Capítulo 11.

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#54                                            #BPOV

La pobrecilla de Maïa había amanecido con un terrible resfriado que le impedía levantarse de la cama, por lo que tendría que ir yo a la escuela sola en autobús. 

—Toma mi carro, no quiero que llegues tarde por estar esperando el bus, por mi culpa—dijo lastimosamente y al finalizar, sorbió sus mocos. 

Hice una mueca de tristeza al verla postrada en la cama. Ella siempre tan luminosa, platicadora y alegre se veía en ése momento verde, ojerosa y enferma. Pobrecilla mi niña. 

Finalmente, terminé asintiendo. Fui al baño a cambiarme ya que todavía tenía puesto mi pijama. Me quité la ropa con toda la pereza del mundo y me miré en el espejo, frotando uno de mis ojos. Aquellos ojos color azul brillante, miraban adormilados, con grandes ojeras debajo de ellos, la maraña de pelo que traía.

Suspiré, pues sabía a la perfección que ese desastre de cabello sólo se arreglaría con un baño y tiempo frente el secador. Resignada, entré a la ducha. 

El agua estaba deliciosa, ni muy helada, pero tampoco caliente, estaba simplemente perfecta. Relajé mis hombros y comencé a tararear una canción que había escuchado un día anterior en la radio. No me la sabía pero el tono era pegadizo, casi podía asegurar que estaría con ésa canción todo el día. 

Tomé mi shampoo favorito con olor a lavanda y lo esparcí por toda mi cabeza, masajeándola. Continué tarareando la canción hasta que terminé de bañarme y secarme. 

Tomé mi ropa interior, me la puse y después continué con mi ropa, que consistía en una camisa a cuadros rojos, blancos y azules, abajo de ella una blusa blanca sencilla y unos viejos jeans que se habían convertido en pantalones bastante cortos. Me puse unas calcetas blancas y encima mis converse negras hasta el tobillo.

Desenredé mi cabello suavemente tratando de no jalarlo y después lo sequé con aire helado para que no quedara lleno de frizz en cuanto saliera a la calle. Cuando ya estuvo lo suficientemente seco, me puse de cabeza y lo despeiné todo, me puse de pie y sacudí mi cabeza levemente y me dejé el cabello como estaba. 

Mi cara era caso perdido, las ojeras era kilométricas así que había nada que hacer. Así sólo ricé mis pestañas y puse un sutil brillo transparente. 

Di un último vistazo a mi aspecto y suspiré. No era la mujer más guapa, pero tampoco era fea, sólo debía de arreglarme bien para estar al nivel de todas, cosa que por cuenta propia, no hacía. Tampoco iba a una pasarela de moda, iba a la escuela, así que no me iba a esmerar mucho por verme bien. 

Salí del baño. Maïa estaba concentrada mirando un capítulo de Switched At Birth, era super fanática de esa serie. Me acerqué a ella, le dí un beso en la frente, me despedí de ella, tomé mi mochila color ladrillo y salí del cuarto con dirección al garaje, ya ahí me subí al lindo Mini azul de Maïa.

Prendí el carro, subí la puerta del garaje y me puse en marcha, en la radio sonaba una pegajosa canción y comencé a tararearla, pensando en lo musical que había comenzado mi día. 

.

Al llegar a la escuela, me topé con unos cuantos compañeros de mi amiga llena de gérmenes, que me preguntaban de su paradero pues era muy raro que ella faltara. A todos les respondí rápidamente que estaba enferma. 

Tenía clase de historia, la clase que compartía con Andrew, Doyle, Kaya y otros cuantos esnobs que me caían como los exámenes sorpresa, mal. También era la única clase que compartía con Maïa, diablos, la extrañaría. 

Entré al salón y suspiré al ver que Andrew—el ahora innombrable—no estaba todavía. Llevaba semanas sin hablar con él, no porque estuviera molesta por lo de la comida, sino que había descubierto que me molestaba su presencia. 

The Bet.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora