Malía
La llegada de Amura y Ulem fue inesperada, aunque era probable que en cuanto supiesen de mi destino enviarían seguridad.
Ulem tuvo una larga charla privada con Blaze, pero cuando salieron del salón que les prestó Coral parecieron más tranquilos, supongo que limaron asperezas.
Pensé que Amura me regañaría, por el contrario se veía muy contenta de estar con nosotros. Comprobé que tiene una relacion bastante cordial con Coral y la chica que toma el puesto de Jared en la Tierra, desde el primer momento fue obvio que es la mano derecha de Voulgaris.
No se vio para nada complacida con mi presencia, apenas me saludó y para todo se dirige directamente con Blaze aunque yo esté a su lado. La verdad ya no puede importarme menos su actitud, no me duele que una desconocida me trate como un adefesio, lo cruel es cuando viene de personas que quieres.
—Liar no invadas lugares que no son tuyos—la regaño sacándola de un salón repleto de cuadros y decoraciones ostentosas que posiblemente son irremplazables.
Mi loba me mira como si la hubiese sentenciado a muerte, cabizbaja y con las orejas caídas camina por mi costado.
—¡Ay no la regañes!—la exclamación proveniente de la Diosa de la Tierra me deja sorprendida—¡Liar querida tienes mi permiso para hacer lo que quieras, aúlla cuando te plazca y rompe lo que desees!—comparto miradas con Blaze que esta conteniendo la risa.
Me pareció extraño desde un primer momento la aceptación hacia Liar de parte de los guardias y las sirvientas, al ingresar a la Pirámide no hubo nadie que no se detuviera ha acariciarla o expresar su admiración por ella.
Fue imposible que me negara a que una sirvienta se encargara exclusivamente de Liar mientras estuviésemos aquí, al principio si no me gustó la idea, sin embargo, la chica se veía tan triste que cambié de opinión.
Esta inusual reacción también fue compartida por Liar, la pobre no entendía cómo pasó de ser vista como una bestia temible a un osito de pelpa.
—Está muy feliz aquí—comento sonriéndole a Coral por el buen gesto que tuvo.
—Es que en el Agua son unos mariquitas—se burla con ese humor negro que la caracteriza—No acostumbran a tener animales salvajes, no creo que pasen de gatos y perros—le doy un sorbo a mi copa para disimular las ganas que tengo de darle la razón.
—¡Hey, no todos somos así!—alega Blaze, lo veo de reojo cuestionándole que defienda lo indefendible—Está bien, tal vez yo sea la excepción—termina por ceder.
Volteo a ver a las puertas para saber si Amura y Ulem escucharon, están dándonos la espalda así que no creo que estén interesados en nuestra conversación sino mas bien en lo que ocurre afuera.
Al igual que en el Reino del Agua se separan las comidas de los miembros de la Realeza a la de los sirvientes incluyendo a los más cercanos. Nunca me ha gustado eso, pero Amura e Inna no aceptan comer conmigo a menos que me vean inestable emocionalmente y siento que lo hacen más que nada por evitar el cargo de conciencia.
—¿Tú tienes un león cierto?—le pregunto intentado sacar esos temas para no entrar en ambiente tenso.
—Si, Samir es un revoltoso, mañoso y celoso—vislumbro el brillo en sus ojos cuando habla de él, es difícil presenciar humanidad en ella, por lo que no me atrevo a interrumpir su relato—No hay un súbdito en mi Reino que no lo conozca, en las Pirámides es el amo y señor, no tienes idea de las reliquias que hemos perdido en medio de uno de sus berrinches—al guardia que custodia el portón que nos conecta al exterior se le escapa la risa.
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ZONA DE FALLAS: DIOSES
Science Fiction*Tercera parte de ZONA DE FALLAS: Engendros* Ya no hay secretos, todo el mundo sabe quién es la Falla del Agua y cuál es su verdadera naturaleza. Se ha ganado el perdón del Reino del Agua al salvar a su Dios, pero los demás Reinos no están convenci...
