Áxel
Cogí mi guitarra, metida en el armario desde hacía dos semanas, y me senté en la cama. Echaba de menos tenerla entre mis manos y hacerla sonar encima del escenario, pero todavía quedaba bastante para mi próximo concierto y estaba disfrutando de las vacaciones.
Desde la noche de mi último concierto, no me había separado de Blanca. Si antes ya la acompañaba a todos lados, ahora podía sentir mi aliento en su nuca cada vez que daba un paso. Pero a ella no parecía molestarla, yo lo hacía de forma casi inconsciente y me gustaba pasar tiempo con ella. Sentía como si tuviera que protegerla, aunque nada fuera de lo normal hubiera sucedido en los últimos días.
Ahora ella se encontraba en su habitación haciendo no sé qué, y yo en la mía, dispuesto a tocar la guitarra durante un rato y olvidarme del mundo.
Cuando mis dedos engarrotados por los días sin practicar tocaron las cuerdas, sentí como si solo hiciera unos pocos minutos desde la última vez que tuve la guitarra entre mis manos. Empezó a sonar una melodía que me conocía de memoria y mi voz no tardó en acompañarla. Mis sentidos se perdieron entre las notas musicales junto con mi percepción de la realidad y el resto del mundo. Cerré los ojos y me perdí en la letra de Out Loud, de Ed Sheeran, sin ser consciente en aquel momento ni de mi propia existencia.
Unos pocos minutos después, cuando la canción se acabó, respiré profundamente y sonreí para mí mismo. Las vacaciones estaban muy bien, pero por nada del mundo iba a dejar de cantar. Me mantenía ocupado con Blanca y no había tenido tiempo de hacer esto, pero lo había echado mucho de menos.
Cuando me disponía a empezar otra canción, alguien se limpió la garganta a mis espaldas. Me giré y encontré a Blanca, apoyada en el marco de la puerta, con los brazos cruzados y sonriente.
Dejé la guitarra en la cama y me moví para dejarle sitio.
—Me acaba de venir un dejà vú —dije mientras le hacía señas para que se sentara a mi lado. Ella me hizo caso.
—Ya, excepto que yo estaba haciendo el ridículo y tú no.
—Tú lo has dicho.
Levanté las manos en gesto de inocencia.
—¿Era Out Loud?
—¿Cómo es posible que sepas una canción que no es de One Direction? —pregunté en tono irónico—. Me has dejado boquiabierto.
—Muy gracioso. —Y puso los ojos en blanco.
—Lo pregunto enserio.
Como respuesta recibí una palmada en el hombro.
—¿Puedes volver a tocarla? Me gusta mucho.
—No.
Sus labios se abrieron un instante, pero se cerraron enseguida. Después, dijo:
—¿Por qué no?
—Porque no.
—¿Y por qué no?
—Porque no.
En ese momento mi gesto serio desapareció y fui incapaz de contener una carcajada al ver su expresión. Ella me miró confusa y sonrió.
—Áxel, pareces un niño pequeño.
—¿Quién te ha dicho que no lo soy?
—Ya, bien visto. —Agitó ligeramente la cabeza y siguió insistiendo—. Pero, de verdad, ¿por qué no quieres?
—Porque no.
—¡Áxel!
Decidí ceder porque no quería ganarme una bofetada.
ESTÁS LEYENDO
Bajo las Luces de París
Romance¿Aceptarías la invitación a tu ciudad de ensueño del desconocido al que acabas de intoxicar, aún sabiendo que puede haber segundas intenciones? El camino de Blanca, una camarera de Barcelona, y Áxel, un cantante famoso y arrogante, se cruzan debido...
