Los finales felices no existen, pero no todos los finales son tan malos

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Sana miró a su alfa sin en verdad creerlo

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Sana miró a su alfa sin en verdad creerlo. No la entendía, si el plan hubo funcionado Tzuyu debería estar ahora a solo unos pasos del trono, en la espera del descenso de su desalmado padre, lista para gobernar de manera correcta, para salvarlas a todas pero eso no era lo que estaba ocurriendo, no cuando estaba frente a la pelinegra, notando la furia en los ojos de esta, la decepción que demostraba su mirada.

— No lo entiendo... – susurro la omega, frunciendo el ceño – Tzuyu ¿q-qué haces aquí? 

La alfa había reído de no ser porque la situación le estaba resultando tan dolorosa. Estaba harta de aquello, de aquel juego del gato y el ratón que parecían estar teniendo. 

— ¿Por qué lo preguntas, amor? ¿Debería estar en aquel trono que querías conseguir para mi? – pregunto de manera filosa y al no recibir respuesta bufo – Dime, ¿cual fue tu necesidad de persuadir a SeulGi de decir tantas mentiras? Nos engañaste a ambas, lo hiciste jugando con nuestras metas y te resulto tan fácil como susurrarle un par de palabras al oído, ¿qué ganabas tú con esto? 

Debería estar asustada pero la omega tan solo hizo una mueca, igual de furiosa. 

— ¿Qué gano? Pues al menos estas viva, ¿no? – se defendió – Desperté esta mañana, después de escuchar todas esas mentiras de que no me dejarías y encuentro la cama vacía, sin un aviso o una despedida – contesto – Enterándome por otros de tu verdadera familia y de tu plan suicida, que pronto morirías si yo no hacía algo al respecto, lo único que quería era mantenerte a salvo. 

Tzuyu sonrió de lado sin mostrar los dientes, en un gesto irónico y con un brillo peligroso en los ojos.

— Eso no te justifica... mierda, ni siquiera notas lo que me hiciste hacer, ¿verdad? – siseo, apuntando a la mayor con acusación – Sana me obligaste a elegir entre todas las omegas de este país o tu vida, acabas de obligarme a elegirte a ti por literalmente todas las demás. 

La expresión de la mayor cambio pero no su postura defensiva, sorprendida de tales palabras. 

— Tenías opción, pudiste salvarlas – reprocho – Pudiste cambiar esto ¡Yo no te obligue a escogerme! 

— No, no te atrevas a mentirme – ordenó Tzuyu, acercándose a la rubia – No existía otra opción, sólo me hiciste pensar que la había, ambas lo sabemos, prometí quererte por sobre todo lo demás y jugaste con eso – acusó – Pero eso  es lo que haces, ¿no? es parte de lo que eres. 

Los ojos de Sana se llenaron de lágrimas pero negó con la cabeza, con la mandíbula tensa y sin querer llorar. 

— Es injusto que tomes esta carga como si fuera mía, pudiste gobernar, eres menos avara que Namjoon y eso es una ventaja, pudiste ganar el reino...

— ¡No sin dejarte! – respondió la alfa, intentando tomar la mano de su omega pero siendo esta misma quien se aparta, causando dolor aún más profundo que todo lo ya sucedido – ¿Es que no lo entiendes, Sana? Nada se considera una opción para mi si eso te perjudica a ti, puede que ellas hayan logrado que te odies a ti misma pero yo nunca dejaré de amarte y no me arrepiento de la decisión de no dejarte – afirmó pero luego de eso su rostro se ensombreció, demostrando lo cansada que estaba de la situación – Pero por favor... te lo pido, nunca vuelvas a hacer algo como esto, me lastimaste, Sana... tu plan fue muy lejos está vez.

𝐈𝐍𝐍𝐎𝐂𝐄𝐍𝐓  ┇「𝐒𝐀𝐓𝐙𝐔」 Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora