Richard Camacho
Me apoyo en el marco de la puerta mientras veo a Cyara correr en dirección a Sibylle para abrazarla como si hubieran pasado años desde la ultima vez que se vieron, cuando en realidad solo había sido un mes y pico...
Christopher caminaba detrás mientras negaba con la cabeza por el gesto de su novia, aún así tenía una sonrisa en los labios y su mirada desprendía amor por ella.
—Adoro que no aparente formalidad.— murmuro divertido cuando él llega a mi lado.
—Bueno, es Cyara, no podemos pedirle tanto.— bromea mirando en su dirección.
Ambas se veían sonrientes al tiempo que hablaban de algún tema que parecía ser la mar de interesante para ellas.
—No sabía que se llevaban tan bien.— comento.
—Al parecer si.— se encoge de hombros—. ¿Vamos a tomar un café y las dejamos hablando de sus cosas?
—Por supuesto, no queremos incordiar.— respondí con una sonrisa ladeada.
Este tiempo al lado de Sibylle había sido casi igual a las primeras semanas, no teníamos nada formal pero actuábamos como si si. Manteníamos relaciones sexuales en la empresa y también fuera de ella, conversábamos de forma fluida, nos contábamos todo acerca de nuestro pasado, de nuestro presente y también de nuestros planes de futuro...
Y en mis planes de futuro la imaginaba a ella.
Eso me jodía, más que nada porque las cosas nunca salen como me las imagino.
—Sabes que puedes contarme de tus dramas amorosos, soy el menos indicado para juzgarte.— me hizo saber Christopher mientras tomábamos asiento.
—¿Por qué lo dices?— cuestioné ladeando la cabeza.
—Oh vamos, porque tienes la misma mirada que yo cuando me acostaba con Cyara pero lo único que nos unía era nuestro hijo... Bueno, al menos tú no estás casado y dudo que Sibylle lo esté.
—No hay drama de matrimonio en esta historia.— respondo divertido.
—Eso es un alivio, los matrimonios son una mierda.— dijo sacudiendo su cabeza—. Es decir, esa es mi opinión... Pero sabes que respecto la tuya.
Me encojo de hombros, siempre había tenido esa ilusión de casarme, de esperar a mi futura esposa en el altar... Creo que es una experiencia que solo se vive una vez en la vida de una forma tan mágica, bien podrías casarte cinco o seis veces pero ninguna tendría la ilusión de la primera.
—¿Realmente piensas eso del matrimonio?— cuestioné alzando una ceja—. ¿Qué pasaría si la ilusión de Cyara fuera casarse, esta vez por amor porque es más que obvio que eres el amor de su vida?
Sus labios se curvan en una sonrisa al escuchar mis palabras.
—A ella no puedo decirle que no, cambiaría muchísimo la cosa...— admite—. Si ella quisiera eso, le pediría matrimonio sin pensármelo dos veces.
Chasqueo la lengua, no era un hijo de puta, al menos no cuando le involucraban a un ángel de por medio.
—Pero no me cambies de tema, ¿que hay entre Sibylle y tú?
—Hay algo y al mismo tiempo no hay nada.— confieso llevándome una mano al cabello para despeinarme—. Es todo muy reciente, soy consciente de eso... Pero aún así lo quiero todo con ella. No puedo asegurar que ella quiera lo mismo conmigo.
—Por la forma en la que te mira, ella lo quiere todo contigo.— dice por lo bajo—. Supongo que no quiere etiquetar lo vuestro con algo más por miedo a admitirlo en voz alta.
Una sonrisa se instaló ahora en mis labios al darme cuenta de la situación. No solo de la mía sino también de la suya.
—¿Cómo estás tan seguro de ello?
—Porque las mujeres adoran tener una etiqueta que va más allá de comerse la boca o de...— se calla al darse también de cuenta—. Estamos en la misma situación.
—Por supuesto que lo estamos.— murmuré riendo—. Yo con una chica que no acepta ser mi novia y tú que no aceptas ser el esposo de tu novia.
—¡Eso no es cierto! Diablos, no me había dado cuenta de esta mierda... Ahora seguro que estará pensando que no la amo lo suficiente como para ponerle un anillo en su dedo anular.— se lamenta negando con la cabeza—. Soy un hijo de puta.
—Lo eres, pero no con ella.— aclaré—. Cyara jamás pensaría eso de ti así que tómatelo con calma y habla las cosas con ella, la comunicación entre las parejas es lo más importante.
—Yo caigo en cuenta de mis mierdas y tú también de las tuyas, cuando lo único que pretendíamos era aconsejarnos el uno al otro.— dice carcajeándose de la situación—. Que irónico.
—Con nosotros nunca salen las cosas como las planeamos.— murmuré riendo.
Él niega con la cabeza dándome la razón mientras yo busco la manera de hablar con Sibylle sobre lo nuestro, quedaban tan solo semanas para que ella se marchara y no podía dejar las cosas en el aire.
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Magnate Camacho
RomanceLa vida del magnate Richard Camacho siempre fue sencilla, se basaba en trabajar para alcanzar el éxito y una vez alcanzado, seguir trabajando para no perderlo. Los dolores de cabeza comienzan cuando una joven que trabajaba su empresa le empieza a at...
