Rebeca estaba agotada.
Y su día había iniciado de la peor manera; estaba retrasada. Y no sólo ella, Ada, su pequeña hija, por consiguiente también.
Había despertado rápidamente, corriendo a quitarse la pijama mientras despertaba a Ada y buscaba la ropa que le pondría ese día.
La pobre niña estaba soñolienta mientras se dirigía al baño y con su madre apurándola para la escuela. Después, Rebeca hizo el lonche lo más rápido que pudo mientras uno de sus choferes alistaban el auto para ambas.
Desafortunadamente, por las prisas Rebeca olvidó la lonchera, teniendo así que regresarse por ella, sin olvidar mencionar el tráfico ocasionado por la lluviosa mañana de Manchester.
Harry por su lado había tenido reuniones mucho antes de que sus dos chicas se levantaran. Rebeca lo entendía y aunque sabía que Ada aún le costaba entender el trabajo como músico de su padre, sabía que Harry era un papá excelente.
Ahora, Rebeca tenía los ojos cerrados mientras tomaba su cabeza, intentado no dormirse pues la pasta se quemaría. Había recogido a Ada de la escuela después de haber estado toda la mañana en el tráfico y aún le costaba aceptar la ayuda de los empleados de la casa, si podía hacerlo ella, lo haría.
—¡Papi! —Escuchó Rebeca haciéndola levantarse al grito de su hija a lo lejos, sabiendo que Harry había llegado. Se puso sus pantuflas antes de bajar a la cocina y sonrió al verlo abrazar a Ada. Ella también quería correr y abrazarlo de esa manera, pero dejaría que su hija lo hiciera primero.
—Hola, princesa. ¿Dónde está mamá? —Harry dejó un beso en su cabeza, estando a su altura pero al alzar la vista, sonrió. —Ya la vi.
—¡Mami! ¡Mira! — Rebeca se acercó cuando escuchó el jadeo de sorpresa. Frunció el ceño mirando a Harry de reojo y después, vio una caja en el piso.
—Hola cielo... —Harry llegó a ella. —Encontré a esta cosita en la calle, estaba mojada y maullaba mucho. —Habló haciéndola ver como Ada casi lloraba al ver a la pequeña gatita blanca con manchas.
La pobre gatita seguía temblando y aunque Ada parecía estar más inquieta que el animal, se frotaba sobre su pequeña mano y realmente le rompía el corazón ver a la pequeña gata muy asustada de la presencia de los adultos.
—Harry... —Inició Beca y le dio una mirada antes de escuchar los pedidos de su hija.
—Mami, por favor... ¿nos la podemos quedar? Por favor, por favor, por favor... —Se arrodilló frente a la gatita y le acarició el mojado pelaje. —Por favor, mami está lloviendo.
Beca exhaló y miró por la ventana viendo la tormenta. Ada solía ser muy asustadiza de cuando tormentas eléctricas se trataba, pero sorprendente la llegada de la gata rescatada por Harry, la estaba distrayendo. —Ada... no lo sé.
—Mami, por favor... —Escuchó de nuevo y la mirada que sintió Harry fue suficiente para saber que tendrían que hablar luego.
Rebeca amaba a los animales. La verdad es que su corazón se había partido al ver llegar al pequeño animal así de asustado y mojado, pero Ada aún era pequeña y dudaba si podría cuidar a un gato, claro que ella le enseñaría, pero tanto como Harry y ella era ocupados para poder atender a otro ser.
—Hablaré con papá después, ¿sí? —Se arrodilló a su lado y tomó de cabello suavemente. —Mientras, ve con papá a buscar unas toallas para secarla mientras termino la cena. —Antes de terminar, Ada había corrido por la mano de su papá para después Harry tomar a la gatita e ir al baño a secarla.
—Ahora regresamos, amor. — Harry alcanzó a decir cuando su hija lo arrastraba emocionada al baño. Beca sólo asintió y se levantó para ir a la cocina.
