CAPITULO 5

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Despierto y no veo nada ya que esta oscuro, pero de nuevo siento las cadenas en mis manos, me muevo y se escucha el sonido de las cadenas.

-¡Déjenme ir! ¡Ayuda! Por favor...-digo lo último en un susurro.

Las lágrimas empiezan a rodar por mi mejilla, me duele los golpes que recibí pero más la traición de Stefan, nunca he podido recibir amor o cariño, y cuando pensé encontrarlo todo era mentira, y ahora estoy aquí, encadenada en no sé dónde, y no sé lo que me pasará.

Se escuchan pasos afuera y se abre una puerta dando luz al oscuro lugar, es una señora de aproximadamente 60 años, trae puesto un uniforme de limpieza y trae en sus manos una bandeja con comida, se acerca a mi.

- ¡Oh por dios! - dice la mujer asustada.

-¿Tan mal estoy? - pregunto a la desconocida ya que por su cara de horror me he de ver horrible.

-Te ayudaré - dice acercándose a mi

-¿A escapar?

-No...lamentablemente no puedo, pero voy a limpiar tus golpes, y tienes que comer para recuperarte, después subiremos a que te des un baño - dice la mujer que apenas conozco pero no parece mala, pero a estas alturas no se que pensar de la gente.

Empiezo a comer y nunca había sentido un sandwich tan rico como ahora.

-Niña tenemos que subir a que se dé un baño, ya que al joven Alfredo no le gustará verla en estas condiciones.

-¿Alfredo? ¿Dónde estoy? ¿Qué me pasará? - empiezo a preguntarle ya que no entiendo nada, quisiera que todo esto fuera una horrible pesadilla.

-No tengo permitido decir nada más, lo siento, ahora tenemos que subir - quita las cadenas de mis manos y me ayuda a levantarme.

Salimos del lugar que al parecer era un sótano y entramos en una casa hermosa, grande y muy lujosa, sigo a la señora hasta el segundo piso donde esta una habitación sin muchas cosas, solo una cama, un lugar para guardar ropa y un pequeño tocador.

-Entre a su nueva habitación niña.

Entró y veo dos puertas una se supone es del baño pero ¿y la otra?

-¿Cómo se llama? - le preguntó a la señora.

-Adina - contesta con una leve sonrisa.

-Por favor Adina, te lo suplico dime ¿qué estoy haciendo aquí? ¿Qué me pasará?

-Niña no puedo decir nada, lo siento, lo único que le diré es que no haga enojar al joven Alfredo, obedezca todo lo que él le dice, tal vez tenga suerte y se pueda quedar - dice mirando hacia otro lado.

-No quiero quedarme, quiero irme - digo con pequeñas lágrimas queriendo salir de mis ojos.

-Tranquila, solo obedezca y verá que todo saldrá bien, ahora se tiene que ir a dar un baño ya que al joven Alfredo no le gusta la impuntualidad.

Entró a la puerta que Adina señaló y es un baño, muy bonito, me empiezo a desvestir y siento la fría agua deslizarse por mi espalda, ya no puedo más, empiezo a llorar por todo, nunca tuve amor de nadie, ni de mi madre, cuando lo creí encontrar en Stefan me traicionó y ahora estoy en nosé donde y tal vez muera, pero ¿a quien le importaría? estoy perdida, no hay nadie que me busque o que le importe, salgo del baño y Adina me espera con un hermoso vestido largo color negro, con una abertuda en la pierna izquierda, me lo coloco y el vestido se ciñe a mi como una segunda piel, Adina me trae unas zapatillas color plateado, me peina y maquilla, dejo que haga todo ya que oponerme no hará la diferencia y ella no tiene la culpa.

-Termine niña, se vé hermosa - dice Adina mirándome en el espejo.

Me veo y debo admitir que me veo muy bien, en otras circunstancias me alegraría, ya que parezco otra persona, una persona realmente bella.

Bajo las escaleras y ahí está un hombre con traje gris muy elegante, cabello café y ojos azules.

-Rápido, anda, que ya voy tarde y odio la impuntualidad - se acerca y me jala del brazo muy fuerte, hago una mueca de dolor.

-¡No quiero ir a ningún lugar, déjame ir! - empiezo a gritarle y el sigue caminando tomando mi brazo bruscamente, de pronto se para y siento su mano estampada en mi mejilla.

-Te callas de una maldita vez, por que la próxima no será un golpe - saca una pistola y me apunta a la cabeza.

-Anda, disparame, y llegaras tarde a tu tan preciada cita - digo sonriendo, ya que no me importa la vida, la odio, solo he vivido dolores y traiciones.

-Señor se nos hace tarde - dice un guarde espaldas.

Alfredo me jala del brazo hasta llevarme a una limosina negra.

-Kiara ¿qué voy hacer contigo?, trato de ser amable pero tu acabas con la poca paciencia que tengo.

-Yo no quiero estar aquí, déjame ir y no le diré nada a la policía.

Alfredo empieza a reír y me pregunto que es lo que le causa tanta gracia.

-Nunca te dejaré ir, por que te compré, y ahora eres mía, no te preocupes cuando me aburra de ti te mandare a trabajar con las demás - dice acercándose a mi.

-¿Qué haces? - preguntó al ver que sigue acercándose a mi, me muevo incomoda y trato de alejarme pero no me lo permite me toma del brazo de manera fuerte.

-Eres mía así que puedo hacer lo que quiera contigo, eres mi mujer así que tendrás que comportarte como tal - dice acercando su cara a la mía, pero la volteo, el toma mi mentón fuertemente.

-No te equivoques conmigo Kiara, si fui tolerante contigo hace un rato fue por que estaba de buen humor, pero no me hagas enojar que seré el mismo diablo en persona - lo dice y veo que su mirada ya no es la misma de hace rato.

-Por favor, no...no me toques...yo...yo - nosé como decir esto y además no tiene importancia.

-¿Tú qué? - me pregunta bruscamente.

-No he tenido sexo nunca en mi vida - digo con miedo.

-Pues hoy es tu día de suerte, perderás tu virginidad con uno de los hombres más temidos y ricos del país - dice con una sonrisa siniestra.

-Por favor, no, no acerques por favor - digo temiendo a sus intenciones.

-Cállate por favor, me das dolor de cabeza, ahora harás lo que yo digo - dice enojado y empiezo a llorar.

-Por favor, te lo suplico no me hagas daño te lo.. - me calla al estampar su mano en mi mejilla, siento el ardor en mi cara y no puedo dejar de sentir odio hacia Irina y Lucía ya que ellas son las culpables de estar viviendo en este infierno.

Alfredo se empieza a bajar los pantalones y yo cierro los ojos tratando de despertar de esta horrible pesadilla, pero no, es la vida real, mi vida...

Las lágrimas resbalan por mis mejillas mientras cierro los ojos y aprieto mis manos, esperando que el dolor pase, esperando que Alfredo termine, es doloroso muy doloroso, recuerdo cuando pensaba que mi primera vez sería con Stefan en un lindo lugar, pero todo se fue a la mierda.

Dulce PerdiciónHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora