Epílogo

89 16 18
                                    

Para celebrar los 4k, os hago este capítulo. Seguramente haga un extra explicando quién era la persona que le avisaba al principio por mensaje de que sus amigos  no eran de fiar.

Al terminar este capítulo, te ruego que leas mi nota de autora de despedida:)

Si queréis, os pediría que dejarais vuestra opinión en el tablero de mensajes.




Apenas fui consciente de que mis dedos se enroscaban en la madera de la ventana antes de salir por ella.

Me senté en el tejado de la casa, y observé a la figura que miraba el precipicio a mi lado. Suspirando, me acomodé junto a él mientras las frías temperaturas del invierno congelaban mi piel bajo su sudadera. Me estremecí.

—Hoy hace un año de su muerte.

Su voz sondo casi en un susurro. Giré mi cabeza para mirarlo. Aquel día en el precipicio, antes de que yo me hubiese enterado de quién era en verdad el chico tormenta, su padre había aparecido una vez más en la sala para llevárselo a otro país. Pero él no lo aceptó, puesto que confirmó mi identidad en el momento en que me vio llorando por su cuadro. Él no había dicho nada, y había preferido que fuese feliz con otro hombre, aún sabiendo lo mucho que me deseaba, porque sabía que aquello era lo mejor para mí.

Su padre lo había seguido hacia el acantilado, donde él, harto de todo, amenazó con saltar. Tras una larga pelea, su padre descubrió que él era el culpable de todas las desgracias de su hijo, y decidió ponerle fin a su tortura muriendo por él. Aún había días en los que Aiden se despertaba gritando desesperado por el viejo recuerdo de su padre, que cada vez era más confuso.

Aún recordaba cómo me había mirado el día en que había preguntado mi nombre en casa de Kenneth para después mirar a su hijo y atacarlo.

—Tú no tienes la culpa —susurré tomando su mano.

—Ya no recuerdo el sonido de su voz —murmuró con la mirada perdida—. Tan solo recuerdo el miedo que él me hacía sentir cuando...

—Aarón. Para.

Su mirada regresó a mí y esbozo una triste sonrisa.

—Al menos ahora puedo estar contigo sin miedo de nada.

Sonreí y le di un corto beso antes de tomar mi teléfono móvil y teclear un mensaje. Él frunció el ceño sin poder evitar una sonrisa y me miró con diversión.

—"Tu perfil está mal redactado. Cuando mueres no logras ser libre".

Lo leyó con una sonrisa.

—¿Volviendo a dónde todo comenzó?

Entreabrí mis labios.

Hablando de eso... —me fue imposible negar la sonrisa que ahora surgía de mis labios—. Tengo algo para ti.

Rebusqué en el interior de la habitación y volví a sentarme a su lado con el regalo a mi espalda. Cuando lo tendí hacia él, sus ojos se llenaron de lágrimas de felicidad y nostalgia. Le entregué mi ejemplar de "Exhala", aquel que había reconstruido yo misma para él.

—El fuego del incendio destruyó el original, aquel que tu padre te había regalado... Así que decidí volver a escribirlo yo misma.

Negó varias veces con la cabeza, sin poder creérselo. Las lágrimas se deslizaron por sus mejillas, pero mi mirada no se apartó de su par de ojos grises conmocionados.

ExhalaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora