Abriste los ojos lentamente, y no tardaste en darte cuenta de que estabas apoyada en el hombro de Baji. Fue tanta la vergüenza que sentiste que en seguida te apartaste de su lado y te pusiste recta. Para tu alivio, cuando te incorporaste lo suficiente para verlo mejor, observaste desde tu perspectiva que, aparte de que su respiración era suave, sus ojos estaban cerrado y su expresión estaba completamente relajada.
Baji estaba durmiendo, y tú cuando de diste cuenta, suspiraste de alivio. Bien, no se ha dado cuenta. Pensaste. Pero la realidad era otra. Fue el mismo quién te arropó con él y dejó que te quedaras en esa posición.
Él único sonido que se escuchaba, era el leve murmullo proveniente de la televisión. La habitación estaba oscura. Su única fuente de iluminación era la enorme pantalla donde la película, todavía seguía su curso. Te incorporaste en el sofá, con mucho cuidado de no despertar a Baji, y viste que todos estaban durmiendo en sus respectivos sitios, incluso Chifuyu a tu lado, que ahora estaba en posición fetal, babeando sobre un cojín que tenía amarrado en su regazo.
Sonreíste de ternura al verlo.
Cuando le echaste una última ojeada al salón, te diste cuenta de que habían varios sitios vacíos. Volteaste la cabeza hacia la derecha, en busca de algo más, y a través de la cristalera del enorme balcón de la habitación, distinguiste a Draken, Mitsuya y Pachin sentados en una mesa redonda, jugando a las cartas mientras bebían y fumaban. Al parecer, eran los únicos que seguían con la fiesta.
Entonces, como si de una estrella fugaz se tratara, una luz de advertencia se encendió en tu mente.
Sacaste rápidamente tu móvil del bolsillo y miraste la hora.
4:00 a.m
Genial. Veinte llamadas perdidas de tu madre. Miedo. No, miedo no. Sentiste pánico, terror.
Apretaste los dientes y los ojos, y muy sigilosamente, te levantaste del sofá. Cuando estuviste de pie, apunto de dar el primer paso para salir de allí antes de que tu madre llamara a la policía denunciando tu desaparición, el chico que había a tu derecha, al notar la falta de calor de tu cuerpo, empezó a removerse su sitio.
—¿Qué hora es? —Baji se llevó una mano a la cara y empezó a frotarse los ojos.
Mierda. Murmuraste.
—Las cuatro de la mañana —le dijiste en voz baja.
—Dios... —Baji se revolvió en el sofá, estirando sus brazos, y después se incorporó hasta quedar recto. Alejó la manta de su regazo y masajeó sus cervicales con una mueca desagradable—. Dormir en este sofá me está matando.
Tus ojos se agrandaron. Sí, el sofá, seguro, y no tu cabeza apoyada en su hombro, probablemente, cuatro horas seguidas.
Carraspeaste, incómoda.
—Tengo que irme ya. Es muy tarde.
Empezaste a caminar, haciéndote paso entre las personas que dormían en suelo, con mucho cuidado de no pisarlas. Baji también se levantó del sofá y se quedó de pie, observando como te aproximabas a la mesa donde estaba tu bolso y todas tus pertenencias.
—¿No te quedas a dormir? —te preguntó rascando su costado. El dobladillo de su camiseta se subió hacia arriba, dejando ver parte de su vientre, y tu no pudiste evitar mirarlo.
Se veía jodidamente sexy recién despertado a esas horas de la madrugada. Su cabello alborotado caía en cascada sobre sus hombros, quedando a la altura de sus pectorales marcados bajo aquella ligera tela que tenía de camise...
Sacudiste la cabeza inmediatamente.
(Nombre), piensa en la Biblia. Tan solo son las cuatro de la mañana. ¿Qué diablos estás pensando a estas horas?.
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Intocable - Baji Keisuke
Fanfiction(Nombre) jamás pensó que la persona que le curaría el alma después de la mayor traición de su vida, fuera aquel pandillero de ojos marrones que quemaba coches por puro aburrimiento y pateaba civiles según su estado de humor. Baji Keisuke. 𝗔𝗟𝗘𝗥𝗧...
