Danielle Evans. Una chica demasiado madura como para considerarse una niña pero demasiado inestable como para ser un adulto. A lo largo de su corta vida ha tenido que soportar tempestades desastrosas, muertes, gritos y dolor.
Todo ello la llevó a...
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CAPÍTULO XIV
Danielle Evans
—Dame la mano.
—¿Qué?
—Dame la mano.
—¿Para qué quieres que te de la mano?
—Hazme caso, dame la mano.
Suspiré y le tendí mi antebrazo. El chico de la entrada trazó un símbolo sobre mi piel con aquel rotulador azul mientras yo lo miraba fijamente.
—¿Qué es eso?
—El símbolo de una secta —lo miré con los ojos abiertos— ¿Qué va a ser, mujer? ¡Pues la entrada a la fiesta!
—¿Fiesta? —fruncí el ceño— ¿Qué fiesta?
El chico me miró como si fuese una total inútil.
—¿Pero tu eres de este planeta o qué te pasa? —chasqueó los dedos— ¡Fiesta! ¡la fiesta!
—¿De quién?
—¡La fiesta!
—Que sí, ya me has dejado claro que hay una fiesta —logré decir por encima del ruido—, digo que de quién es.
—Ahh —sonrió—. Ni idea.
—¿Ni idea? —repetí— ¿No lo sabes?
—No —contestó— ¿A quién le importa? Lo importante es que va a haber una fiesta esta noche.
Asentí y me alejé replanteándome si aquel chico sabía otra palabra en su vocabulario que no fuese "fiesta". Caminé por los pasillos y llegué hasta el grupo que se encontraba hablando en una esquina, entre risas.
—¿Qué tenéis pensado para esta tarde? —pregunté.
Había conocido a los chicos por Victoria, y aquello me había salvado de estar sola. Maya dio un sorbo a su bebida mirando hacia una de las aulas y el resto se giraron a mirarme, a excepción de Adam, que tenía la una mirada desconfiada fija en la mi mejor amiga.
—Morirme, ¿y tú? —contestó Alisa mientras observaba a un punto fijo entre la multitud. Aquella chica era de los más extraña, aparecía desaparecía sin dar explicaciones a nadie en cualquier instante. Yo no sabía muy bien si considerarla mi amiga.
—Si sigues diciendo eso la gente se pensará que lo dices en serio —le susurró Mateo. Alisa dio un fuerte sorbo a su batido.
—Es que lo digo enserio.
—Vamos, Alisa, tú no tienes depresión.
—¿Cómo sabes si la tengo o no? ¿Acaso estás dentro de mi cuerpo?