Capítulo 6: Una sonrisa en la oscuridad

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                             CAPÍTULO VI—Es perfecto

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                             CAPÍTULO VI
—Es perfecto.

Negué con la cabeza, observando el mismo punto que ella. Aún apoyada en la pared, analicé como el chico se llevaba el café negro a los labios mientras hablaba con sus amigos.

—Alguien que toma el café en un recipiente de papel nuevo no puede ser de fiar.

Ambas giramos hacia Mateo, interrogantes.

—¿Qué tendrá que ver? —exclamó Victoria, y los demás suspiramos sabiendo lo que se venía.

—Deja de gritar, me duele la cabeza —respondió en nombre de todos Adam.

Nos escondimos detrás de un pilar disimuladamente cuando uno de sus amigos miró hacia nuestra dirección, en busca de su novia. La chica estadounidense pasó por nuestro lado ignorándonos y se paró junto a su pareja. Varias personas les sacaron fotos.

—No me fío de él, Victoria, así de sencillo —finalizó Mateo tajante.

—¿Pero por qué? Es de fiar, hacedme caso.

Fue mi turno de meterme en la conversación mientras daba un sorbo a mi batido de chocolate.

—Apoyo al inútil de Mateo —se escuchó una queja por su parte pero la ignoré—. Ese tio no es de fiar.

—¿Por qué lo dices, Danielle? —mi amiga miraba con fastidio al pasillo.

Apunté con mi dedo a lo lejos la figura del joven al que estábamos acosando como psicópatas acosadores.

—Mira su forma de apoyarse en la taquilla. Tiene una postura tensa, atenta a su alrededor, y eso que está con sus amigos, con la típica expresión de bully que todos llevan, por lo que está esperando atacar hasta a sus propios amigos. Trata a la chica de su lado como si fuese un objeto, fíjate en su mirada, los párpados los mueve hacia el lado contrario cuando habla, y agarra el café con el meñique alejado y algo de fuerza e inquietud. Lo que indica que es una persona impulsiva, agresiva y muy pero que muy egocéntrica y arrogante. Además, fijate en la posición cruzada de los pies, cualquiera que sepa algo de lenguaje corporal sabe que eso no es bueno.

Todos giraron para mirarme sorprendidos mientras daba un sorbo a mi batido de chocolate, perdida en mis pensamientos. Un estudiante pasó por nuestro lado en dirección a la puerta. Finalmente, Mateo habló.

—¿Cómo coño sabes todo eso?

—Leer y observar, ¿algo tendré que saber hacer, no?

—A veces me das miedo —su respuesta me hizo omitir una risa mientras tomaba un sorbo.

—Beneficios de pasarse el día leyendo.

Victoria pestañeó varias veces y se tornó hacia nosotros.

—Voy a hablarle —soltó de golpe, reuniendo las fuerzas para parecer inmune a los nervios.

Todos permanecimos en silencio varios segundos, aguantándonos, hasta que, sin poder resistirnos, empezamos a reirnos de su estupidez a carcajadas.

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