(MARATÓN 2/2)
CAPÍTULO XXI
DESCONOCIDO
Hace un año
Jugueteé con mi cuaderno de dibujo entre los dedos. No paraba de pensar en las palabras de mi padre.
—"Corta toda relación" —había dicho él, sin importar mis sentimientos por ella.
Tomé mi teléfono entre mis manos, aún nervioso. No quería hacerlo. No quería echar a perder todo por lo que había luchado. Después de encontrarla después de tantos años, aunque ella no fuese consciente de ello, lo único que quería era ir a verla y estrecharla entre mis brazos mientras suplicaba una y mil veces que me perdonara por abandonarla sin mirar atrás aquel día. Yo había ido a las habitaciones de las niñas, pero ella ya no estaba allí. Fue por eso que huí hacia el bosque, donde tiempo después los policías me encontraron y me llevaron a mi nuevo hogar. Fue por eso que abandoné a mí chica tormenta.
Mi padre adoptivo, había decidido secuestrarme cuando mi madre biológica apareció de verdad, dejando tirada a su propia mujer, aquella señora que me maltrataba física y psicológicamente a diario. Mi madre real había perdido toda pista de mí paradero, y cuando la policía nos encontró, huimos a la granja. Ella no tenía derecho a tenerme como hijo, ya que no disponía del dinero necesario para mantenerme, y en cuanto nos encontrasen, yo sería llevado a un orfanato y mi padre adoptivo iría a la cárcel junto a su mujer.
Por tanto, Danielle Evans era lo único que me daba la estabilidad que necesitaba. Y ahora necesitaba borrarla de mi vida, o si no mi padre adoptivo se encargaría de hacer desaparecer tanto a mi madre biológica como a ella misma. Después de que mi padre fuese asesinado por ser un ladrón, mi madre había quedado sola, sin dinero, con la única opción de prostituirse a cambio de un plato de comida para mí. Pero aún así, fui arrebatado de sus brazos cuando ella dio el permiso para dejarme en un orfanato, ya que, según ella, aquello era lo mejor para mí.
Entré en el chat y mi corazón se encogió al ver todos los mensajes que ella me había dejado. Maldije por lo bajo con los ojos llenos de lágrimas al leer su "todo se está desmoronando". No quería hacerlo, pero no tenía otra opción, porque sentía como si el frío cañón de una fría pistola me estuviese apuntando a la parte trasera de la cabeza. Pensaba que había muerto. Ella de verdad lo creía. Y debía seguir así para no meterla en esto. Porque sabía que, si revelaba quién era en realidad, ella vendría a buscarme.
Armándome de valor, envié aquel mensaje que marcarían el comienzo y el final de nuestra "relación".
—"Si lo piensas bien, puedo bloquear a quien quiera".
Cerré los ojos y cubrí mi rostro en un gruñido. Lo odiaba. Con el corazón temblando, respondí a todas sus preguntas confusas con una máscara de hipocresía. Me eché las manos a la cabeza mientras silenciosas lágrimas se deslizaban por mis mejillas.
—Por favor no me odies —supliqué en un susurro—. Por favor... Date cuenta de lo que pasa. Date cuenta de que no soy yo.
Pero Danielle no lo hizo, y casi pude escuchar el ruido de sus esperanzas desplomándose sobre el suelo al leer cada uno de mis mensajes.
—Yo te quiero... por favor, no me odies, perdóname por esto, torbellino.
Mis palabras eran pronunciadas hacia ella, casi como si mi propia mente no fuera consciente de la distancia que entonces nos separaba.
—"¿Qué demonios te pasa? No te reconozco, pareces otra persona".
—"Yo siempre he sido así".
Mentira, mentira y mentira. Yo no era así, y estaba haciendo todo esto para protegerla a ella, a mi madre, y a mí mismo. Pero era ella la que debía sufrirlo sin saber que yo me ahogaba de dolor al otro lado de la pantalla.
—No, torbellino.... Esto no ha terminado. Lo nuestro no ha terminado. Tan solo acaba de comenzar.
—"Te acercas, vienes con tus comentarios entretenidos, hieres, lo destruyes todo y te vuelves a ir como si nada hubiese pasado. Ahora entiendo por qué todos se alejan de ti".
Sentí cómo mi propio corazón se rompía en mil pedazos. Ella no sabía lo que estaba diciendo, no sabia que la estaba alejando de mí para defenderla, para que no sufriera por lo mismo que yo.
—"Cállate. No eres única y especial, hay muchas chicas mejores".
Lloré por sus ataques, me herí a mí mismo por mis palabras y me culpé por haber comenzado algo que sabría que jamás podría haber salido bien.
—"Ya sé como soy. Pero tú no tienes ni idea de quién es la persona con la que hablas en realidad",
—"Entonces no tengo ningún interés en descubrir quién se encuentra tras esa pantalla".
La pantalla se apagó ante mis ojos. Ya estaba. Aquello había sido todo. Había destruido todo lo que ella sentía por mí, aunque yo muriese por ella a través de una estúpida pantalla. Entonces, ¿por qué seguía sintiéndome tan horriblemente mal por ella?
—¿Lo has hecho?
Ni siquiera me giré para ver a mi padre, quien esperaba una respuesta desde la puerta.
—Sí —escupí con odio y dolor.
—Bien hecho. En una hora partimos hacia Inglaterra.
Salió de mi habitación y me volvió a dejar solo mientras una tormenta rugía sobre el cielo, burlándose de mí. Solo que yo ya no quería ver la batalla del cielo solo. Yo quería verla a ella. Y por primera vez en mi vida, no tuve las fuerzas suficientes para sentarme en la ventana.
Me llevé las manos a la cabeza para sollozar libremente mientras el momento en que me había hablado por primera vez a través de la distancia llegó a mi mente.
Meses antes
Cerré la puerta a mi espalda y puse el cerrojo para que mis padres no pudiesen entrar. Ellos me habían golpeado de nuevo, y por tanto, había decidido que, harto de sus peleas, no seguiría luchando por una vida que ya no me pertenecía. Con las manos temblorosas, tomé aquel bote de medicamentos y los volqué sobre mi mano. Sería rápido, algo doloroso, pero rápido. Concentrándome en todo lo que ellos me habían hecho, en su odio y desprecio, decidí dirigirlos hacia mi boca. Pero un mensaje llegó a mi teléfono en el momento justo en que entreabrí los labios. Me incliné hacia delante para ver el mensaje desconocido que surgió en mi pantalla.
—"Tu perfil está mal redactado. Cuando mueres no logras ser libre".
Me había creado aquella cuenta cómo un método desesperado para hacer amigos sin ser rastreado por alguien. Jamás pensé que alguien iba a responderme. Maldije por lo bajo a aquella chica y tecleé una respuesta de mal humor.
—"¿Qué?"
Su respuesta llegó en cuestión de segundos.
—"Pues que tu perfil está mal. Cuando mueres no te liberas, simplemente cambias a otro lugar peor o mejor, pero te encarcelas de igual manera".
Me enfadé cuando me envió su segundo mensaje.
—Uno ni siquiera puede acabar con su vida tranquilo —murmuré y respondí cortante, esperando que lo captase y me dejase en paz de una vez.
Pero justo cuando ya tenía la primera pastilla en mi boca, el móvil volvió a sonar y recuperó mi atención. Escupí con rabia el medicamento y me senté para teclear por enésima vez mi respuesta. Y antes de que me diese cuenta, aquella chica torbellino me había atrapado con sus respuestas misteriosas, salvándome la vida por segunda vez desde que la conocía.
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Exhala
RomanceDanielle Evans. Una chica demasiado madura como para considerarse una niña pero demasiado inestable como para ser un adulto. A lo largo de su corta vida ha tenido que soportar tempestades desastrosas, muertes, gritos y dolor. Todo ello la llevó a...
