CAPÍTULO 35

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Los pies me duelen de tanto caminar, mi brazo no deja de sangrar, estoy preocupada por el extraño, las peleas no hacen bien en ningún embarazo, no soy experta en estos temas del embarazo pero he estado leyendo sobre ello, y sé que esto no le hace bien, tampoco el que su madre se enoje, o se canse demasiado, pero la verdad es que me tocó esto, pero haré hasta lo imposible para que el extraño no pase por lo que yo he pasado.

No me veía como madre, no me veía como nada...pero el saber que llevo otra vida conmigo, una vida la cual no tiene la culpa de nada me ha echo cambiar de opinión, al principio toda la furia de tener el "recuerdo" de Alfredo me inundó, pero después todo cambió, y ahora se que no tiene la culpa de nada, también será una personita mía, estaremos juntos, y lo amaré como a ninguna otra persona en este mundo, le daré todo lo que yo deseé en algún momento, merece todo lo bueno.

-Nosé si seré la mejor madre - hablo mientras me toco el vientre - tampoco sé si me amarás, pero lo único que sé es que te protegeré como mi más grande tesoro, por que eso eres para mi, mi más grande y maravilloso tesoro.

El bosque quedó ya varios metros atrás, la solitaria carretera es por donde camino, tengo que irme lejos de todos, solo así le podre dar una vida mejor al extraño, pero primero tengo que matar a los Berlusconi, y así nadie me buscará.

Llego hasta la zona Bianchi donde me ayudan a entrar los guardias.

Me dejan en mi habitación y me meto en la ducha, el agua calma el sangrado por un momento, salgo de la relajación que me provoca el agua fría para cambiarme de ropa, me amarro una venda alrededor del brazo herido, todo está bien hasta que...

- ¡¿Y ahora que mierda hiciste?! - el regaño de Álvaro me pone alerta.

- ¡Los Berlusconi intentaron...! - me callo cuando su mano impacta en mi mejilla en un bofetón fuerte que me hace girar la cara.

-¡Eres una inútil! - me grita.

- ¡No me vuelvas a poner una mano encima! - le advierto con las lágrimas apunto de salir.

- ¡Entonces cumple con tu trabajo! ¡Que para eso estás aquí!.

- ¡Sabes que sin mi nunca hubieras llegado a los Berlusconi! - estoy tan enojada con él y conmigo misma.

- ¡Maldita sea la hora en que me metí con la zorra de Lucía...! - le volteo la cara de un bofetón.

Sé que Lucía nunca fue una buena madre, y mucho menos fue una, pero ella me trajo a este mundo retorcido.

- ¡A ella no la vuelvas a mencionar! - su sola mención me amarga la existencia.

-¡Eres una malagradecida! - grita furioso.

-¡¿Lo soy?! - sonrío amargamente - ¡¿Qué al caso no me trajiste aquí para tu propio beneficio?!

- ¡Por qué te aseguro que si no hubiera sido así, nunca me hubieras buscado! - y es verdad, siempre fue así.

Se larga azotando la puerta, me dejo caer en la cama, después de todo creo que algunos momentos fueron mejor en la mansión de Hades que aquí.

Estoy harta de llorar, y no lo haré nunca más, no me dejaré pisotear de nuevo, ahora ellos tendrán que aprender a obedecerme a mi, solo a mi, no más tener que soportar esto.

Esto no es por mi, es por el extraño, el no se merece esto, el merece todo lo bueno y lo tendrá, yo me aseguraré de que siempre sea así, no importa lo que tenga que hacer, él tendrá todo lo mejor.

Mi mejilla arde, mi reflejo en el espejo se ve tan...mal, yo no puedo permitir que esto siga cuando el extraño nazca.

Tomo mi arma y le coloco el silenciador, salgo de mi habitación llendo a la de Álvaro.

Dulce PerdiciónHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora