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Capítulo 27

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— ¿Estarás bien? —Hwan se detiene en la puerta de la casa de Giant, lo mejor era volver ahí antes que a mi casa, aún no me sentía apta para volver a ver a Tom y Raley y tampoco quería verlos.

—Lo estaré, mañana volveré a casa, o es lo más seguro. —Él sonríe asintiendo.

—Lamento mucho que te hayan ocultado algo tan grave Rose, no tenía ni la mínima remota idea de la existencia de... él.

—No te preocupes, conozco a mi familia, los Cooper son demasiado cobardes y mentirosos, por ahora solo quiero estar tranquila y ya pensaré que haré después.

—Yo estaré por aquí, demasiado cerca.

—Lo sé, tú siempre lo estás.

Mi comentario nos hace reír levemente, Hwan coloca una mano en la puerta atrapandome —aunque no iba a huir—, se inclina un poco a plantar un beso en mi mejilla bastante cálido, yo cierro los ojos al sentir sus labios, los abro cuando él se separa, me estaba sonriendo y quizá yo también, quizá sonriendo como una tonta.

—Cuídate.

Se da media vuelta y yo hago lo mismo para entrar a casa, cierro la puerta a mi espalda y me encuentro a Giant en el sofá con Ash en sus brazos, meciendola.

—Vaya, me habías metido un gran susto.

—Lo sé, Hwan a veces es muy intenso y prefiere hablar solos. Disculpa.

—No te preocupes, si necesitaban que me fuera de ahí estaba bien, así les daba su espacio, sólo me pareció algo extraño...

—Todo está bien, créeme. Si no no estuviera aquí, contigo. —Ambos reímos y él entiende asintiendo.

—Rose, sé que te ofrecí quedarte aquí todo el tiempo que necesitaras, pero quería decirte que también necesitas hablarlo con tu hermano, y Raley, que es él más cercano a ti.

—No te preocupes, lo haré muy pronto, ¿puedo tomarme un baño?

—Eso no se pregunta, adelante. —Giant responde amable y yo le regalo una sonrisa agradecida, salgo de su vista para dirigirme a la habitación.

Abrazo la almohada fuertemente, existía algo que no me dejaba dormir tranquilamente, haciéndome removerme cada cinco segundos, frotando mis ojos, pataleando cada instante, permanecía despierta después de horas acostada.

Hasta que me visualice en un cuarto oscuro, en donde solo una lámpara colgante me alumbraba, sola, a mí sola en el centro de la habitación.

Retrocedo al ver a Darius acercarse delante mío, él permanece quieto entrando a la zona en la que había luz, su rostro estaba neutro, la luz le impactaba desde un ángulo elevado haciéndolo lucir más tenebroso.

—Cuánto tiempo...

— ¿Qué quieres? Tú eres lo que no me deja estar tranquila.

—Wow wow, tranquila, no pensé que mi presencia te molestaría. —Habla sarcástico—. Te dije sobre Tom y nunca me creíste.

—Te advierto que si te acercas a Tom, o alguno de mis amigos yo misma te voy a... —Él me interrumpe levantando su mano aguantando una risa.

— ¿Tú me amenazas? —Se crea una ligera curva en sus labios queriendo soltar una leve risa, me hace callar—, Tom no fue ni será la persona que creíste, y eso sólo solamente te lo quería demostrar.

—Tom no quería lastimarme.

—Pero lo hizo, de igual manera, tu tiempo se está agotando, has corrido con algo de suerte, pero cada vez quedan menos intentos de salvarse.

Ángel Guardián Negro Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora