CAPÍTULO XI
Me levanté de la cama con un horrible dolor de estómago que hizo que fuese corriendo al baño para vomitar.
Empezamos bien el día.
Apoyé mi espalda en la pared, sentada en el suelo, sin separarme por si volvía a vomitar. ¿Por qué me encontraba tan mal?
Ahogué un quejido cuando mi teléfono resonó en mi bolsillo. Cuando encendí el móvil con pereza y mal humor, la pantalla se iluminó mostrándome un mensaje de texto del chico tormenta.
—"¿Has muerto o algo? Sería una pena, porque tenía pensado ser yo quien te secuestrase."
No pude evitar teclear con protesta a su comentario sarcástico.
—"Cállate".
–"Ey, tranquila, ¿qué te pasa?"
—"Me pasa que quiero echar mis intestinos por la boca".
—"Que refinada eres a veces, de verdad".
—"Siento que soy un basurero por dentro de ácido, no estoy para ponerme a hablar como una princesa precisamente mientras me muero".
—"Eres una exagerada".
Puse los ojos en blanco aunque no pudiese verme.
—"Tu no sabes por lo que estoy pasando".
—"Créeme que sé lo que es una borrachera".
—"Oh, mis disculpas, fuck boy arrebatador" —ironicé.
—"¿Acabas de decir que soy arrebatador?"
—"Era sarcasmo".
—"Ya claro, hasta que deja de serlo".
—"Pues sinceramente espero que siga así durante un largo tiempo".
—"Pero no has dicho que no".
—"¿Cómo quieres que lo sepa? No te he visto lo cara".
Y aquello era cierto. Desde que habíamos empezado hace unos meses a hablar, la idea de una llamada con él me inquietaba bastante. No porque no fuese alguien que yo no creía, eso estaba claro, si no que... me ponía nerviosa la idea de estar "cara a cara" con él.
—"Pero porque tú no quieres. Ganas a mí no me faltan".
Quise golpearme contra la tapa cuando sentí mis mejillas incendiaban rápidamente. ¿Qué demonios me pasaba?
—"Cuidado que te declaras sin querer".
—"Sí, pero por lo visto el borracho aquí soy yo, ¿no?"
—"Yo no estoy borracha".
Y era cierto, en ningún momento de la tarde de ayer había
—"Ya claro, eso dicen todos hasta que vomitan en los pies de sus padres".
—"Qué asco, ahora tengo más ganas de hacerlo".
—"Esa era la intención, torbellino ;)".
A pesar de escuchar a mi madre gritar que abriese la puerta en la planta baja, suspiré tras lavarme los dientes y responder al mensaje de mi amigo.
—"Entonces creo que te odio".
—"No lo haces".
—"Espera —desvié el tema, que se estaba empezando a tornar hacia donde no quería— ¿estamos iniciando una conversación cliché en la que uno de ellos termina declarando su amor infinito al otro? "
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Exhala
RomanceDanielle Evans. Una chica demasiado madura como para considerarse una niña pero demasiado inestable como para ser un adulto. A lo largo de su corta vida ha tenido que soportar tempestades desastrosas, muertes, gritos y dolor. Todo ello la llevó a...
