CAPÍTULO XVI
La seda roja se pegó a mis caderas cuando me puse aquel vestido que me habían regalado hacía meses. Tomé mis tacones negros y mi chaqueta de cuero y me miré en el espejo.
Por primera vez en mucho tiempo había hecho el intento de regresar a mi antigua vida, aquella dominada en gran parte por las risas, a pesar de que tuviese puntos bajos. Pero al fin y al cabo ninguna vida era completamente buena, siempre habría un defecto contra el que enfrentarse, y debía estar preparada para asumirlo y defenderme. No volvería a cometer los mismos errores que en el pasado.
Saqué mi teléfono con una sonrisa.
—"No puedo imaginarte en una fiesta".
Su respuesta llegó más tarde que de costumbre.
—"Yo tampoco".
Moví mis dedos nerviosa, sin saber muy bien qué decir después de eso.
—"Al final voy a ir con un viejo amigo".
—"Genial".
—"No sé cómo será, ¿pero merece una segunda oportunidad, no?
—"Sí, claro que sí".
—"Espero que todo vaya bien".
—"¿Qué es lo que pretendes con todo esto, Danielle?
En los últimos días había utilizado con más frecuencia mi nombre, y sus palabras era más cortantes que de costumbre. Apreté la pantalla bajo mis dedos.
—"¿A qué te refieres?"
Tardó en responder.
—"Déjalo, qué más dará".
Esta conversación se había vuelto demasiado incómoda. Quizás no debería de haber sacado el tema de mi amigo.
—"¿Te pasa algo?"
—"¿Por qué me iba a pasar algo? Simplemente me alegro por tí. Al fin lo conseguiste.
—"¿El qué?"
—"Salir adelante".
Algo dentro de mí se aflojó al ver que aquellas palabras no eran las que pensaba. Esto no tenía sentido, ¿qué estaba haciendo?
—"¿Seguro qué es eso?"
—"¿Por qué siempre me preguntas si estoy bien? Ya te he dicho que sí, no tiene nada que ver contigo".
Hice una mueca cuando una punzada se enterró en mi pecho.
—"Vale, vale, tranquilo, no te pregunto más".
—"Ok".
Apagué el móvil con un mal sabor en la boca, sintiéndome peor de lo que esperaba.
¿Había sido mi error sacar ese tema? Tal vez si no lo hubiese hecho él habría hablado como siempre, con su sarcasmo y sus ganas de molestar habituales.
Un pitido sonó en el exterior de mi casa, despertándome, y me atreví a arrastrarme hacia la ventana de mi habitación, para mirar por ella. Al verlo con su moto parado bajo mi puerta, no pude evitar hacer una mueca.
—¿Acaso te crees Romeo, Daniel? —me burlé.
—Solo para ti —sonrió.
—Me pregunto a cuántas mujeres les habrás dicho lo mismo.
ESTÁS LEYENDO
Exhala
RomanceDanielle Evans. Una chica demasiado madura como para considerarse una niña pero demasiado inestable como para ser un adulto. A lo largo de su corta vida ha tenido que soportar tempestades desastrosas, muertes, gritos y dolor. Todo ello la llevó a...
