Blanca
La gente a mi alrededor se dejaba la voz cantando, se movía enérgicamente y saltaba como si quisiera tocar el techo. Pero, tampoco nos vamos a engañar; yo estaba haciendo lo mismo.
Las luces rojas y blancas iluminaban el escenario, donde Áxel se movía y cantaba con los ojos cerrados, disfrutando de la música. La multitud aplaudió intensamente cuando la canción finalizó y una nueva empezó a sonar, y la reconocí al instante: era esa que había compuesto para mí hacía unos meses. Entonces, su mirada se cruzó con la mía, y me sonrió.
Aquel instante me recordó a la primera vez que lo vi en un escenario, en ese mismo escenario, hacía dos años atrás. Su gira mundial había empezado hacía unos meses y no había podido resistirme a acudir a ese concierto y recordar la primera vez que lo vi en directo. Estaba tan guapo iluminado por las luces de los focos que me resultaba difícil no subir a besarlo en aquel instante, pero estaba demasiado encantada escuchando su preciosa voz como para reaccionar de alguna forma. No podía dejar de mirarlo, porque a primera fila se veía todo tan bien que podía decir con certeza la ropa que llevaba: unos vaqueros desgastados y una camiseta negra.
El concierto finalizó unos minutos después y, mientras los fans salían del establecimiento, yo me dirigí a buscar a Áxel al backstage, donde me encontré a Enrique protegiendo la entrada. Me dejó pasar y, en el momento en que vi a Áxel, me tiré encima de él.
—¡Eh, que me estás despeinando! —gritó cuando le salté a la espalda.
—¡Pero si llevas despeinado todo el concierto!
Empezamos a reír y me coloqué delante de él para besarlo. Después, le dije:
—Lo has hecho muy bien.
—¿Te ha gustado?
—¡Claro que me ha gustado! ¿Me lo vas a preguntar cada vez?
Puso los ojos en blanco y me volvió a besar.
Minutos más tarde subimos a la limusina, conducida por Felipe, al cual saludé alegremente, y nos dirigimos al apartamento. Pero solo íbamos a pasar dos noches ahí.
—¿Recuerdas las siguientes paradas ? —me preguntó Áxel al llegar a casa.
—Creo que sí: pasado mañana, Bruselas; el lunes, Londres; el miércoles, Liverpool y... mmm... el sábado, ¿Edimburgo?
Áxel puso cara de sorpresa y sonrió.
—Vaya, alguien ha hecho sus deberes.
Abrió la puerta, me dejó entrar primero y se sentó a mi lado en el sofá.
—Ey —le dije mientras le rodeaba el cuello con un brazo—, gracias para invitarme a venir contigo.
—¿Qué? No era una invitación, te hubiera secuestrado si hubieses dicho que no.
Puse los ojos en blanco mientras una pequeña sonrisa asomaba en mis labios.
—En serio. Muchas gracias.
—No hay de qué.
Había hecho muchas cosas por mí, y nunca le daría las gracias lo suficiente. Por ejemplo, gracias a él podía vivir de lo que más me gustaba y viajar por el mundo a la vez. Mi cuenta de Instagram ya tenía casi ciento cincuenta mil seguidores, y los primeros habían sido cosa suya. A partir de ahí, mucha más gente empezó a seguirme y centenares de propuestas de trabajo aparecieron a mi DM.
Hacía un tiempo que, con los viajes que la carrera de Áxel nos obligaba a hacer, me había enterado de que mucha gente me seguía desde diferentes países, y, visitándolos, alguno de sus habitantes podía contactar conmigo para hacer una sesión de fotos. Eso me pasaba constantemente y empecé a ganar bastante dinero. Gracias a eso pude comprarme una cámara buena y la calidad de mi contenido empezó a mejorar, puesto que también subía fotografías de algunos lugares preciosos y diferentes del mundo. Eso hizo que más gente empezara a seguirme.
Estaba muy contenta con mi trabajo, y Áxel decía que estaba orgulloso de mí, lo que me provocaba ganas de abrazarlo tan fuerte que no pudiera irse nunca.
Claro está que echaba de menos a mi madre y a Laila, pero nos manteníamos en contacto diariamente y no perdía detalle de la evolución de sus vidas, al igual que ellas de la mía.
Apoyé la cabeza en el hombro de Áxel y cerré los ojos. Estaba muy cansada. No podía verlo, pero sabía que estaba sonriendo.
—Blanca —murmuró.
—¿Qué?
—¿Y si nos vamos a la cama?
—Pero yo estoy bien aquí... —Ya estaba medio dormida.
—¡Pero a mí me estás aplastando!
No me había dado cuenta, pero era cierto. Me había acomodado encima de él y no podía estar mejor.
—Cállate.
Escuché un suspiro. Y, de pronto, sin previo aviso y dándome un susto que me quitó el sueño por completo, me encontraba cabeza abajo cogida por Áxel, que me llevaba hacia la habitación como a un saco de patatas. Empecé a reír y a pegarle puñetazos a su espalda, pero no me dejó caer hasta que llegamos a la cama.
—Eres un imbécil —le dije intentando no sonreír.
Se sentó a mi lado, me besó y dijo:
—Soy tu imbécil.
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Bajo las Luces de París
Romance¿Aceptarías la invitación a tu ciudad de ensueño del desconocido al que acabas de intoxicar, aún sabiendo que puede haber segundas intenciones? El camino de Blanca, una camarera de Barcelona, y Áxel, un cantante famoso y arrogante, se cruzan debido...
