Ante último capítulo chicos :)
CHICO TORMENTA
Hace diez años
Jamás pensé que el color blanco se vería tan escalofriante. ¿Cómo un tono tan bonito, tan pacífico y armonioso, podía quedar en aquel uniforme tan macabro?
—Niño, ven conmigo.
—No.
—¿Cómo que no?
—Pues que no. Pareces una loca.
La profesora abrió la boca de par en par y miró al reflejo de lo que en aquel entonces era un asustado niño de nueve años: yo.
—¿Ves normal comportarte así conmigo?
—Papá me ha dicho que debo tratar mal a los desconocidos para que se enfaden y no les apetezca preguntar más.
La mujer abrió los ojos de par en par. Miró a ambos lados de la carretera, esperando ver el coche de mi padre aparcado. Mi corazón tembló contra mi pecho cuando una niña corrió a abrazar a su madre. Aparté la mirada.
—¿Dónde está tu padre, cariño?
Fruncí el ceño. No debía hablar sobre eso con nadie. Los malvados policías podrían venir a por mí y separarme de mi padre.
—No lo sé. Habrá vuelto a llegar tarde.
La mujer ladeó la cabeza, esbozando una triste sonrisa.
—¿Suele hacerlo?
Me alcé de hombros, asintiendo.
La profesora suspiró de nuevo, agotada.
—Está bien.... ¿y tu madre? ¿No puede venir a buscarte?
—Mi madre es una bruja.
En el momento en que aquellas palabras salieron de mi boca, la mujer saltó hacia atrás, sobresaltada. Al darse cuenta de que se encontraba ante un niño, pestañeó confusa, con una sonrisa forzada.
—Oh... está bien —volvió a pestañear— ¿Te ha dicho tu padre esas cosas?
—Sí. Es para que no vengan los señores de azul y rojo.
Ella asintió, confusa.
Fue entonces cuando un hombre alto de facciones marcadas se puso ante nosotros. Con las mejillas extrañamente rojas, la profesora comenzó a hablar.
—Señor Evans, lamento mucho la propuesta de divorcio de su mujer.
El atractivo hombre negó con la cabeza, forzando una sonrisa triste.
—Le agradezco sus condolencias, señorita.
Viéndolo todo desde abajo, sacudí la mano de mi profesora, tirando de su falda.
—Señorita, creo que se le está quemando la cara —hablé preocupado—. Debería de echarse agua como un dragón.
El hombre reparó en mi presencia y, cuando volvió a mirar a la profesora, esta se había convertido en un tomate. El señor rió y me miró.
—¿Y tú quién eres?
Entrecerré los ojos con desconfianza, apuntándolo con un dedo.
—¿La pregunta es.... quién eres tú?
—¿Quién quieres que sea?
—El amigo de mi profe. Está muy sola.
La profesora apretó mi manom forzando una risa nerviosa, y yo salté.
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Exhala
RomanceDanielle Evans. Una chica demasiado madura como para considerarse una niña pero demasiado inestable como para ser un adulto. A lo largo de su corta vida ha tenido que soportar tempestades desastrosas, muertes, gritos y dolor. Todo ello la llevó a...
