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CAPÍTULO XVIII
La puerta del taxi se cerró con su fuerte estruendo. Cuando la chica y Alejandro desaparecieron a lo lejos, al interior de la fiesta, el ruido volvió a dominar el ambiente y me vi a mí misma caminando hacia un lugar más apartado. Concretamente, caminé hacia uno de los pasillos donde tan solo se encontraban un par de parejas devorándose mutuamente. Alcé la mirada cuando alguien gritó mi nombre.
—¡Evans, espera!
Iván, el chico que me había traído a la fiesta, estaba de nuevo ante mí, ignorando a aquellas parejas.
—Te he estado buscando, ¿dónde demonios estabas? No te encontré por ningún lado.
—He estado por ahí.
—Te pedí que no te movieras de sitio.
Me crucé de brazos.
—¿Acaso pretendías que te esperase todo el tiempo sentada?
Al percibir el timbre de mi respuesta, Iván se apresuró a decir:
—Lo siento, no quería decirlo así. Supongo que tienes razón.
Bufé.
—Pues claro que tengo razón. Siempre la tengo.
—Tampoco te pases.
No puede evitar sonreír ante su comentario. Su mirada brilló.
—Quiero llevarte a un sitio.
Alcé una ceja y permití que me arrastrara por la fiesta hasta llegar a la zona de pasillos oscuros, donde se paró.
—Espera aquí, voy a por una venda.
—No me gusta lo sadomasoquista, Iván —burlé.
Con una risa, el joven desapareció y yo permanecí quieta, aguardando. El nerviosismo volvió a mí y decidí hablar de nuevo.
—"No sé que te pasa, y ahora mismo tan solo quiero asesinarte lentamente, pero por favor, dime al menos si estas bien. Si te he hecho algo no hace falta que vuelvas a hablarme, tan solo dime que estás a salvo".
El miedo por sus problemas familiares y bromas sobre la vida tomaron protagonismo en mi mente. ¿Y si había decidido terminar con todo? No pude pensar en nada más porque poco después, unas manos cubrieron mis ojos, impidiéndome nada más. Sentí su figura contra mi espalda.
—¿Acaso me vas a matar?
Escuché como chasqueaba la lengua y dejé que me guiase hasta una habitación, aún sonriendo.
—¿Estás preparado?
Un escalofrío me recorrió de arriba a abajo cuando una voz masculina que no era la suya dijo:
—Sí.
Aquellos brazos me empujaron hacia delante y me tambaleé, logrando ponerme de pie. La puerta se cerró a mi espalda y me quedé completamente a oscuras. En la oscuridad, uno de mis peores miedos. La paranoia de tener gente a mi alrededor comenzó a invadirme, haciéndome temblar y sentirme diminuta. Miré a todas las esquinas, pero no había luz, ni salida.
—¿Qué demonios es esto, Iván? Deja de jugar.
Fue entonces cuando una llama diminuta se encendió. Jadeé por los recuerdos que amenazaban con volver a mi mente. Pero la llama no iba hacia mí. Aquella llama iba hacia una maqueta con forma de mansión... o de orfanato. Tropecé sobre mis pies. Mi orfanato.
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Exhala
RomanceDanielle Evans. Una chica demasiado madura como para considerarse una niña pero demasiado inestable como para ser un adulto. A lo largo de su corta vida ha tenido que soportar tempestades desastrosas, muertes, gritos y dolor. Todo ello la llevó a...
