de sorpresa.

Cuentos del Hada MadrinaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora