Prólogo

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—Tom, ¡te dije que recogieras tus libros del sofá!

—Ya voy, ya voy, deja de gritar. De aquí hasta china te van a escuchar —contesta el chico apresurado acercándose.

—Llévatelos todos, toma. —tomo los libros en mis manos, realmente eran pesados. Al momento de hacerlo no me percato que un libro cayó de sus brazos, mi hermano desaparece antes de poder regresarlo. Lo levanto y veo el título. Ángeles guardianes.

No sabía que Tom leía libros ficticios, pero esto podría estar interesante.

"El Papa Juan dice que nuestra fe nos enseña que ninguno de nosotros está solo, porque desde el mismo instante en que un alma es creada por Dios para un nuevo ser humano - especialmente desde que la gracia de los sacramentos lo envuelve con su luz inefable - un Ángel perteneciente a las santas falanges de los espíritus celestes, es llamado para permanecer a su lado durante todo su peregrinaje terrestre.

No debemos olvidar nunca la presencia de nuestro Ángel Guardián, de ese príncipe celeste, que jamás debe enrojecer por causa nuestra. El respeto por su presencia supone una continencia siempre respetuosa y deferente."

¿Ángeles guardianes? ¿acaso eso existe? Claro que no, siempre había pensado en los ángeles guardianes no existen, o debería de pensar ¿acaso existe alguien con alas invisible a mi lado? Es algo muy ilógico. A mi parecer, la sociedad misma se ha encargado de crear esta ideología.

Cierro el libro y lo coloco en la mesa de centro de mi sala, para ser nuestra primera casa juntos no está nada mal, es decir. Es la primera vez que mi hermano y yo venimos a vivir juntos. Siempre estábamos pescados a mamá y papá, así que ambos nos armamos de valor y dijimos, vayamos a vivir solos ¿qué tan malo podría ser? Y la verdad es que nos va muy bien, la casa luce muy bien. Cuenta con una sala, cocina y baños, eso es lo básico, subiendo las escaleras están las dos habitaciones nuestras y una de huéspedes. Aunque está un poco pequeña es acogedora.

Observo por la ventana, por las hojas de los árboles moviéndose ligeramente puedo notar que hay una pequeña brisa de viento, me encantaba este clima.

— ¡Tom no me busques! Iré a caminar al bosque. —grito para que desde su habitación pudiera oírme.

Tomo una chaqueta y me la coloco apresuradamente, tomo mis auriculares y empiezo a hacer mi recorrido, este recorrido era casi rutinario, solía hacerlo como unas cuatro veces por semana, y es que caminar por un bosque tan silencioso daba paz. Aprovechaba que aún estaban los rayos del sol y la oscuridad no me alcanzaba,

Cuando venía casi siempre este bosque estaba completamente solo, y por eso me encantaba, no había ruido, personas, nada fastidioso. Después de caminar un rato con los auriculares puestos, lo mejor era regresar, la noche estaba cayendo y no podía estar ahí tan tarde.

Empiezo a tomar el camino de vuelta. Lo que veo me deja atónita, me acerqué a pasos lentos, estaba confundida y aterrada al mismo tiempo. Era un chico herido, su ropa estaba desgastada y sucia.

Está recostado en el suelo, parece retorcerse como si algo le doliera, mis manos comienzan a temblar, su pecho sube y baja rápidamente, agitado o algo así, no puedo ver su rostro ya que está dándome la espalda, hasta que me animo a hablar y él me observa con una pizca de sorpresa, al parecer no se ha dado cuenta que lo veía desde una cierta distancia.

—¿Hola? ¿necesitas ayuda?

—Eso creo... ahh... duele. —se queja tocando el costado de su abdomen.

—Déjame ayudarte... —me acerco insegura, quité mi chaqueta y con eso cubrí un poco su cuerpo, hacía frío. — ¿Qué ha ocurrido?

—Me asaltaron... estaba caminando y me han tomado por la espalda.

Lo ayudé a ponerse de pie, estaba sangrando pero no lucía tan grave.

—¿Necesitas ir que te lleve al hospital?

—No.. no, no es tan grave, no me han hecho mucho, y no me gustan los hospitales...

—¿A casa? —él asiente repetidamente— Estás loco, necesitas ayuda, tu rostro se ve muy mal, tienes moretones y...

—Me voy a casa. —dice interrumpiendo.

—Mínimo déjame curarte en casa, yo puedo hacer algo por ti...

—No sé, ya está pa... ¡Ahh! —suelta un grito en un intento de ponerse de pie.

—Te llevaré a casa, necesitas atención. No voy a discutirlo más.

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No sabía cómo decirle esto a Tom, es decir... cómo llegaría con un chico a casa sangrando y completamente desconocido para nosotros. Me tomaría por loca. Por suerte cuando llegué Tom no se encontraba en casa, al parecer había salido con sus amigos, aproveché el tiempo e instalé al chico misterioso en la sala, le entregué ropa de Tom para que pudiera cambiarse y lo dejé solo para que lo hiciera.

—Listo. —escucho su voz una vez ya terminado y entro a la sala.

—¿Cómo te sientes?

—Mejor... pero necesito curar las heridas de mi pecho.

—Tengo algo de alcohol arriba, un segundo. —me dirijo a mi habitación y tomo lo necesario que él pueda utilizar para curarse, bajo las escaleras regresando a la sala.

—No sé nada sobre medicina, yo no podré hacerlo. —Él tuerce sus labios con una ligera sonrisa, como si le diera risa.

—Bien, entonces lo haré yo... —comienza a remover las cosas dentro del botiquín, seguro de sí mismo toma una botella de alcohol para desinfectar la herida, al parecer ya conoce sobre esto y qué hacer en estos casos.

—Bien... —ambos permanecemos en silencio, él sigue curando sus heridas—. qué despistada soy ¿te ofrezco agua?

—Sí, por favor...

—Bueno y después de conocernos de esta manera tan peculiar. —menciono mientras me dirijo a la cocina por un vaso de agua- ¿me podrías decir tu nombre?

—Claro... Hwan.

—¿Hwan? —él asiente.

—¿Raro? —cuestiona viendo una botella de alcohol a contraluz.

—No no, sólo que no había escuchado ese nombre —le sonrío curiosa,

—Creo que es hora de marcharme. —Está bien Hwan, ¿necesitas algo más en que pueda ayudarte? —regreso a la sala dándole el vaso y él comienza a tomar el líquido con demasiada desesperación.

—Gracias... estoy bien, ya no arde. Hasta luego, gracias de nuevo.

—Adiós Hwan —digo para luego cerrar la puerta.

Encontrar a Hwan en medio del bosque herido me asustó muchísimo, nunca me había ocurrido algo así y creo que no lo olvidaré en un buen tiempo, no es algo que me pase cada dos semanas... tendré que ocultarlo a Tom, no quisiera algún escándalo. Es lo mejor.

Ángel Guardián Negro Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora