12. Patinaje sobre hielo

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Cuando entraste en la amplia nave de patinaje, el frío helado se coló enseguida en tus huesos. El ambiente era agradable, acogedor y muy confortable.

—Wow, esto es... —No te salieron las palabras cuando miraste a todo tu alrededor. La pista de patinaje era amplia, por no decir enorme. Niños, adultos, y familias disfrutaban de su paseo sobre hielo, dejando marcas a su paso. Algunos reían, otros se caían, y los más veteranos hacían piruetas y corrían sin ningún riesgo sobre la pista.

—¿Nunca has estado aquí? —la voz de Baji te sacó de tus pensamientos, y tú te giraste hacia él. Estaba a tu lado, observando con el mismo entusiasmo que tú la escena que tenías enfrente. Era raro ver a Baji con los músculos de su rostro tan relajados. Él era un auténtico experto en ocultar sus emociones, y te resultaba muy difícil leerlo.

Te fue inevitable echarle un vistazo de arriba abajo; se veía muy bien con aquella sudadera ancha y aquellas botas negras tobilleras. Cuando te diste cuenta de lo que estabas haciendo, te aclaraste la garganta y te obligaste a dejar de mirarlo.

—Pues no... —suspiraste al fin, volviendo a centrarte en la pista de hielo—.  Además, no tengo ni idea de patinar. Es... mi primera vez aquí.

Un leve color rosado tiñó tus mejillas. No solo por no saber patinar a tus diecisiete años de edad, si no por que en ese momento fuiste consciente de que en realidad habías ido a muy pocos sitios como esos. De pequeña, tu madre siempre había trabajado mucho y eso no le permitía hacer tantas cosas contigo como madre e hija. Y de mayor, nadie te había propuesto experimentar cosas nuevas como lo era patinar.

 Solo esperabas no hacer el ridículo delante de todos.

—Tranquila, haremos juntos el ridículo —bromeó, adivinando tus pensamientos y haciéndote sentir mejor.

—¿También es la primera vez que vienes?

—Exacto.

—Así que ese amigo tuyo no mentía... —dijiste divertida, pensando en Mikey.

—No se lo que te dijo el enano, pero sea lo que sea no mintió. Nunca lo hace.

—Ya veo.

Una parte de ti pensaba que Mikey te había dicho que ninguno de ellos sabía patinar para que no te sintieras tan insegura al ir, pero ya veías que no. Su sinceridad no dejaba de sorprenderte.

—El único que sabe patinar aquí es Mitsuya —apuntó Baji—. Fue él quién hizo planes con sus hermanas para venir aquí el día de su cumpleaños, pero... Supongo que ya sabrás de quién fue la idea de acompañarlo —miró de reojo a Mikey desde la distancia y tú reíste.

—Mikey es muy impredecible.

—¿Muy? Creo que eso se queda corto. Solo conócelo un poco más y acabarás loca en el intento.

Sonreíste.

—Igualmente me alegro de haber venido —comentaste—. Tenía muchas ganas de conocer a las hermanas de Mitsuya.

—Odio los niños, pero son encantadoras. Mitsuya pasa mucho tiempo con ellas por el exceso de trabajo de su madre y eso hace que nosotros las veamos a menudo.

—Vaya... como la mía.

—¿Sí? —Baji ladeó la cabeza hacia ti con curiosidad.

Asentiste apretando los labios y suspiraste en silencio.

—Mi madre es empresaria y siempre está fuera de casa —le contaste.

A Baji le bastó un momento con mirarte para darse cuenta de la tristeza que desprendían tus ojos. 

Intocable - Baji KeisukeHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora