17. Intercambio de favores

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—¿Entonces crees que no le importará? —preguntaste dudosa.

—No mientras seas tú.

Te quedaste en silencio, meditando en bucle aquella contestación.

—No le des más vueltas, (Nombre) —volvió a insistir la otra voz al otro lado del teléfono, pareciendo adivinar el caos en tu mente—. No estoy en la cabeza de Baji-san, pero se que si eres tú la persona que le propone eso... Accederá con tal de pasar más tiempo contigo —una sonrisa se dibujó en tu rostro, pero se desvaneció en el momento en que añadió—: O también cabe la posibilidad que te mande a la mierda. Todo depende de si ha tenido un mal o un buen día.

—Vale, ¿y eso como me lo tengo que tomar? —preguntaste.

—Como un reto.

—Me encanta tu forma de darme ánimos, Chifuyu.

—Solo te aviso. No quiero luego ningún reproche.

No lo viste, pero supiste que tú amigo sonrió al otro lado de la línea.

Soltaste profundamente el aire contenido en tus pulmones.

Lo que había sido una llamada para contarle a tu amigo como iban tus clases de defensa personal con Baji, acabaron en una charla de dos horas, en la que le pedías consejo sobre una propuesta que tenías en mente para tu profesor particular.

Ya había pasado unos once días desde la primera clase que te dio Baji, y no podías estar más contenta con los resultados.

Ibas poco a poco, sin prisa pero sin pausa. A él mismo le sorprendió la rapidez con la que te adaptabas y aprendías cada técnica que te enseñaba. No solo mejoraste tus reflejos, si no que también, cada día dominabas más tus movimientos de ataque y defensa.

Todas las tardes, a partir de las ocho, te recogía. Ibais al mismo sitio de siempre, aquel rinconcito donde te llevó por primera vez y disteis tu primera clase. El sitio del picnic y del hermoso lago.

Después de una hora y media entrenando, te volvía a dejar en la puerta de tu casa. 

Así todos los días.

Hubo una tensión, difícil de explicar, entre vosotros durante toda la semana. Esa conexión única que os unía, seguía palpándose en el ambiente, y cada vez era más fuerte y difícil de contener. Pero a pesar de que, cada vez notabas a Baji más cercano a ti, no se volvió a repetir aquel beso entre vosotros. Tampoco tuvisteis mucho tiempo de ir más allá. Solo os veías unas dos horas diarias, y durante todo ese tiempo los dos os estabais demasiado centrados en las clases, ya que no podíais perder ni un solo segundo.

Aunque el tonteo entre vosotros era evidente, ninguno parecía atreverse a dar el primer paso otra vez.

Muchas veces notabas que, cuando Baji te demostraba más cariño de la cuenta, su actitud cambiaba radicalmente por una más seria, pareciendo reprimir sus impulsos.

A pesar de eso, conseguiste abrirte a él en esos días.

Le pudiste contar más de ti. Tus gustos, hobbies, e incluso tu rutina diaria. A veces, cuando te ponías algo nostálgica al recordar que la mayoría de días estabas solas en casa por el exceso de trabajo de tu madre, Baji siempre intentaba sacar el lado bueno a tu independencia, diciendo que en realidad no estaba tan mal, que podías hacer lo que te diera la gana sin darle explicaciones a nadie. Y que si el problema eran tu escasos dotes culinarios, el mismo te enseñaría a cocinar. Pero con la condición de que no se hacía responsable de lo que pudiera pasar en la cocina. Como quemarla.

Llegó el día en que por fin intercambiasteis números de teléfono. Ahora siempre te escribía. Cuando estabas en clase, cuando quedabas con Emma, o simplemente un mensaje de buenas noches después de dejarte en la puerta de su casa.

Intocable - Baji KeisukeHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora