#68 #APOV.
—Te juro que nomás te vea y te moleré a palos—repetía Maïa una y otra vez al otro lado de la línea.
—Sólo déjame hablar con Brenda, por favor.
—Vete a la mierda—volvió a decir.
Gruñí, frustrado.
No quería lastimar a Brenda, no todavía. Le había agarrado cariño pues era muy...ella. Además, sentía que podía ser yo mismo junto a ella. Le debía una explicación, pues por muy raro que sonaba, no quería que tuviera otra imagen mala de mi.
—Brenda no está aquí ¿de acuerdo? Así que deja de molestarla, idiota—suspiró—. ¿Dónde estás? Quiero castrarte.
Hice una mueca mientras miraba a mi alrededor, estaba, estúpidamente, en la Taberna de Zuum, corriendo el riesgo de encontrarme con Victoria.
Me debatí si debía decirle o no en donde estaba.
—¡¿DÓNDE ESTÁS?!—gritó.
—E-en la Ta-taberna de Zuum—tartamudeé.
—Voy para allá, pobre de ti que te marches porque ahí si te mato—dijo y colgó sin esperar mi respuesta.
Dejé el teléfono en la mesa, tomé un largo trago de mi extraña limonada brasileña y prendí un cigarrillo de menta que Doyle había puesto en mi mochila.
Puse el cigarrillo entre mis dientes y miré el reloj, dándome cuenta que había perdido dos horas de clases. Suspiré, sacando el humo.
Minutos después, Maïa estaba frente a mí con una de esas expresiones que hacen que tu estómago se retuerza de arrepentimiento y temor.
—Eres un idiota.
Bajé la mirada, acerqué la bebida a mi y apagué el cigarro en el cenicero.
—Y también un cobarde de mierda, mírame a los ojos.
Levanté la bebida, dispuesto a tomar un trago, pero Maïa me detuvo haciendo que la mirara a los ojos.
—Probablemente debería decirte que Brenda está bien y que le valió un pepino lo que hiciste, pero no lo haré, quiero que sepas que ha llorado como una magdalena abrazada de ése estúpido panda que le regalaste.
Me quedé callado, sintiendo un extraño sentimiento. ¿Culpa?
Maïa se levantó de la silla y a velocidad supersónica, me levanté también y le tomé un brazo, deteniéndola. Ella miró mi mano con asco y después a mí.
—No te vayas—supliqué.
Entornó los ojos e sacudió su brazo para librarse de mi agarre.
—¿Acaso crees que te dejaré sólo así? Iré sólo por una estúpida piña colada.
Asentí y regresé a la mesa, sentándome en su silla.
Podría decir que todo lo que pasó no fue mi culpa, sino de Vicky, pero no era cierto, pues yo bien pude haberla apartado y después seguido a Brenda para explicarle el malentendido. Me sentía como la mierda sabiendo que ella estaba mal por mi estúpida maldita culpa.
Lo único que quería hacer era quebrarme la cabeza por haber sido un estúpido. Pero también necesitaba su perdón.
No podía imaginarme como reaccionaría ella en el momento que yo le dijera que todo fue una apuesta. Joder, me sentía como asqueroso idiota.
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The Bet.
Novela Juvenil"...-El último reto va a ser para... Andrew. - dijo Doyle. Todos estaban muy borrachos, yo tenía alcohol en la sangre, pero no como ésos idiotas. Todavía sabía como me llamaba y a que numero llamar en caso de emergencia. -Anda pues, ponlo.- dije cr...
