Adrián
—Como sugerencia deberíamos preparar las zonas de resguardo—Jared señala el mapa con cada una de las regiones de mi Reino.
Dieciséis regiones, de las cuales siete son fronteras con el Fuego, Tierra y Aire.
—La quinta región no me preocupa tanto como Nero, Akvo, Wara y en especial Mizu—sudor frío pasa por mi espalda.
La fiebre sigue haciendo de las suyas, junto al dolor de cabeza han sido mis grandes fieles esta última semana.
—Mizu que es la dieciseisava región, es la más afectada y la sigue la treceava Akvo con la cuarta Nero porque es dónde se concentran los rebeldes para atacar—señala Mirt escribiendo sobre el mapa virtual—La cortina de humo que tenemos con las tormentas de arena de la Tierra nos servirá para seguir ocultando a la cuarta y quinta región como dijo Ulem hace un tiempo—pinta café claro las zonas indicadas.
—Debemos estar tranquilos, los ataques han cesado desde la última vez que viajamos al sur—Ulem se balancea sobre la silla que dejó media coja cuando se cayó al entrar a la oficina.
La tenía para asegurar la puerta, porque aún no han puesto chapas nuevas donde Malía rompió las anteriores.
Por un momento sopesé instalar los sensores modernos que están en los salones ocultos del Palacio, pero me decidí por mantener la decoración con toques del barroco que tanto le gustaban a mis ancestros, además mi oficina no es una habitación secreta que no esté al alcance de la vista de sirvientes o guardias, es imposible considerarla dentro de los espacios secretos de mi castillo a los que solo Dioses acceden.
—Por esa misma razón no podemos estar tranquilos—respondo a la intervención ingenua del rubio.
—¿Por qué no?—interroga desconcertado—Después de que esas cabezas rodaron los intimidamos—refuta refieriéndose a las ejecuciones que ordene sobre los capturados.
—Intimidarlos o provocarlos—interrumpe Jared.
—Los del Fuego son muy vengativos, sino pregúntaselo a Voulgaris—el sarcasmo de Mirt me sorprende.
Él no es el tipo de persona que hable con ironía o sarcasmo, más bien mantiene una seriedad muy cercana a la de Jared, aunque lo extrovertido de su hermano le permite salir del semblante duro.
—Exacto, es más probable que estén planeando algo grande—busco en mi brazalete la línea privada que tengo con Apolo—Y se quién puede saber al respecto—traslado el holograma hacia el panel de al lado del mapa en el que hemos trabajado.
Fotsis contesta casi al instante, alcanzo a ver la copa con líquido morado antes de que la deje en la mesa y salga del plano.
—¡¿Recaíste?!—exclamo a modo de saludo.
—¡¿Qué?!—coge la copa y la muestra—Es juguito de uva, me recuerda al color del vino, en mi cabeza imagino que lo es—explica tomando un sorbo.
—Deberías ponerte cremas en las heridas—interviene Mirt y sigo su mirada para saber a que se refiere.
Tanto el cuello, torso y brazos del Dios del Fuego están repletos de yagas rojas y otras casi moradas. No me había puesto a pensar en los estragos que le significaría la abstinencia, sabía que su humor empeoraría, pero no lo suficiente para preocuparse, o sea, estamos hablando de Apolo, sin embargo, olvidé que también tendría consecuencias físicas.
—Fueron gracias a las primeras noventa y seis horas que pasé en abstinencia—vierte más jugo del jarrón, pareciera que está iniciando un trance de recuerdos con los pequeños sorbos que da—Tuve alucinaciones, en específico con esas mierdas de arañas repugnantes que hay en el Reino. Creía que me picaban, me infectaba el veneno hasta caer al suelo, ellas estaban sobre mi, en cada rincón de mi cuerpo y no podía hacer nada, solo temblaba y musitaba—su voz se apaga a medida que cierra los ojos, sus manos aprietan el pantalón blanco de tela fina.
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ZONA DE FALLAS: DIOSES
Bilim Kurgu*Tercera parte de ZONA DE FALLAS: Engendros* Ya no hay secretos, todo el mundo sabe quién es la Falla del Agua y cuál es su verdadera naturaleza. Se ha ganado el perdón del Reino del Agua al salvar a su Dios, pero los demás Reinos no están convenci...
